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30/11/2021 07:11 CET | Actualizado 30/11/2021 07:11 CET

Los virus no temen a las togas

España, con Portugal, va a la cabeza en porcentaje de vacunaciones. El sistema en este aspecto ha funcionado, a pesar del tremendismo de opereta de algunos partidos.

EFE
Antivacunas.

Toda Europa alaba ahora, cuando se ven los resultados de dos maneras distintas de proceder, la dura y la blandengue, aquél confinamiento inicial decidido por el presidente Sánchez y el ‘consejo’ de epidemiólogos. Ejecutado bajo el paraguas legal de un ‘estado de alarma’ aprobado por las Cortes, y previsto precisamente para epidemias, catástrofes y otros supuestos, hoy los virólogos más importantes de la UE consideran que fue una decisión muy acertada que explica que España esté en mejor situación pandémica que otros países. 

Las lágrimas de cocodrilo de la derecha, la radical y la ultra, fueron como un decorado de cartón piedra que destiñe con la lluvia y se decolora con el sol. 

El problema es que sigue el ‘oleaje’. Una parte de Europa vive una dura sexta ola, mientras aparece otra cepa, la ‘ómicron’, que mete miedo antes de haber sido desentrañada. Las medidas de contención se han endurecido y algunos países, como Austria, van a cerrar prácticamente. Esto ha enfurecido a los antivacunas, y a la extrema derecha, inasequibles a la realidad y al desaliento, a pesar de las evidencias, y a las almas cándidas que creen que el mal se cura con agua bendita, sahumerios o alguna ocurrencia homeopática. 

El ministro de Sanidad en funciones del gobierno alemán, Jens Spahn,  se ha referido a la ‘regla 3G’ este invierno: en alemán “geimpft, genesen o gestorben” (vacunado, curado o muerto). 

España, con Portugal, va a la cabeza en porcentaje de vacunaciones. El sistema en este aspecto ha funcionado, a pesar del tremendismo de opereta de algunos partidos. Hubo líderes que, aguantando la carcajada, pronosticaron que no se iban a cumplir ninguna de las previsiones de Sánchez. Sobre esta presunción Casado construyó el argumento para rellamar ‘mentiroso’ al presidente; a la vez que las redes sociales se pandemizaban con el habitual bucle ‘fake’. 

A falta de remedios farmacológicos, solo quedan las vacunas y medidas como el confinamiento o el aislamiento, que pueden ser de geometría variable: local, provincial, regional, nacional… y de distintos grados: parciales, totales, leves, moderados, duros… según el criterio de los técnicos. Pero asombrosamente los técnicos han ido pasando a un segundo lugar probablemente por la presión de la oposición. 

Ahora mismo todos son epidemiólogos: los borrachos sin mascarillas que pontifican en la barra de los bares; cobardes e intoxicadores que buscan el cuanto peor mejor embozados en las redes sociales; los tertulianos que dan clases de virología; políticos en busca de unos minutitos de gloria aunque luego sean años de ridículo… y no nos olvidemos de esos jueces y magistrados que hacen caso omiso a la ciencia y al método científico, y en ocasiones al sentido común.

Un juez acepta la reducción de aforo en un bar o discoteca; y otro la rechaza porque supuestamente coarta la libertad individual; un tribunal acepta obligar a llevar mascarilla en un local cerrado, y otro se opone. Y la gente normal entra en modo estupefacción: ¿pero no es de toda la vida la ’reserva del derecho de admisión?. Si una sociedad de recreo impide la entrada, en fin, de alguien que no lleve smoking o traje de fiesta, si una discoteca prohíbe entrar con alpargatas o a quien está visiblemente borracho y dicharachero, si la guardia civil detiene y multa al conductor  que sobrepasa la tasa de alcoholemia o va bajo los efectos de la droga, si un ayuntamiento sea en carnavales, en semana santa, en navidad o en fin de año cierra calles y hasta barios enteros…¿porqué las comunidades autónomas no pueden emplear las mismas armas  contra un peligro mucho mayor que es este virus aún misterioso y traicionero porque es capaz de mutar continuamente?

Una mala decisión ocasiona contagios, y el número de contagios provoca enfermos. Unos pasan la covid sin apenas síntomas, otros con las defensas más bajas, necesitan hospitalización en planta, otros acaban en las UCI…y otros mueren. 

