Madres desde los márgenes, cuando la maternidad se sale de la norma

Madres desde los márgenes, cuando la maternidad se sale de la norma

Las historias de Toñi Moreno, como madre soltera de más de 45 años, Rocío Tovar, como madre de acogida de varios menores e Inma, como madre de una familia homoparental.

Toñi Moreno, madre soltera a los 46 años; Inma y Glorias, madres de dos mellizas, y Rocío Tovar, madre de acogida de varios menores.Getty Images/Cortesía de Inma y Gloria/Cortesía de Rocío Tovar

La palabra madre en el diccionario de la Real Academia Española cuenta con diferentes acepciones que van desde la maternidad física de tener hijos, la relación que tiene una madre con estos —los haya parido o no—, a “mujer que ejerce de madre” o “mujer con cualidades atribuidas a una madre, especialmente su carácter protector y afectivo”.

Cada madre es un mundo y la maternidad, una experiencia a vivir por cada una de ellas. Con el paso de los años, aunque los índices de natalidad hayan decaído hasta mínimos históricos tras la pandemia, se han ido desarrollando otras formas de maternar que se salen de la heteronormatividad y del concepto de familia tradicional.

Los avances científicos, el retraso en la maternidad por motivos laborales y económicos, el reconocimiento del matrimonio igualitario para el colectivo LGTBI o la gran cantidad de niños que viven en centros de menores son solo algunos de los factores que han propiciado nuevos modelos de familia como los que se presentan a continuación:

La trabajadora social Rocío Tovar califica a su familia como “peculiar”. Tiene tres hijos, aunque llega a tener hasta cuatro. Tovar ha hecho del acogimiento familiar su forma de vida. Tal y como cuenta, empezó a sentir la llamada de este vía de maternidad al trabajar en el sector y ver carteles que animaban al acogimiento.

“La forma de ayudar a tantos niños que sufrían ese daño por la retirada de sus familias o porque ha habido un maltrato era el modelo de la familia acogedora. Me resonó y me llegó tanto a mi corazón que me pregunté por qué nosotros no podíamos ser familia de acogida durante un tiempo”, detalla Tovar, quien en ese momento se había mudado con su pareja a una casa más grande para formar una familia, inicialmente biológica.

Iniciaron entonces los trámites para un acogimiento temporal [con un retorno generalmente en un plazo de uno o dos años] y con edades a partir de los seis años, ya que si no, según cuenta, es difícil tener acceso al colegio. “No quería implicar a nadie de la familia si tenía que incorporarme a trabajar porque te dan baja de maternidad y paternidad, pero 16 semanas”, señala.

Sin embargo, una vez que pasaron la idoneidad que marca la Comunidad de Madrid, se toparon con una realidad muy distinta: con un bebé de 12 semanas y de acogida permanente, que tal y como señala, es un caso que tiene un porcentaje de retorno muy bajo. 

Viendo que habían cogido la dinámica de la maternidad y establecido con Verónica, su hija de acogida, decidieron tener un hijo biológico: Marcos, que actualmente tiene 8 años.

Pero el afán de ampliar su familia no quedó ahí. Rocío también decidió ser madre de acogida temporal de Pedro, un niño de 14 meses, ya que su madre se iba a someter a un transplante de médula. Finalmente se alargó y pasó a ser un acogimiento temporal ya que su madre biológica tenía que ir con mucha frecuencia al hospital, pero se adaptaron a un modelo familiar compartido entre ambas.

“Su madre y yo tenemos muy buena relación. Él dice que tiene dos mamás y que mi hijo es su hermano y hace tiempo que se fue. Le digo que éramos como un matrimonio divorciado porque le dejaba los fines de semana y me lo traía entre semana y luego al revés”, bromea.

  Rocío junto a su marido y sus hijos, Marcos, Pedro, Verónica y la niña de acogida que tienen los fines de semana.Cortesía de Rocío Tovar

Además de mantener aún el contacto con ‘Pedrito’, ella se sumó junto a su familia a la asociación Soñar Despierto de voluntariado familiar con niños en centros de acogida, donde se les asignó una niña. “Esa niña al final, el año pasado me enteré de que la iban a proponer para vacaciones de verano. Hablé con el centro y la estoy sacando todos los fines de semana”, detalla.

Al tener varios acogimientos temporales indica que nunca ha recibido ninguna bonificación por familia numerosa, pero eso no le ha impedido disfrutar. “Pueden tener dos familias y es una forma de crecer y de maternidad superbonita”, señala.

A Tovar, miembro de Adancam, asociación integrada en Aseaf (Asociación Estatal de Acogimiento Familiar), le apena que algunas personas no vean más allá de lo biológico, lo que considera “sobrevalorado”, pero hace diferencias entre ambas maternidades. “La maternidad biológica es como ese instinto de algo que ha venido a través de ti, pero lo otro es una vida que ya está ahí pero tú lo proteges”, señala.

