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30/11/2018 07:23 CET | Actualizado 30/11/2018 07:23 CET

'M', premio a mejor dirección en el Festival de Cine de Sevilla

La directora y el protagonista de 'M'.

M, Menachem Lang es un actor que sufrió abusos durante su infancia. Lo cuenta ante la cámara, a veces con la mirada perdida, a veces riendo, a veces cantando, otras veces lo baila. Lo debate con otros que vivieron lo mismo, con los que cayeron en el círculo vicioso, los que lo padecieron por familiares o por figuras religiosas. Todos sujetos a juegos de poder, todos en combate, dispuestos a denunciar. Yolande Zauberman se acerca a él interrogante, captando imágenes borrosas, tomas oscuras.

El Festival de Cine de Sevilla en su decimoquinta edición ha premiado a la directora que defiende bajo una frase el motivo del documental: "Estoy entre mis semejantes con un cuchillo para agredirlos, estoy entre mis semejantes con un cuchillo para protegerlos (Kafka). Este es mi cuchillo". En el coloquio tras la proyección reitera en la necesidad de denuncia y afirma que la película viajará por festivales de Europa, pero no se estrenará en Israel –país donde se rodó-, hasta verano, pues espera consolidar previamente su prestigio.

Yolande Zauberman.

La ciudad donde se narran los testimonios es Bnei Brak. En esta localización se desarrolla una comunidad religiosa de judíos ultraortodoxos, los jaredíes. Yolande Zauberman se adentra en estos círculos herméticos permitiendo a los protagonistas hablar por sí mismos. La sinceridad de Menachem Lang funciona como hilo conductor. Va desgarrando la herida para hacer reflexionar acerca de lo impuro, de por qué lo llamaron así al ser violado. Recoge el sentimiento de culpa reconociendo que él era un niño hermoso, que sentía odio y cariño, asco y reconciliación.

M rompe con estereotipos: habla de la transexualidad, visibiliza la inmoralidad de poder, pregunta a los afectados que luego fueron culpables sin juzgar, acusa a los organismos por la impunidad...

Por otro lado, se adentra en cómo se viven en estos sectores radicales, cómo la masculinidad es imprescindible y el sexo es aún un tabú desconocido. Pese al ambiente de trágica tensión hay algunos momentos en el que el desconocimiento por falta de educación es tan grande que provoca carcajadas entre el público.

M rompe con estereotipos: habla de la transexualidad, visibiliza la inmoralidad de poder, pregunta a los afectados que luego fueron culpables sin juzgar, acusa a los organismos por la impunidad. Comprendido en 106 minutos, M es el documental de la rabia, del después. Es la imagen de los rostros adultos pero jóvenes, que parecen congelados en los primeros años, en los que más sufrieron, como Yolande Zauberman dicta. M es la realidad de los cuchillos.

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