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05/03/2020 11:01 CET | Actualizado 05/03/2020 11:01 CET

Los tres Gobiernos de Pedro Sánchez

Carmen Calvo, cuestionada por los de Pablo Iglesias e Iván Redondo, se mantiene como baluarte de los socialistas... ¿hasta cuándo?

EFE
Imagen de archivo de Sánchez y Calvo

La crisis en torno al proyecto de Ley de Libertades Sexuales —el proyecto de ley integral por la protección de la libertad sexual y contra las violencias sexuales— ha puesto en evidencia lo que saben los 23 ministros de Pedro Sánchez, que forman un Gobierno con dos Gabinetes dentro, el de Sánchez y el de Pablo Iglesias e Irene Montero, pero qué además, tienen otro dentro. Está más en la sombra, pero les pisa los talones. Este otro núcleo de poder está configurado en La Moncloa y dirigido por el jefe de Gabinete, ahora con categoría de secretario de Estado, Iván Redondo. Este tercer poder, alargado y ambiguo como presunto apagafuegos en momentos como el actual, comparte un objetivo en común con el de Podemos, el desgaste de Carmen Calvo.

La vicepresidenta primera, junto con José Luis Ábalos, representante de las esencias del PSOE y por ahora mano derecha de Pedro Sánchez, reúne los requisitos necesarios para aunar antipatías de Iván Redondo e Irene Montero, la ministra de Igualdad. Con el primero, se disputa la influencia e interlocución más directa con Sánchez; con la segunda e Iglesias, pelea las políticas sociales de las que quiere hacer bandera Unidas Podemos. La cuestión es: ¿sería capaz el presidente Sánchez, pragmático y famoso por su sangre de pez, de entregar a Carmen Calvo si se planteara una primera crisis de Gobierno?.

“No puede entregarla, ni aunque quisiera. Sería dejar a Pablo Iglesias de vicepresidente primero. E incluso aunque la entregara y nombrara a otro vicepresidente en su lugar, el problema estaría ahí. De nuevo los de Iglesias y los de Redondo se pelearían con el nuevo vicepresidente por la influencia sobre el presidente y el reparto de poder. Aparte, con esta nueva configuración ha ganado poder moral tanto en el partido como entre los ministros socialistas”, argumenta un ex ministro socialista, que tiene tiempo sobrado para estudiar la estrategia a medio y largo plazo. Ese tiempo es “lo que no tiene Iván Redondo, pendiente de las redes sociales y los tuits, al estilo del trumpismo. Aunque son muy importantes y es lo que venden, él no deja de ser un hombre del corto plazo, que ahora pasa por mediar en conflictos como el de la ley de Montero y Juan Carlos Campo y liderar la crisis del coronavirus”.

Campo es el ministro de Justicia a quien las mujeres del Ministerio de Igualdad han reprochado retrasar la ley para que incumplieran el compromiso de presentarla antes del de 8 de marzo, el día de la mujer. Cuando el conflicto empezaba ya a enconarse entre Igualdad y Justicia —y esta vez no iba a amainar como sucedió con la cuestión migratoria y las devoluciones en caliente— y tras una reunión entre ambos ministros, desde la secretaria de Estado de Comunicación, los de Redondo lanzaron una comunicación que debía zanjar el conflicto: La ley de Libertad Sexual tiene un consenso total en el Gobierno de coalición, es un proyecto legislativo ilusionante, que estará listo en los plazos previstos y enviará un mensaje claro de compromiso del Gobierno con la igualdad de cara al 8 de marzo’. “Se dieron prisa en difundir un comunicado el día 20 de febrero dando por válida la ley redactada por Igualdad cuando aún se estaba tratando de corregir”, advierte un asesor ministerial.

