Lucía Mi pediatra: "Los padres pueden explicarte la fisiopatología de la célula y venirse abajo si su hijo tiene 37,5º"

La doctora Galán presenta nuevo libro, una guía médica completa para calmar el agobio de los padres, y revela cómo vivió y cómo le cambió la crisis del coronavirus.
Lucía Mi pediatra
Lucía Mi pediatra

“Es un libro que me debía a mí misma y a todos los lectores”, confiesa Lucía Galán, más conocida como Lucía Mi pediatra por sus más de 700.000 seguidores en redes sociales. El gran libro de Lucía, mi pediatra (Ed. Planeta) salió a la venta el 2 de junio —aunque su fecha de publicación estaba prevista para principios de abril— y a las pocas horas ya se había colocado entre los más vendidos en Amazon.

Este es el sexto libro de la doctora Galán y nada tiene que ver con los anteriores. “Después de publicar la trilogía (Lo mejor de nuestras vidas, Eres una madre maravillosa y El viaje de tu vida), donde escribí a corazón abierto de lo que nadie me enseñó sobre la maternidad y donde dejé lo más bonito de mi experiencia y las partes más oscuras, necesitaba hacer este libro, Este gran libro —con 688 páginas—en el que recopilar todo lo que los padres deben saber y conocer para no perder la tranquilidad”.

— ¿Es el más práctico que has escrito?

El motivo más frecuente de las visitas a urgencias de forma precipitada no es ni la fiebre, ni la tos, ni la diarrea, es el miedo a que a su hijo le pase algo grave. Por eso me planteé un libro de evidencias científicas, de lo que tenemos recogido a día de hoy, recopilarlo y ordenarlo desde la calma, la serenidad, la experiencia de mi profesión y de mi maternidad, y desde el sentido común. Se trata de decir a los padres: esto es lo que tienes que vigilar, estas son las cuatro cosas por las que debéis ir a urgencias, y por todas éstas, no. Darles herramientas y recursos para que no se vean desbordados cuando su hijo cae enfermo.

— Se subtitula La guía más completa y actualizada sobre la salud de tu hijo desde el nacimiento hasta la adolescencia. Si alguien no te conoce puede pensar que se trata de una guía médica más, pero quien te sigue sabe que todo va a estar lleno de reflexiones y sentimientos.

Es un poco el sello de Lucía. Hablo con la voz de la experiencia como pediatra, que de por sí ya tiene peso, pero también como madre que ha sentido miedo, que se ha equivocado, que ojalá pudiese echar el tiempo atrás y hubiese tomado otras decisiones... Está escrito desde el aprendizaje y la humildad y eso es lo que lo acerca al lector. Dar lecciones magistrales de cómo se tienen que hacer las cosas es muy fácil, lo difícil es saber discernir cuándo hacer una u otra cosa, reconocer que lo hemos hecho mal y aprender de nuestros errores.

“Sin haber estado en una UCI, sin haberme puesto los EPI, he vivido la tristeza de asistir a nuestro colapso sanitario, algo que nunca hubiese imaginado”

— Este libro se hizo antes de que estallara la crisis por la pandemia de coronavirus. Desde el punto de vista profesional, ¿es Lucía Galán otra médico diferente ahora?

Sí, claro. Empecé con energía, optimismo y fuerza, pero a medida que han ido pasando las semanas he perdido un poco la inocencia. Sin haber estado en una UCI, sin haberme puesto esos EPI que llevaban mis compañeros, he vivido la tristeza o el golpe de asistir a nuestro colapso sanitario, algo que yo nunca hubiese imaginado que iba a suceder. He estado en África, en Níger y Senegal, he visto cosas terribles desde el punto de vista sanitario y nunca imaginé que pasaría algo que nos dejaría sin recursos sanitarios ni humanos para salvar a la gente. Me aterrorizó verlo. Es el vértigo de decir ¡madre mía hay que seleccionar!, hay gente que se va a quedar en el camino porque ha enfermado el 21 de marzo y no el 2 de julio, no tenemos recursos para curar a tantas personas a la vez. A eso le sumas la complejidad de estar ante una enfermedad nueva... Mi pérdida de inocencia fue descubrir que nuestro sistema quebró, que no pudo con la avalancha de enfermos.

— ¿Has tratado algún caso de COVID-19?

He tenido casos en el centro pero como eran niños han ido todos muy bien y ninguno tuvo que ingresar.

— ¿Harías algún cambio en el libro si lo escribieses ahora?

Coronavirus. Metería lo que sabemos hasta ahora, recogería las ideas más claras, más tranquilizadoras. Y dejaría una reflexión como sanitaria. Será un capítulo obligado en un próximo libro.

“Para los niños más vulnerables, en un entorno familiar más complejo, esta crisis sanitaria les ha supuesto un antes y un después”

— ¿Estás viendo en consulta a pacientes con patologías derivadas de lo que hemos vivido?

Sí, más de los que pensaba. Era optimista y no creí que fuese a durar tanto tiempo. A medida que pasaban las semanas, cambié el discurso. En nuestro centro médico (Centro Creciendo, Alicante) somos diez pediatras y diez psicólogos. En dos semanas, las agendas de psicólogos se han visto desbordadas. Tenemos niños con todo tipo de miedos, miedos traspasados de sus padres o generados por ellos mismos, con trastornos del sueño, con obsesiones a la hora de la limpieza, niños que no quieren salir de casa, adolescentes que han empezado con crisis de ansiedad, madres que han debutado con crisis de pánico, padres a los que les ha venido el miedo durante la desescalada, un miedo desproporcionado por el que se niegan a salir con sus hijos. Y para los niños más vulnerables, en un entorno familiar más complejo, sin los recursos que tienen el resto, esto les ha supuesto un antes y un después. A esto hay que añadirle otro problema que hemos sufrido en el centro al tener que cerrar nuestro hospital de día donde reciben terapia jóvenes con distintos trastornos mentales. Con estos chavales encerrados en sus casas, los padres se han visto desesperados. Ha implicado mucho más de lo que pensaba al principio.

