INTERNACIONAL
04/06/2020 12:00 CEST

"Las protestas de EEUU son una respuesta razonable"

El experto en antifascismo Mark Bray explica por qué y cómo Trump pretende desviar el foco de la violencia policial.

Carlos Pina
Mark Bray en una entrevista en mayo de 2019 con 'El HuffPost'

El historiador Dave Renton dijo una vez: “No se puede ser objetivo cuando se escribe sobre el fascismo, porque no hay nada positivo que decir sobre él”. Es una frase con la que el activista de Occuppy Wall Street y experto en antifascismo Mark Bray no puede suscribir con mayor ahínco.

Bray se mantiene continuamente informado estos días, desde su casa de Nueva York, sobre los disturbios en EEUU. Y lo que ve le inquieta: la decisión del presidente Donald Trump de calificar de “terrorista” al movimiento Antifa o la amenaza de sacar al Ejército a la calle para acabar con los disturbios son iniciativas que ni apoya ni comparte.

El autor de Antifa: el Manual Antifascista conoce de sobra este movimiento. Entrevistó a más de 60 militantes de países europeos y de EEUU para documentarse y ha escrito la primera obra en inglés que recorre el conjunto del antifascismo trasnacional posterior a la II Guerra Mundial. Su defensa del antifascismo y de la autodefensa contra la ultraderecha hizo que la dirección de la universidad donde trabajaba lo rechazase y la exposición mediática le ha llevado a sufrir amenazas de muerte. Pero no quiere callarse ante las estratagema de Trump de culpar “a los grupos antifa de EEUU para desviar el foco del racismo y de la violencia policial”. “Es imposible que estos grupos hayan organizado lo que está pasando”, sentencia. 

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Un movimiento internacional sin líderes y difícil de indentificar

Una de las pruebas de su afirmación, sostiene, es que Trump ni siquiera conoce al movimiento antifascista. Se trata de un movimiento internacional que, como Bray clarifica en su libro, surge como “respuesta razonable e históricamente documentada ante la amenaza fascista que persistió tras la II Guerra Mundial y que se ha intensificado durante los últimos años”. Este movimiento, abunda, “ha adaptado las corrientes socialistas, anarquistas y comunistas que ya existían ante la necesidad de reaccionar frente a la amenaza fascista”. 

Aunque tengan características parecidas y un objetivo común —combatir a la ultraderecha—, es diferente ser antifascista en Estados Unidos y en Europa. “Todo depende del contexto, nosotros no vivimos el franquismo, por ejemplo”, explica Bray desde el otro lado de la pantalla, rodeado de libros de Historia. En EEUU, explica, hay grupos de militantes antifascistas en varias ciudades. “Son grupos pequeños porque temen las infiltraciones de la policía y tienen un carácter antiautoritario”. Se trata de un movimiento difuso en el que “no hay líder, no hay oficinas, es descentralizado y funciona de manera muy local”. Por eso defiende que “no tiene sentido” culparlos a ellos: “Hay mucha gente quemando y rompiendo todo, y no todos pertenecen al movimiento Antifa”. 

CARLOS PINA
Mark Bray en una entrevista con 'El HuffPost' en 2019

La causa no es Antifa, sino el racismo

Si Antifa no es el origen de las protestas, ¿de dónde ha salido tanta rabia organizada? El problema, apunta, es el racismo histórico del país. El movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan), también presente en todas estas protestas, empezó hace seis años por casos como el de Michael Brown, un joven negro de 18 años asesinado a tiros por un agente de policía, el de Eric Garner, estrangulado hasta la muerte por otro policía en plena calle el mismo año o el de Trayvon Martin, de 17 años, a quien un vecino blanco disparó hasta la muerte y quedando después en libertad sin cargos por alegar “defensa propia”. 

“Estos movimientos nunca empiezan sin una historia o un contexto detrás”, explica Bray. “Después de cada muerto hemos visto cómo los políticos han prometido reformas que nunca han llegado y las personas negras están hartas de esperar”, afirma.

Por eso cree que la muerte de George Floyd ha supuesto la gota que ha colmado el vaso y las protestas de estos días son “resultado de la frustración de la gente negra y de la izquierda de este país”. La violencia registrada en algunas de ellas también está alentada por el “crecimiento de la importancia de la política abolicionista (así se refieren a la política negra en contra del abuso policial y carcelario) durante la última década”. “Muchas personas ya no confían en el sistema y ven el fuego como otra acción”, argumenta. 

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La legitimidad de la violencia, a debate

Una de las características del movimiento antifascista (que engloba ramas antirracistas, feministas, queer, ecologistas...) es que dentro del mismo hay quien defiende usar los métodos legales para pedir una normativa antirracista y antifascista y quienes defienden la acción directa y el enfrentamiento. Según Bray, no son dos puntos de vista excluyentes y el segundo suele llegar “tras el fracaso del primero”. 

“No se puede hablar de si la violencia está legitimada sin ser consciente de que las otras opciones ya han fracasado”, dice. “Hemos visto intentos de reformarlo y es ridículo volver a pensar que lo van a hacer y decirles a los negros que esperen”, señala. Además, el experto defiende que si se mira la situación desde una perspectiva histórica “es obvio que el cambio social nunca viene de una manera limpia y sin conflicto. Creo que lo que está pasando es una respuesta razonable tras todos los fracasos y el contexto de la historia racista el país”. 

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Black Lives Matter y el racismo arrastrado desde los 60

Ni siquiera el hecho de que un presidente negro y demócrata como Barack Obama haya gobernado ocho años ha servido para que el racismo cese. De hecho, fue durante la presidencia de Obama cuando nació Black Lives Matter porque “las esperanzas de que un presidente negro pueda cambiar todo por sí mismo murieron”. Las vidas de los negros han sido infravaloradas y “se han visto muertos con Clinton, Obama, Trump...”. Por eso, sobre la violencia, Bray afirma que “a mucha gente no le gusta ver este espectáculo de destrucción, pero tiene el poder de generar interés sobre el problema de una manera que las palabras no siempre pueden”.

En su libro, Bray insiste en que “es fundamental entender el antifascismo como el componente de un legado más amplio de resistencias al supremacismo blanco en todas sus vertientes” y afirma que “uno de los logros más importantes de las campañas de Black Lives Matter es que han conseguido conectar sus reivindicaciones actuales con las del movimiento de liberación negro de finales de los 60 y de los 70″. El lema antifascista “Nunca más”, explica, “obliga a aceptar que podría volver a ocurrir si no se permanece en guardia”.

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Determinante para la campaña electoral

La situación que se está produciendo estos días a lo largo de todo el país tiene lugar a cinco meses de que se celebren las elecciones presidenciales en EEUU e influirá con casi toda probabilidad en los votos: “El problema de la violencia policial hacia las personas negras cada vez polariza más a la sociedad y esto va a estar en el centro de la campaña”.

Bray tiene la impresión de que cada vez es más difícil compatibilizar las dos ideas: “Tienes que decidir uno de los dos lados”. Y cree que esto va a suponer un problema en la carrera del demócrata Joe Biden: “Está a favor del status quo y pretende representar a ambos lados, pero cada vez es más difícil. La división entre la policía y la gente negra afectará mucho a las elecciones y Trump apoyará, definitivamente, a los primeros”. 

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