INTERNACIONAL
10/11/2019 08:33 CET | Actualizado 10/11/2019 08:38 CET

Lula vuelve a su trinchera

Después de 580 días en prisión, el expresidente de Brasil se da un baño de multitudes en su punto de origen, los mineros de Sao Bernardo

En los alrededores del sindicato de los metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, una pancarta teñida de rojo celebra el regreso del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva después de 580 días en prisión: “Bienvenido a la libertad, compañero”.

Era poco más del mediodía cuando los petardos anunciaban la llegada de Lula a la sede del sindicato, su cuartel político, el refugio donde pasó sus últimas 48 horas atrincherado antes de ser arrestado para cumplir una pena de 8 años y 10 meses de prisión tras ser hallado culpable de corrupción y blanqueo de capitales.

“Hija, Lula va a volver a los brazos del pueblo”, susurraba una madre a su niña de 7 años, mientras de fondo, una canción de Alceu Valença (“Va a llover”) pronosticaba el tiempo tras un sábado soleado.

La escena remitía a la de aquel 7 de abril de 2018: cientos de simpatizantes vestían camisetas rojas, levantaban el puño y entonaban los cánticos de siempre (“Lula, guerrero, del pueblo brasileño”). Pero hoy, a diferencia de aquel sábado otoñal, el clima era de fiesta y las lágrimas de alegría.

“Lula es emoción. Es lucha, amor, justicia, igualdad”, dijo a Efe Tania Nascimento, de 68 años, quien viajó en autobús desde Río de Janeiro junto a su hija y su nieta para ser testigo de la libertad del expresidente brasileño.

El conductor Heleno Matos estuvo en Sao Bernardo do Campo hace 1 año y 7 meses, cuando Lula fue arrestado, y hoy regresó al sindicato para mostrarle a su hijo de 8 años la historia que “los medios no cuentan” sobre el “mejor presidente de la historia de Brasil”.

“Lula es la esperanza del futuro y eso es lo que le enseño a mis hijos”, aseguró este hombre de 48 años.

Y con ese mensaje de esperanza Lula se dirigió a sus seguidores, los mismos que entonces intentaron impedir que el exjefe de Estado se entregara a las autoridades para comenzar a cumplir su condena en la sede de la Policía Federal de Curitiba.

“Este joven tiene la excitación de los 20 años, la energía de los 30 y la experiencia de los 70 y estará en la calle con todos ustedes, para no dejar que destruyan nuestro país”, sostuvo Lula, vestido con un traje negro y acompañado por su novia y prometida, la socióloga Rosangela da Silva.

Firme

El expresidente intentó mostrar su versión más conciliadora (“Durante 580 días me preparé espiritualmente para no odiar, no tener sed de venganza, no odiar a mis torturadores”), pero las duras críticas vertidas hacia sus principales detractores revelaron su intención de seguir firme en la batalla política.

Sobre el ultraderechista Jair Bolsonaro, dijo que “fue elegido para gobernar al pueblo y no los milicianos”, frente a lo que fue aclamado por cientos de personas que escuchaban con atención las palabras de su líder.

El extornero mecánico también levantó su ronca voz para denunciar la creciente desigualdad social en Brasil, donde, recordó, “200 personas tienen más dinero que otras 200 millones”.

Por eso, el jubilado y exmetalúrgico Aparecido Nascimento, de 73 años, cree que, con Lula en libertad, será posible reagrupar a la izquierda y “reconquistar” los derechos que se “han perdido” desde que el Partido de los Trabajadores (PT) dejó el poder, en 2016, tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

“Lula es el gran líder. Es el político que más beneficios otorgó a los trabajadores”, aseveró Nascimento.

Un día después de dejar la cárcel, la admiración de la izquierda por uno de los líderes más amados -y odiados- de Brasil volvió a sentirse en Sao Bernardo do Campo, donde el expresidente salió de la misma forma que lo hizo hace 1 año y 7 meses: cargado en hombros por una multitud y al grito de “Lula presidente”. 

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