— ¿Por qué lo comienzas el libro con una carta a una madre embarazada? Tú eres pediatra y tratas a niños ya nacidos...

Siempre digo que una mamá es mamá desde que ve las dos rayitas en el predictor, por eso les hablo desde ese momento. Es muy importante cuidar de esas mamás a las que solo les han contado lo bonito de la maternidad. Los inicios son duros y te sientes muy sola. Me pasó a mí que soy pediatra… Me da coraje la inocencia con la que se trata a las embarazadas sin hablarles de la otra cara no tan bonita. Siempre suelo empezar mis charlas, libros o talleres con ese baño de realidad: tendrás momentos horribles y habrá situaciones de auténtica oscuridad pero esto valdrá la pena y te sentirás orgullosa cuando eches la vista atrás. Además, hay que hacerlas sentir que no son culpables por no llegar a todo, por no ser perfectas o por no hacer bizcochos todos los domingos. Las madres perfectas no existen y los hijos necesitan madres reales, tranquilas, honestas y luchadoras.

— Desde que nacen hasta que cumplen 14 años. ¿Son los adolescentes los olvidados en temas de salud y educación? Como es la edad más difícil parece que no hay mucho que hacer…

Se juntan dos cosas. Primero, que los chavales son menos comunicativos. Ya no tienen la necesidad de comunicarse con los padres pero sí de sentirse reconocidos en su grupo, con sus amigos. Necesitan separarse de sus padres y eso algunos no lo entienden. Ellos quieren saber que estamos ahí pero no de la misma manera que durante su infancia. Yo sigo siendo un pilar fundamental para mi hijo Carlos que tiene 13 años pero, por ejemplo, ya hay cosas que no comparte conmigo y tengo que respetarlo porque yo también pasé por ello. Intento conectar con mi adolescencia. Antes de abrir la boca hay que pensar: ¿qué hacías tú hace 30 años? Eras igual.

El otro factor es que los padres de adolescentes están cansados. El padre ya no quiere hablar de adolescencia ni apuntarse a un taller. Lleva 13 años peleando y tiene la sensación de que ya está todo el pescado vendido. Pero la adolescencia es la traca final. Es la pista de despegue y la edad adulta depende de cómo se encuentre el adolescente esa pista. Los padres deben estar en la torre de control pero tenemos que tener la generosidad de dejarlos volar solos. Nos necesitan más que nunca en la retaguardia. Pero la adolescencia es una etapa maravillosa: yo hablo mucho y bien de ella. Es una explosión de vida, es recoger lo sembrado. Creo que son mucho más difíciles los primeros años.

“Los padres hoy están mucho más informados y son más conscientes de la etapa que están viviendo. Pero ese exceso de información los tiene desbordados, los satura y los intoxica”

— En estos años que llevas tratando de educar a padres y niños en la salud, ¿crees que los padres han aprendido mucho? ¿Qué es lo que mejor hacen ahora?

Sí, yo creo que sí. Si comparo a los padres que recibía hace 13 años en la consulta, cuando empezaba internet y no había información tan a mano, con los que tengo ahora, realmente los padres de hoy están mucho más informados y son más conscientes de la etapa que están viviendo. Pero también es verdad que ese exceso de información los tiene desbordados, los satura y los intoxica. En internet no hay filtro y siempre vamos a encontrar dos posturas opuestas. Discernir la correcta, lo importante de la paja, la evidencia científica frente al bulo… eso genera más ansiedad. Vienen sabiendo mucho, pero en la práctica sigues encontrándotelos en la sala de espera porque su hijo tiene 37,5 y están agobiados. Son capaces de explicarte la fisiopatología de la célula y la respiración viral y luego su hijo tiene 37,5 y se vienen abajo. Ahí es cuando te das cuenta de que algo está fallando. Y esa es la razón de este libro.

“Para mí es tan importante diagnosticar una meningitis o una apendicitis a tiempo como una depresión en un adolescente o una situación de violencia familiar a tiempo”

— Concibes la salud de los niños como un todo y no descuidas ni por un momento el aspecto psicológico. ¿Cómo de importante es la salud emocional de los niños?

No concibo separar el bienestar físico del bienestar emocional. Para mí es tan importante diagnosticar una meningitis o una apendicitis a tiempo como una depresión en un adolescente o una situación de violencia familiar. Para eso tienes que tener encendidas todas las alertas y no mirar solo al niño, sino todo lo que lo rodea: cómo están su mamá y su papá, cómo se relacionan los padres con él, atender al lenguaje no verbal del niño, analizar las cosas que te cuenta y las que te dibuja… Tú puedes tener a un niño en perfecto estado de salud física y que por dentro esté devastado. Eso no puede ser.

En el centro tenemos un área de salud mental muy potente y te das cuenta de lo importante que es que el niño crezca en un entorno emocionalmente estable y saludable. Eso va a determinar su salud emocional en el futuro. No depende de que lleve la triple vírica a los tres años o a los tres años y medio, depende de cómo ha sido su infancia, de lo feliz que ha sido, de cómo sus padres se han relacionado con él… Me parece un fracaso médico haber visto a una madre seis o siete veces y no darse cuenta de que tenía una depresión postparto que debía ser tratada. Yo me considero la pediatra de la familia porque si la mamá o el papá no están bien, el niño no está bien. Los niños necesitan vernos bien para estar ellos bien y me siento un poco responsable de los padres.

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