INTERNACIONAL
06/12/2020 10:33 CET

Macron busca su sitio

El presidente francés, que estaba encumbrado por las encuestas, frena con su polémica ley de seguridad y su aparente acercamiento a la derecha.

Francisco Seco / ASSOCIATED PRESS
Emmanuel Macron, el pasado 1 de octubre, tras el Consejo Europeo de Bruselas.

Emmanuel Macron estaba viviendo un momento complejo en cuanto a gestión, por culpa del coronavirus y el yihadismo, pero positivo en cuanto a valoración de sus ciudadanos. Y entonces vino un artículo de una ley a complicarle la vida. El mandatario de En Marche! se ve en medio de ninguna parte: no es el líder carismático que ascendió al poder en 2017 pero sigue siendo el que más posibilidades tiene de ocupar el Elíseo, no es el hombre de centro con el que se presentó a las elecciones, pero tampoco ha hecho por completo el viraje a la derecha que se augura para los próximos meses. Busca su sitio.  

Desde el comienzo de la pandemia de Covid-19, las manifestaciones han sido una rareza en Francia, que normalmente está ansiosa por protestar. No hay más que ver las protestas de los chalecos amarillos desde hace dos años. Pero el sábado pasado, entre 133.000 y 500.000 personas salieron a la calle en más de 70 ciudades diferentes, con el fin de protestar contra una nueva norma de seguridad. En particular, contra el controvertido artículo 24, que prohibiría la publicación de imágenes en las que se pueda identificar claramente a las fuerzas del orden, si con ello se pretende causar daños físicos o psicológicos a los agentes de policía.

La llamada ley de seguridad es uno de los varios proyectos de ley que parecen mover al gobierno del presidente Macron más hacia la derecha, un giro que divide a su partido, que unos entienden necesario para ocupar una franja política hoy sin un cabeza visible potente. Oficialmente, Macron justifica la medida con la protección a la Policía, ya que el número de ataques violentos a los uniformados ha ido aumentando durante años.

Pero la resistencia contra esta iniciativa ha ido creciendo. Los ciudadanos que salieron a protestar entienden que esta ley otorga a la Policía aún más poderes y recursos financieros, y detalles poco claros como el derecho a utilizar aviones teledirigidos en las manifestaciones. Al mismo tiempo, limita la capacidad de los franceses de defenderse si se ven atacados, denuncian, lo que puede llevar a más violencia policial, denuncian. 

La importancia de los vídeos se ha vuelto a poner de manifiesto recientemente cuando la Policía evacuó violentamente un campo de refugiados en París y golpeó duramente a un productor musical antes de arrestarlo. Debido a que hay fotos de esto, los policías involucrados son ahora objeto de un procedimiento de investigación.

Se decidió añadir un pasaje al controvertido artículo sobre las imágenes policiales, en el que se afirma explícitamente que la norma no debe interferir con el “legítimo derecho a informar al público”, pero al final, dada la presión, el Parlamento francés reformará el discutido artículo para evitar la “incomprensión” que ha suscitado entre amplios sectores de la sociedad. “Cuando hay incomprensión, hay que saber escuchar”, resume el Gobierno.

El enfado de Macron

Dice la prensa francesa que el enfado de Macron fue mayúsculo con este asunto. Que llamó a su despacho al primer ministro, Jean Castex, llegado al cargo en verano, y al ministro del Interior, el también renovado Gérald Darmanin. Que el desliz se producía en un momento inoportuno, que la situación era evitable.

Y es que ha frenado su ascenso de estos meses: la popularidad del presidente galo subió en julio al 48% de la población tras el acuerdo para repartir los fondos de la Unión Europea para la pandemia, una negociación en la que fue protagonista; luego su firmeza al afrontar el confinamiento forzoso y el degollamiento de un profesor por un islamista o el atentado de Niza le dieron empaque de estado y subió al 50%, pero los sondeos de las dos últimas semanas, en las que ha coincidido esta crisis, bajan ya esa aceptación a no más del 43%. 

Aún así, es verdad que Macron tiene mejores datos que sus predecesores a estas alturas, pasados tres años de los cinco de mandato. Si el conservador Nicolás Sarkozy llegaba a un 32% de aceptación, el socialista François Hollande se quedaba en un 27.

A la derecha

El gobierno también está trabajando en una ley contra el islamismo radical, que tiene como objetivo controlar las asociaciones musulmanas de forma más estricta y limitar severamente la educación en el hogar. Una nueva norma universitaria también va a vetar las manifestaciones en los campus, a pesar de que los estudiantes siempre desempeñan un papel importante en los movimientos de protesta franceses.

Todo eso está generando un importante debate ciudadano porque, como dice a DW Sebastian Roché, sociólogo y director de investigación del instituto CNRS, las últimas leyes refuerzan una tendencia que ha observado desde la elección del presidente Macron en 2017. “Macron fue elegido como candidato de izquierda y derecha, y tenía un programa electoral muy equilibrado. Pero hasta ahora ha seguido principalmente políticas conservadoras, y ahora hemos llegado a un punto de inflexión: ha perdido prácticamente todos sus electores de izquierda”, comenta Roché al citado medio alemán, y agrega que “ahora está aplicando una política muy estricta de orden público, sentencias más duras y más policías y prisiones”.

Le Monde publicaba esta semana un editorial en el que constataba que los ciudadanos quieren seguridad, que es una de las prioridades de la Administración Macron, pero no a cualquier precio, sino con un sentido social marcado, una estabilidad que llegue a los servicios públicos o al empleo y que no se quede en la prohibición. 

Mientras tanto, el presidente ha acelerado esta semana su agenda para no perder esas encuestas positivas: ha visitado hospitales que luchan contra el coronavirus, ha peleado en la ONU por una mayor coordinación mundial en el reparto de vacunas, ha reunido con diversos mandatarios internacionales para impulsar un nuevo Ejecutivo en Líbano y ha reforzado lazos de vecindad con la visita de su homólogo belga, Alexander de Croo

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