Al final la familia de acogida es una familia paraguas donde el niño ve llover, pero no se moja
Rocío Tovar, madre de acogida

“Estoy convencida de que si a la mayoría de la población les hicieran una llamada de teléfono y les dijeran ‘oye, mira te llamamos del hospital y tu hijo no es tu hijo porque los mezclamos’, la gente no iría a por sus hijos biológicos. Puede que les generara curiosidad, pero tu hijo es el que has criado. Los lazos que tienes y la vinculación que tienes ya no te la puede arrancar nadie”, indica.

Con respecto a los mitos de que la familia biológica decide sobre el hijo en acogida, Tovar indica que solo se hace en caso de operaciones en las que no esté en riesgo la salud y para viajar al extranjero. Además, asegura que los técnicos controlan que no haya manipulaciones ni chantajes y que en ningún momento se le oculta al niño que tiene dos padres y dos madres. “Al final la familia de acogida es una familia paraguas donde el niño ve llover, pero no se moja”, indica.

Tovar se ha topado con miedos por parte de su familia por un posible retorno con la familia biológica y también con prejuicios de quienes le preguntan que cuál es su hijo biológico: “Respondo ‘los dos, todos’. ¿Qué es tuyo? Son míos en la medida que ellos quieren ser míos, no por un papel que lo diga”. 

Además, recuerda que este modelo de familia ya se daba hace años cuando moría una madre en un pueblo o un amigo no podía cuidar a su hijo. De su experiencia destaca “compartir la sensación con otras personas”. “Era muy vibrante lo que estaba viviendo, pero también veía vibrar tanto a amigos como a la familia y era más fuerte aún”, señala. 

“España está incumpliendo la ley por el número de niños que hay en centros viviendo, los niños no pueden estar ahí viviendo toda la vida”, reivindica y anima a las familias a que se animen al acogimiento.

La vida de Inma también dio un giro con 42 años, cuando ya siendo madre de un hijo con 31 años de un matrimonio anterior con un hombre, fue madre junto a su mujer, Gloria, de dos mellizas: Carla y Gloria.

Ella no podía tener ya hijos al estar operada y no poder volver a gestar, por lo que en lugar de optar por el método ROPA y que su pareja gestara un óvulo suyo, eligieron una inseminación artificial. “Ella no había tenido esa experiencia de ser madre, así que cuando le picó el gusanillo y estábamos ya establecidas, lo decidimos”, cuenta.

La pareja, socia de la Asociación de familias LGTBI de Andalucía Crezco, inició el trámite en una clínica privada, ya que entonces para poder entrar en la lista de espera de la Seguridad Social tenían que tener problemas de fertilidad. Allí les informaron que el primer intento salió adelante y que podían ser madre de tres hijos.

“De entrada nos dijeron que había tres óvulos con un porcentaje altísimo de que cogieran, nos dijeron que en este caso podíamos parar el tratamiento, pero después de tanto luchar dijimos ’que sea lo que tenga que ser”, señala y recuerda la anécdota de contárselo a su hijo, Josué: “Tuvo mucho arte y me dijo ’bueno, somos tres adultos para tres bebés, lo malo es que uno de ellos se divida, que entonces ya nos ganan”.

Para poder iniciar los trámites como madres lesbianas, Inma y Gloria tenían que estar casadas, un requisito que cumplían. Además, Inma tuvo que “autorizar” que se inseminase su mujer. Sin embargo, se encontró con trabas en el Registro Civil a la hora de inscribirlo. 

“En cualquier pareja hombre-mujer él va al registro y dice que es su padre sin estar casado y se le cree, aunque el hijo sea del butanero”, bromea. “El que me tocó se me quedó mirando sin entender mucho de lo que le estaba contando,  fue a informarse y me dijo que tenía que ir con ella [Gloria], que estaba ingresada después de una cesárea”, señala y detalla que le dijo que era un requisito al no ser residentes en Sevilla capital, sino en Umbrete, un pueblo de la comarca del Aljarafe. 

  Josué, hijo de Inma; Gloria, mujer de Inma; sus hijas, Carla y Gloria; Inma y su nuera, Marina.Cortesía de Inma

Tras este choque, la pareja se ha encontrado con los problemas habituales de la crianza de dos niñas mellizas. Inma dejó de trabajar para cuidarlas, algo que mantiene hoy en día. “No queríamos que se criaran entre guardería y extraños porque no tenemos familia de la que tirar y sacrificamos el sueldo menor”, señala. “Los primeros cuatro meses [durante la baja de maternidad de Gloria] estupendo, estábamos las dos a una, ni nos veíamos las caras, pero bien. Lo malo vino cuando ella se fue a trabajar y yo me quede sola, me ganaban”, recuerda.

Inma recuerda que su mujer, Gloria, tenía ciertos reparos a que ambas pasearan con las niñas por la localidad: “Antes de quedarse embarazada se lo dije ‘yo no voy a ir con el carrito y las niñas delante evitando ciertas respuestas’ a todo el que pregunte, que van a preguntar, le voy a responder”.

