Mala Rodríguez: "Censura era poner a la gente en un paredón y pegarles un tiro"

Mala Rodríguez: "Censura era poner a la gente en un paredón y pegarles un tiro"

La rapera sevillana de 40 años acaba de recibir el Premio Nacional de Músicas Actuales 2019. Es la primera del género que recoge este galardón.

.Sephora/Forward Comunicación

La Mala es el ejemplo perfecto de que los raperos también maduran. María Rodríguez ya no es la adolescente que salía a improvisar en el sevillano barrio de La Macarena, donde se crió, ni tampoco la jerezana afincada en Sevilla que saltó a la escena hip hop nacional a principios de los 2000. Tiene 40 años, cuatro discos, una hija y este 2019 ha recibido el Premio Nacional de Músicas Actuales. Todo, en el mundo masculino del rap.

Eso sí, sigue sin cortarse un pelo como al principio y mantiene un andalú perfecto, para el que dice que tendría que haber “un traductor en Google”.

Ella consiguió abrirse camino este género sin quererlo ni beberlo y eso la convirtió en uno de los primeros iconos feministas de la música en España. A pesar de la madurez de su carrera y de sus muchos éxitos no deja de “comerse la olla” para mejorar y evolucionar. La Mala es exigente con su trabajo, aunque también le gusta “vivir la vida”, pasar tiempo con su familia, disfrutar y desconectar llevando en sus cascos sonidos tan dispares como la música tradicional china o el dub y el reggae de los años 60.

Volcda en su próximo trabajo, Dame bien, que verá la luz en 2020, ha salido del estudio para protagonizar la campaña #WeSingle del Día del Soltero de Sephora con la que actuará el próximo 11 de noviembre en la madrileña sala Joy Eslava junto a la finalista de OT 18, Natalia Lacunza. De esa curiosa celebración, de su premio y también de Rosalía habla con El HuffPost Life pocos días después de ser reconocida por el Ministerio de Cultura y Deporte.

¿Conocías el Día del Soltero?

No tenía ni idea, pero me ha encantado porque parece que siempre estamos diciéndole a la gente ‘ten pareja’ y hay que estar solo. Es bueno porque hay que conocerse a uno mismo.

Has triunfado con tu canción Mujer Bruja, con Lola Índigo, ¿cómo fue colaborar con alguien que salió de un programa como OT?

Es una chica muy guay, me encanta currar con ella, creo que es genial la mezcla. Mujer Bruja fue un éxito porque representa una cadena: todo lo que he hecho, y todo lo que ella está haciendo. Que sea andaluza también mola. Hay que apoyarse por todo, no solo la sigo por eso, pero ayuda. Antes comentaba que Google tendría que tener traductor de andalú para que nos entiendan. No siempre tenemos que cambiar nosotros. Yo me he visto obligada a hacerlo alguna vez. Llegas a un sitio y nadie te está entendiendo bien, entonces te pones a adquirir palabras nuevas. 

Nunca viví lo que se conoce ahora como ‘gafitas moradas’

¿Cómo fue abrirse paso en un mundo de hombres?

No sentí nada. Estaría tan flipada y tan metida que no me di cuenta. Empecé porque me enteré de que había un sitio en el que se juntaba la gente a bailar y que había gente que rapeaba. Me planté allí porque era lo que más me gustaba y me llamaba la atención. Nunca me sentí diferente ni discriminada. Nunca he sido una niña femenina, como se entiende el término. A lo mejor es por eso, porque mis padres me dieron total libertad. Tampoco viví lo que se conoce ahora como ‘gafitas moradas’: jugué al fútbol, hice atletismo, jugué con muñecas… Por eso creo que lo importante es cómo nos educan. Para mí nunca ha sido raro hacer cosas que hasta entonces solo hacían los chicos. Tampoco he estado sobreprotegida, que a las niñas a veces también se las protege demasiado. De hecho, cuando tenía movidas, mi madre me decía: ‘Apáñate tú, defiéndete’. 

¿Qué piensas de la censura como pasó con C. Tangana cuando se canceló su concierto en Bilbao por el contenido machista de sus letras?

Tengo un punto de vista muy amplio de esto. Obviamente, creo que no era gran cosa. Pero entiendo que allí ha ocurrido algo [casos de abusos sexuales como el de La Manada en los Sanfermines de 2016] y estaba el ambiente un poco cargado. No era la mejor idea llevar a este tipo de artistas. Es como si en un partido de la NBA ponen una canción que está guay, pero que habla de fumar marihuana y el estadio está petao de niños. Básicamente eso. No, ‘oh, Dios censura’. No, hijo, no. Esto no es una dictadura, ni estamos aquí en un sitio que se coarte la libertad. Eso es fliparse, lloriquear por nada.

La censura es lo que nosotros no hemos vivido, cuando ponían a la gente en un paredón y le pegaban un tiro. Eso es censura. Que te quiten de un bolo porque a lo mejor no es adecuado para la programación o para el público al que va dirigido no lo es. Luego fue al concierto e hizo sold out, la peña se lo gozó, bailó, cantó, disfrutó y todo estupendamente. 

Esto no es una dictadura, ni estamos aquí en un sitio que se coarte la libertad

Lo que no se puede hacer es con dinero público y en el marco de unas fiestas populares después de que allí hayan pasado cosas hace nada. En otro momento, sí hubiese cuadrado. ¿Tú crees que hay censura? Yo creo que son unas circunstancias.

