Macron contra todos: las claves de las elecciones en Francia

Macron contra todos: las claves de las elecciones en Francia

El resultado de la cita con las urnas se antoja como una jornada clave para el país y para el futuro de la Unión Europea.

Imagen del presidente saliente de Francia, Emmanuel MacronSTEPHANE MAHE via REUTERS

Emmanuel Macron contra el resto. Tal aseveración es más que representativa de lo que ha sido la presidencia del candidato centrista proeuropeo: personalista y definiéndose a sí mismo como un líder capaz de combinar políticas de izquierda y derecha, base de su supervivencia los últimos cinco años. Y con una lucha constante con el resto de formaciones y sus líderes poniéndole contra las cuerdas, especialmente, de nuevo, Marine Le Pen.

La primera vuelta de estas elecciones es, de alguna manera, un deja vu respecto a 2017: la extrema derecha le pisa de nuevo los talones a Macron y la izquierda sigue tan fragmentada, que no cuenta con un líder con serias probabilidades de, al menos, superar la primera criba. Pero, evidentemente, tras la pandemia mundial y con la guerra en Ucrania aún vigente, ni Francia es la misma ni el mundo es el mismo ni los candidatos son los mismos que hace cinco años.

Hay, además, una diferencia clave: por primera vez la extrema derecha tiene serias probabilidades de hacerse con El Elíseo. “Es la primera vez que los sondeos dan en segunda vuelta una diferencia tan pequeña, que en algunos llegan a cinco puntos entre Macron y su rival Le Pen. Creo que hay una diferencia con las veces anteriores cuando se clasificó la extrema derecha para la segunda vuelta: no noto el miedo o preocupación que existía en un 70-80% de la gente. Había una preocupación seria entre la gente que no vota nunca a la extrema derecha que no vuelvo a ver en estas elecciones”, explica el corresponsal en España del diario francés Le Figaro, Mathieu de Taillac. 

Había una preocupación seria entre la gente que no vota nunca a la extrema derecha que no vuelvo a ver en estas elecciones

Con su victoria aquel 7 de mayo de 2017 Macron, con un programa proeuropeo y liberal que renegaba del bipartidismo tradicional, abrió una nueva era en la política francesa, convirtiéndose en el presidente más joven del país desde Napoleón. Todo en él estaba estudiado y pensado: celebró su victoria en la explanada del Louvre bajo la sintonía del Himno de la Alegría; una declaración de intenciones para una UE cuestionada de cabo a rabo ante el Brexit y el avance a pasos agigantados de la ultraderecha. 

“En cinco años se ha definido Macron: era un ovni cuando llegó al Elíseo y creo que se le puede definir bastante acertadamente con la palabra liberal”, sostiene Taillac. El actual presidente francés sigue defendiendo su discurso de 2017, resaltando que asumió el mando “con un proyecto de progreso” y dice no haber renunciado a ese objetivo para el que, como afirmaba entonces, elige, “como De Gaulle, lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”. Pero él bien sabe que a ojos de los franceses -y del mundo- ha asumido un discurso fluctuante y que le queda mucho por cumplir. Ahí están los datos: de las 400 promesas con las que se presentó hace cinco años ha cumplido 171 e incumplido 124, según la web luipresident, un proyecto de la Escuela Superior de Periodismo de Lille, que recoge la agencia Efe. El resto se han respetado sólo parcialmente o no han podido medirse.

Y luego está la cuestión de la imagen. Por mucho que Macron se defina de centro, con políticas “para todos”, no ha conseguido desligarse de la que es la gran crítica que recibe: que gobierna para los ricos. El nacimiento de los “chalecos amarillos” o el fracaso de la que pudo ser su medida económica estrella, la reforma de las pensiones, han ahondado esa distancia con el ciudadano de a pie. Sin embargo, la pandemia y su gestión de la guerra han hecho que se incline del otro lado la balanza. En opinión del corresponsal en España de Le Figaro, Macron “se ha beneficiado también de que el tema electoral sea la guerra porque él es el jefe del Estado, el jefe del Ejército y coincide con la presidencia rotatoria de la Unión Europea”. “Coge su teléfono y habla con Putin, Zelenski, realza la estatura de jefe de estado que ya tiene cualquier presidente saliente. Es lo que los politólogos llaman el efecto bandera: unirse debajo de la bandera cuando hay un conflicto o una crisis de importancia”.

Y, a tenor de las encuestas, el resultado es favorable para Macron: según un estudio de la fundación Fondapol, la proporción de electores satisfechos con su acción pasó del 29 al 35% entre enero y septiembre de 2020, al 40% en septiembre de 2021 y al 45% este marzo.

Al presidente de la República no se le escapan estos datos y cómo, en la situación actual europea -sin Reino Unido y sin la canciller alemana Angela Merkel- su país ha pasado a ser la segunda economía y la única potencia nuclear del club comunitario. Por eso, qué decidan los franceses en estas elecciones tendrá una trascendencia más allá de sus fronteras: con su voto otorgarán un cargo que lleva en la maleta el dueño del único botón nuclear de la Unión Europea, y el tipo de Unión Europea que promoverá. Y, de nuevo, Macron tendrá que pelear porque esa persona no sea de la extrema derecha, reto que a estas alturas del juego se antoja complicado. El último sondeo, del instituto demoscópico Ifop, sitúa a Macron como el favorito de los franceses con un 27,5%, seguido de Marine Le Pen, que se acerca con un 22% de los votos.

