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06/07/2019 09:38 CEST | Actualizado 06/07/2019 09:38 CEST

Maltratos poco visibles a niños y niñas

¿Qué nos dice la investigación psicológica sobre los efectos de separar los niños de sus padres?

GUILLERMO ARIAS via Getty Images
Una niña migrante en la valla fronteriza entre Estados unidos y México. 

Pocas cosas nos aterran y conmocionan más que ver sufrir a los niños. La crueldad de Donald Trump con los niños es lo que, como psicóloga social, me ha empujado escribir este artículo. Un personaje que por orgullo, no lo dudéis, rehusó impunemente el acuerdo de París sobre el cambio climático: no es persona que acate pactos que no provengan de él. No importa que el mundo se caiga a trozos (disculpad el alarmismo, pero creo que, tal como están las cosas, es una obligación).

De acuerdo, el párrafo anterior es una digresión de lo que en realidad quiero deciros, pero me sirve para fijar con qué tipo de energúmeno nos enfrentamos. Por si alguien tenía alguna duda.

Centrémonos en los refugios para criaturas inmigrantes cerca de la frontera de Estados Unidos con México. Ahí malviven cientos de niños y niñas separados por la fuerza de sus padres, acusados de entrada ilegal. La Casa Blanca aseguró públicamente que los ubicarían en familias de acogida o que harían todo lo necesario para que estuvieran atendidos. Sin embargo, según diversos testigos, la calidad del cuidado en el amplio programa de detención es tremendamente deficitaria y la materialización del plan de acogida extremadamente lenta. Más allá del encarcelamiento en estos campos, que ya de por sí es inhumano y horroriza, ¿qué nos dice la investigación psicológica sobre los efectos de separar los niños de sus padres? 

En varios de mis estudios trato en profundidad el tema de la importancia para el equilibrio emocional y la salud de disponer de redes sociales de afecto. Puedo asegurar que, en este sentido, la política fronteriza de Trump tiene unas consecuencias nefastas. En síntesis: nuestra salud y felicidad dependen de que estemos inmersos en redes sociales de confianza y, francamente, no se me ocurre nada más representativo de esto que la relación entre una criatura y sus padres. La separación forzosa de estos niños y niñas les causa una angustia emocional extrema. A los pequeños y también a sus padres. Y no me refiero sólo a la tristeza. Las respuestas emocionales extremas a la separación de los padres son parte del plan evolutivo de la especie humana para mantener a estos padres cerca. Esto es debido a que a lo largo de la evolución humana la ausencia de un cuidador ha significado una muerte prácticamente segura. 

Si viéramos imágenes de estos niños y niñas siendo maltratados físicamente por los agentes fronterizos estadounidenses, no lo toleraríamos ni un solo instante.

Las mentes y los corazones de los pequeños sólo pueden mantener este nivel de angustia durante cierto tiempo, antes de tener que enfrentarse a una decisión terrible: continuar llamando a sus padres por medio de un dolor emocional severo o asumir que les han perdido. Pues bien, los cerebros de los que eligen este último camino comenzarán, como consecuencia, un curso de “desarrollo acelerado”, ya que madurarán más rápidamente. El problema es que esta rápida maduración suele producirse al precio de una inflexibilidad cognitiva y emocional posterior, y de la asunción de que el mundo es extremadamente peligroso y que las amenazas deben ser evitadas de forma automática, sin pensar. El trauma psicológico afecta pues el comportamiento en el futuro y, como he dicho antes, a la salud y el equilibrio emocional. 

Tengo la firme certeza de que si viéramos imágenes de estos niños y estas niñas siendo maltratados físicamente por los agentes fronterizos estadounidenses, no lo toleraríamos ni un solo instante. Lo consideraríamos lo que realmente es: violencia contra los niños. Pero el hecho de que el daño que se está haciendo hoy en día en la frontera con México no sea visible no debería resultarnos menos perturbador. A esto se le llama violencia psicológica. Las acciones que se realizan para frenar esta insidiosa política de la Casa Blanca son muy parsimoniosas. Incluso he leído que esta parsimonia es intencionada. No tengo duda de que hay mandatarios sensatos que quieren enderezar esta locura inducida por un individuo que es carne de psiquiatra. Lo que quizás no saben es que estos niños y niñas arrebatados de sus padres arrastrarán las cicatrices de la inacción durante mucho tiempo. 



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