Me dice con contundencia y mucha claridad una reputada técnica: “No puede ser que un juez diga, como han dicho en el País Vasco, que no hay muertos suficientes para imponer tal o cual medida o que las camas ocupadas son pocas. ¡Qué sabrá este señor o señora! Una equivocación epidemiológica causa muertos. El confinamiento, las restricciones protegen vidas. El relajo mata. ¿Qué es eso de aquí  sí, aquí no como una tómbola? Como sigue sin haber soluciones farmacológicas, para hacer frente a las nuevas olas de la pandemia hay que implantar el ‘pasaporte covid’, las limitaciones a los no vacunados… porque son como bombas con patas. ¡Pero lo tumban los jueces! Gracias a los jueces los epidemiólogos y los técnicos de Salud Pública de todo el Estado pueden irse de vacaciones después de dos años… Ellos por lo visto lo saben todo”.

Otro comentario similar: “La judicatura tiene que aceptar el método científico. Tienen que hacer un esfuerzo y aceptar las evidencias que la ciencia va constatando. No estamos ante una tuberculosis. Es una enfermedad nueva que requiere de medidas especiales. Es como una guerra: en vez de caer bombas caen virus”.

Esto es fácil averiguarlo: con la experiencia acumulada los epidemiólogos pueden predecir con bastante aproximación cuántos fallecimientos habrá según sea la cantidad de infecciones y de hospitalizaciones, combinado con el porcentaje de vacunación. 

Quienes empezaron a mover la rueda de la desconfianza y a sembrar dudas sanitarias y jurídicas fueron sobre todo VOX y el PP, aunque hay que separar la paja del trigo: no todos los conservadores pensaban lo mismo. Muchos ‘barones’ populares se distanciaron claramente de una estrategia insensata, con demasiadas incógnitas y efectos secundarios porque afectaba directamente a la salud en sus comunidades. A su vez se dio aire a los abascalianos que rápidamente organizaron manifestaciones callejeras y caceroladas envueltas en la bandera nacional, sin embargo con muchas águilas buscando nido. Ese fue un hito en la escalada ultra, que ya le disputa un espacio vital a los populares: ahí Casado y Egea empezaron a sacar al genio de su encierro. Un genio maléfico que después empezó a acorralarlos y a marcarles el paso. 

No. La pandemia no ha acabado, si bien algunos países resistirán estos o los próximos embates mejor que otros según sean los métodos de lucha que hayan empleado. Pero siguen apareciendo variantes que complican las predicciones y que cambian las circunstancias: una combinación perfecta para la ‘teoría del caos’. Hasta que aparezca un medicamento eficaz las únicas medidas posibles, a mano,  son las no farmacológicas que se han demostrado efectivas, canten misa gregoriana arzobispos, diáconos o togados: la mascarilla, excepto cuando se esté comiendo, bebiendo o cepillándose los dientes; el aire libre, la terraza antes que los salones; la distancia entre personas, si es de dos metros, bien, si es de más, mejor; huir de los lugares atestados, porque aumenta el riesgo; tener mucho cuidado en las cenas de navidad, o en las misas y cabalgatas o acontecimientos deportivos. No hay que esperar a que las autoridades obliguen: como en la megafonía de los aeropuertos cuando advierten a los pasajeros que vigilen su equipaje “por su propio interés”. 

Ah, y ni abran los videos que ‘rulan’ por internet en un bucle infinito con majaderías y desinformación, con supuestas exclusivas que no ha publicado ningún medio serio nacional o internacional de comunicación. ¿Quién se beneficia de que en Europa haya tanto antivacunas?, ¿A quién le interesa que la Unión Europea se debilite?, ¿Quiénes nacen y se reproducen inventando y aventando conspiraciones, además de la corte de memos y frustrados desilusionados de la vida, esos que son la mejor clientela de videntes (que nunca se han llevado el Euromillones), tarotistas, trileros y carteristas? 

Paz, amor y fantasía sí, porqué no, en primavera, con los campos llenos de margaritas y amapolas y con las vacas extasiadas mirando al infinito en los verdes prados del norte. Pero ahora mismo la prioridad, la misión, es vacunar, a todos los europeos, a todos los ciudadanos de países desarrollados, y a los del tercer mundo…Y que la derecha española entienda que no pude seguir frivolizando las cosas de vida muerte. Lo dice el Eclesiastés, y es una gran verdad: Quien tira una piedra a lo alto encima le cae. Todo por la patria, vale; pero ni la patria es el partido ni todo por la encuesta es una garantía. Hay momentos en que uno se convierte, sin apenas darse cuenta, en chiste de catetos. 

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