En cualquier pareja hombre-mujer él va al registro y dice que es su padre sin estar casado y se le cree, aunque el hijo sea del butanero
Inma, madre de tres hijos

Y así fue. “Preguntaban ‘¿quién es la madre de las dos?’ y yo le decía ‘Gloria, siempre con una sonrisa porque la gente actúa de espejo y si te pones tensa, la gente se pone tensa también’. Así que muy agradables, muy educadas decíamos ’mira, son de las dos”, recuerda. 

La noticia generaba sorpresa entre algunos vecinos que desconocían la situación, pero se lo explicaban con la misma naturalidad. “En su casa no sé qué dirían, pero de cara a nosotras nadie nos puso mala cara, al contrario, las abuelas de 70 y tantos y 80 años nos decían ’¿sabes lo que te digo? Que me parece estupendo”, rememora. “Una nos dijo ’si volviera a nacer, me casaba con una mujer porque mi marido llegaba de trabajar, se duchaba y se iba al bar, volvía, comía y se acostaba y no me ha ayudado nunca y seguro que ustedes dos vais a una y así es”, añade. ”El tema de pasear a la niña a mi mujer le servía de terapia al final”, apunta.

Para ella, los prejuicios hacia las familias homoparentales como la suya tienen más un componente político y de la Iglesia que “entre los ciudadanos de a pie”, aunque sí que admite que han recibido insultos homófobos por algunos vecinos que ya han sido denunciados. “Les pusimos los puntos sobre las íes y ya ahí se cortó. Pero son dos personas que no están bien”, apunta quitándole hierro al asunto.

El caso de Toñi Moreno ha ocupado titulares e incluso la animó a escribir el libro Madre después de los 40. La verdad del cuento (Ed. Grijalbo). Fue madre de Lola, que tiene ya dos años, con 46 años por fecundación invitro y siendo soltera. Moreno tenía claro que quería ser madre, pero no lo hizo antes por su situación laboral. “Cuando tienes trabajo quieres aprovechar que lo tienes y la inestabilidad en la tele es así”, señala. “He ido retrasando este momento hasta que dije o lo hago ahora o no lo hago”, apunta.

La presentadora califica la maternidad como “un acto de locura, que si lo piensas no lo haces”, aunque admite que tampoco vivía con la presión de ser madre sí o sí. “Decía ‘si me quedo estupendo y cumplo el deseo de ser madre, pero si no no va a pasar nada porque voy a ser una tía estupenda’. Para mí no era algo que me era imprescindible para alcanzar la felicidad”, señala.

Nadie tiene que juzgar a nadie y tenemos que luchar porque haya tantos modelos de familia como familias
Toñi Moreno, presentadora y madre soltera a los 46 años

Para ella, el proceso fue complicado por los tratamientos hormonales que supone, ya que la primera premisa de los médicos era reducir la carga de trabajo y estar tranquila, algo que ella no se podía permitir con tres programas de televisión. “Soy un poco agonías y digo ’para cuando no venga”, bromea.

“Siempre les digo a las mujeres que me escriben por instagram porque están un poco desesperadas que a mí me funcionó no pensar demasiado en ello, ponerme en manos de los especialistas y dejarme llevar”, señala y recuerda que se lo tomó tan al pie de la letra que olvidó en uno de los intentos ir a la Beta [prueba para comprobar si estaba embarazada].

“Me había trabajado tanto no estar pendiente a cada segundo, que se me había olvidado y no pensaba en ello. Las primeras veces que me inseminé estaba muy pendiente de ‘ya han pasado 10 días, vamos’ y ese estrés no es bueno para nada”, recuerda y aconseja a las madres que se vayan a aventurar en esta modalidad que “en el camino tienes que ser feliz y vivirlo como una oportunidad”.

Moreno admite que ha recibido mensajes de críticas de cómo se le ocurría tener un hijo a su edad o si no pensaba en la niña, pero no les ha dado mayor importancia. “No me afectan porque además pienso que la vida es hoy. No sabes qué te va a pasar ni el tiempo que vas a estar aquí, lo importante es que cuando estés estés lo mejor posible”, señala y recuerda que “la gente es muy cruel en redes”.

“Las críticas constructivas con respecto a mi trabajo las suelo leer, pero en cosas personales realmente no me afectan ni dejo que me afecten”, enfatiza y recuerda que no da opción a quienes no respetan que forme una familia monoparental. “Nadie tiene que juzgar a nadie y tenemos que luchar porque haya tantos modelos de familia como familias”, reivindica.

Moreno, que viaja continuamente por trabajo entre Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y Madrid, asegura que trata de llevar la conciliación lo mejor que puede pese a que sea “la asignatura pendiente de este país”. “Las madres tenemos poquísima ayuda y las madres solteras de toda la vida, ninguna”, se queja. “No tengo pareja, pero tengo una red familiar importante: los padrinos de Lola, mis hermanas, mi madre, tengo una chica que se llama Teresa que es maravillosa y si no es imposible. Necesito ayuda, es muy complicada la conciliación”, reivindica.

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Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es