¿Te has visto alguna vez en esa situación?

A mí la canción de La Niña no me la ponían en la tele porque salía una chica traficando con droga que, por cierto, es mi prima Rosarillo. Pero la peor censura es la que se hace uno a uno mismo, esa es la más chunga. Aunque a veces también es necesaria, uno debe controlarse porque si cada uno dijese lo que le diese la gana esto sería un desmadre muy grande.

Yo siempre controlo lo que digo. Aunque me dejo llevar por la inspiración, me gusta que luego se me entienda. Es importante decir bien lo que quieres expresar, porque se puede malinterpretar.

Como lo que te ocurrió con la polémica de Rosalía y las gitanas, ¿no? [En una entrevista publicada el 27 de julio de 2018 en ABC, Mala Rodríguez dijo: “Me parece lógico que las gitanas se cabreen con Rosalía”]

No, eso fue porque el periodista me hizo una pregunta y, de mi respuesta, cogió una frase como titular. Pero eso es el periodismo también, buscar frases atractivas si no nadie leería el artículo. Lo chungo es que todos los demás medios no contrastan nada y alimentan el sensacionalismo, pero un titular es un titular. Lo que pasa que la gente no lee los artículos.

Con Gitanas te adentraste en las reivindicaciones de la mujeres de etnia gitana y el feminismo, ¿Tuviste algún conflicto?

No, pero todavía es incómodo hablar de feminismo. La líbido se baja. Hay temas que son atractivos y otros que no. Y el feminismo es uno de ellos. Pero es maravilloso lo que está pasando, incluso el tema de Rosalía, me encanta que se estén dando debates, que se hable, siempre con educación y respeto. Eso es lo que hace sana a una sociedad. Para el lanzamiento del single Quieén me protege queríamos haber hecho un hashtag #quienmeprotege pero no sabíamos cómo explicarlo. A los días empezó lo del Me Too y fue genial porque ya no hacía falta dar explicaciones. Ha sido algo que ha ido pasando.

Creo que momentos en la vida en los que hay que estar en el sitio correcto, con el discurso correcto. Es lo que ha pasado con Rosalía

Antes las tías tragaban mucho y hablaban bajito cuando había tíos porque no querían que pensaran que no eran dóciles. Siempre he tenido libertad, pero me he dado cuenta de que hay un poder machista sobre las mujeres en cualquier trabajo. Ellas están agradecidas de formar parte, pero en realidad no ocupan tanta parte, no por encima de ellos. Hasta que no ha llegado la nueva generación de chicas que han dicho ‘yo no paso ni una’. Poco a poco va cambiando, dicen que llevará unos 40 años para que se establezca una paridad. Todo se basa en la educación, en los niños que están creciendo hoy en día. Al final, es equilibrio y se establecerá con la naturaleza.

¿Cómo ves que se encumbre tanto a Rosalía cuando tú e incluso María Isabel ya hacíais cosas parecidas antes?

Me parece que todo son modas. Creo que hay momentos en la vida en los que hay que estar en el sitio correcto, con el discurso correcto. Es lo que ha pasado con Rosalía. El otro día leí a Estrellita Castro que decía: ‘Cuando se les pase a los payos la moda esta de los gitanos, nosotros seguiremos así’. Son modas y me parece todo guay. No opino sobre si es bueno o malo, simplemente observo. Es la vida, el ciclo sigue, la vida sigue.

¿Qué pasa con el trap, se está comiendo al rap?

Es lo mismo, es una tontería. Solo se enriquece el ritmo. El problema es que la peña le ha dado la espalda cuando es parte del movimiento. Todo lo que no haces tú lo ves mierda y eso no es así porque desde que empezó Africa Bambata o Cool Earth, se han ido quemando etapas y la cosa sigue y sigue.

No pretendas que se congele ahí una movida en el tiempo. A mí me encanta hacer cosas nuevas, oír cosas nuevas. Evolucionar. No me quiero quedar en un estilo o en escuchar lo mismo que cuando tenía 17 años. Me da ansiedad pensar que todo sea siempre igual.

Llevabas cinco años sin sacar disco, ¿por qué?

Saqué dos temas con Steve Lean: Egoísta y Mátale. Ambos fueron jugando en el estudio, para pasarlo bien y hacer música sin un objetivo comercial. Luego  empecé a trabajar con El Guincho para un disco, pero me mudé a Estados Unidos por motivos personales y se detuvo el proceso. Al volver, tuve una niña y ya me puse con este trabajo, sin El Guincho porque estaba con otros proyectos.

A mí me gusta vivir, descansar de la música y disfrutarla. Que lleve cinco años sin sacar discos no significa que haya parado. En 2018 no hemos dejado de currar y de sacar singles y colaboraciones.

¿Cómo es combinar la música con tu hija?

Mi niña es superguay, es la más funky que hay. Es muy difícil ser madre y trabajar a la vez. No me acuerdo quién dijo que no sabe si le duele más escuchar a su hijo cuando llora o su carrera cuando está llorando. El otro día me lo recordó Christina Rosenvinge, me dijo: ‘¿Oyes eso? Es tu carrera que llora que te echa de menos por ocuparte de tu familia’.

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Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es