Se dieron prisa en difundir un comunicado el día 20 de febrero dando por válida la ley redactada por Igualdad cuando aún se estaba tratando de corregir

“Sí, pero lo que nadie se esperaba es que ese proyecto de ley estuviera redactado en las condiciones que estaba. Uno puede ser catedrático, juez o sabio, pero para desarrollar un proyecto de ley hay que saber hacerlo. Tomarlo muy en serio, ser consciente de que no se puede confundir una exposición de motivos con un lugar para desarrollar ideología y a la disposición final dedicarle medio folio. No entienden aún que es lo que debe de ir al BOE ni cómo. Y el problema es que no está claro que algunos de ellos quieran aprender. Siguen enganchados al populismo” aseguran fuentes próximas al Gobierno, que a su vez reconocen que Carmen Calvo tiene “unan posición endiablada entre Iglesias, Redondo, el PSOE y el mismo Sánchez. Quizá por eso ahora suscita tanto apoyo entre sus propios compañeros. Resulta peligroso estar en su piel”.

Carmen es mucha Carmen, y si Montero y Redondo creen que van a poder con ella, lo tienen complicado

“Es prácticamente imposible que el presidente llegara a entregar a Carmen en una crisis. Ella tiene detrás a las mujeres del PSOE, el feminismo, al partido, junto con Ábalos y lo que representa el socialismo en estos momentos. Y su papel en políticas sociales y como coordinadora, se ha reforzado en este nueva etapa, entre otras cosas porque la han quitado de encima la losa de Cataluña, que antes llevaba ella sobre sus espaldas. Carmen es mucha Carmen, y si Montero y Redondo creen que van a poder con ella, lo tienen complicado. Esa podría ser la primera derrota de Iván”, asevera una ex ministra, amiga de Carmen Calvo e influyente en el Partido y en el Gobierno. 

Y, sin embargo, no todo el mundo comparte esa rotundidad. A más de un ministro no se le olvida que el poderoso primer secretario de Estado, entre otros otros larguísimos cargos —nunca antes un jefe de gabinete tuvo tantos apellidos institucionales—, presuntamente culpable de empujar a Sánchez a las segundas elecciones de noviembre, donde bajaron votos al igual que Podemos, salió reforzado de esa situación contra todo pronóstico. “La verdad, ninguno sabemos aún, a fondo, porqué Pedro Sánchez le ha reforzado. Iván también intenta coordinarnos, al menos en nuestras políticas de comunicación, lo que es lógico y para eso ha montado ese enorme gabinete. Pero también quiere saber todo lo que hacemos. Es inevitable que choque con la vicepresidenta. Y sí, todos hemos tomado nota de que, por ahora, se lleva bien con Irene y Pablo. Pero eso es solo una cuestión de intereses momentáneos”, mantiene una de las ministras que ha tenido que seguir de cerca en los últimos diez días las tensiones alrededor de la ley libertades sexuales. 

Los sorprendente es lo meridianamente claro que el grueso de los ministros del Gobierno Sánchez tienen asumida la convivencia de estos tres poderes en el núcleo central del Ejecutivo. Y con la misma calma —al menos de puertas afuera— asumen también las diferentes guerras —“batallitas” en palabras de un ministro— mediáticas entre esos tres poderes, y que se reflejan en los medios de comunicación, afines a cada uno de ellos. La filtración del texto de la ley donde se ponen en evidencia las carencias del proyecto elaborado por el equipo de Irente Montero ha dado pie a otra serie de reproches entre los gabinetes implicados en el lío, sin apearse desde el Ministerio de Igualdad de las acusaciones de machismo a cada crítica a sus textos.

“Ese recurrir constantemente a las acusaciones de machismo cada vez que les decimos algos es infantil y no hace más que dañar al movimiento feminista”, responden desde Ferraz, conscientes “de que está en juego la bandera del feminismo y de la igualdad. Y no vamos permitir que nos la arrebaten y menos con ataques bajos a Carmen Calvo y a otros miembros del partido”, lanzan desde el núcleo socialista, donde aún están muy vivos los rescoldos del lío en el que —por atender a la peticiones de La Moncloa— se metió a José Luis Ábalos, el número tres del partido y ministro de Transportes, con el caso “DelcyGate”.

Y mientras los medios y los ciudadanos siguen con el coronavirus y la crisis que ha abierto la primera brecha por la ley de delitos sexuales “el golpe de mano de Pablo e Irene de cara a su congreso, con la idea de que pueda quedarse otro mandato más, hasta doce años, se va a los titulares de segunda línea, mientras nosotros siempre aireamos nuestros males”, se queja una de las socialistas que, pese a todo, apuesta a que se va a salvar este envite.