En este contexto, Macron usa las balas de ser ya un veterano que cuenta con más apoyos del que tenían sus dos predecesores en esta fase de la campaña y de ser el principal estadista de Europa, mientras que la guerra de Ucrania está debilitando la posición de los populistas vinculados a Putin.

La guerra en Ucrania: cómo ha cambiado todo

A Le Pen estos cinco años también le han pasado factura. Para empezar porque ha anticipado que, si pierde, ya no volverá a presentarse aunque dice que “seguirá defendiendo los derechos de los franceses”. También porque es consciente de que ahora tiene quién coma parte de su tarta: el también ultraderechista Éric Zemmour es el nuevo actor invitado y no parece que, a tenor de las encuestas, le vaya muy mal por ahora. 

  Imagen de archivo de Marine Le Pen durante uno de sus mítinesALBERT GEA via REUTERS

Si bien Le Pen optó por distanciarse de su carismático progenitor para impulsar al Frente Nacional hacia un nuevo rumbo, menos marcado en la inmigración y el tradicionalismo, para atraer a electores de todos los orígenes y asaltar el Elíseo, mantiene su política dura contra la inseguridad y la inmigración. Pero de una forma más matizada. Ahí es donde entra en juego Zemmour, la ultra extrema derecha.

Éric Zemmour era un periodista y tertuliano conocido por sus posiciones radicales, que comprobó que había un espacio a la derecha de la extrema derecha. “Su aparición primero cronológicamente perjudicó a Le Pen. Porque Zemmour antes incluso de declararse candidato había sondeos que le ponían bastante alto, incluso como candidato en segunda vuelta contra Macron. Entonces al principio perjudicaba a Le Pen pero ella ya iba diciendo, a lo mejor era optimismo exagerado, que para ella tenía ciertas ventajas. La primera es que como tiene unas propuestas muy radicales sobre el islam, sobre la inmigración, que es el 90% de su programa, con propuestas que incluso para una extrema derecha clásica parecen exageradas, Marine Le Pen parece menos extremista”, opina Mathieu de Taillac. 

Zemmour puede actuar como una reserva de votos para Le Pen en segunda vuelta

“La otra ventaja es que puede actuar como una reserva de votos para Le Pen en segunda vuelta. Es decir, hace cinco años Le Pen incrementó poco sus votantes entre la primera vuelta, que hay muchos candidatos, y la segunda, donde solo hay dos. Esta vez creo que hay un 80% de los sondeos de la gente que dice querer votar a Zemmour que dice que votaría a Le Pen en segunda vuelta si él no está. Eso le permite incrementar y acercarse a Macron”, añade este experto. 

Este candidato defiende a capa y espada la teoría del “gran reemplazo”, según la cual la población musulmana está sustituyendo a la de origen europeo en Francia, por lo que propone “una expulsión masiva de extranjeros”, tal y como informa Efe. A sus 63 años, fue protagonista de un ascenso meteórico en los sondeos a principios de año, pero poco a poco fue estancándose a medida que la inmigración perdió peso en el debate público y que se recordó su reconocida admiración por el presidente ruso, Vladimir Putin, cosa que comparte con Le Pen. En el caso de la candidata de extrema derecha ese vínculo con el presidente ruso tiene además una cifra: la de los ocho millones de euros que debe desde el año 2014 a una banca próxima al Kremlin.

Pocas esperanzas (o ninguna) para la izquierda

Lo que poco a nada ha cambiado en los últimos cinco años ha sido la división de la izquierda. Los sondeos son claros: ninguno de los candidatos de este espectro político cuenta con los votos suficientes para llegar a la segunda vuelta. Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa), Anne Hidalgo (Partido Socialista), Fabien Roussel (Partido Comunista) y Yannick Jadot (Europa Ecología Los Verdes) suman poco más de un 28% de intención de voto, un mínimo histórico para las fuerzas de izquierda. “Mélenchon es, según todos los sondeos, la única oportunidad de que la izquierda se clasifique en segunda vuelta y es una esperanza para la izquierda bastante exigua, bastante débil, pequeña, floja, de que se clasifique un candidato en segunda vuelta”, añade el corresponsal en España de Le Figaro.

Esta fragmentación tiene dos claros beneficiados: Le Pen y Zemmour.

Esos mismos sondeos de opinión indican una subida notable de la abstención, por encima del 30%, que en unas presidenciales sería una desafección histórica. “No hay magia en esta campaña. Nadie está emocionado, ni los franceses, ni los periodistas políticos, ni siquiera nosotros en la campaña”, asegura una fuente cercana a Macron citada por Reuters. 

Con ella coincide el corresponsal en España de Le Figaro, que considera que no solo no hay magia, sino que hay “cansancio de la clase política como vemos en muchos otros países democráticos y la campaña no está interesando”.

¿Cómo se elige al Presidente de la República en Francia?

Por mayoría absoluta mediante sufragio universal a través de un sistema de votación a dos vueltas.

En el caso de que uno de los candidatos consiguiera más de la mitad de los votos en la primera, se proclamaría vencedor sin la necesidad de tener que celebrar la segunda ronda. En caso contrario, -algo que nunca ha ocurrido en la historia de la Quinta República-, los dos candidatos más votados se disputarán la presidencia en una segunda votación, por un periodo de cinco años y solo renovable una vez. 

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Laura Riestra es subdirectora en 'El HuffPost'. Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III, ha trabajado en RTVE.es y en el diario 'ABC'. Puedes contactar con ella en laura.riestra@huffpost.es