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28/11/2020 11:18 CET | Actualizado 28/11/2020 11:18 CET

Marlaska, tienes un problema

No sólo que sea JUPOL el sindicato más grande, sino que el que se definía como progresista (SUP) ha devenido en la plaza de Colón.

Una imagen de la serie 'Antidisturbios'. 

Tengo un amigo poeta (Juan Torres) que me tiene dicho que en una biblioteca hay que colocar los libros de cualquier forma excepto los de novela negra, que tienen que estar en sitio preferente, ya que son los realmente importantes. La última que me recomendó, además de las de Leonardo Sciascia (su preferido) fue Entre la promesa del verano y el frio del invierno, de Person, una historia de policías que intentan hacer lo correcto en un mundo de corrupción, incompetencia, avaricias y violencias en un planeta en el que el declive del Estado del bienestar es el hilo argumental más sólido.

Coincidí con Juan Madrid con ocasión de la investigación de un crimen en la calle Palma, por si Toni Romano, expolicía y boxeador, protagonista de algunas de sus novelas, nos podía aportar algo de luz en el esclarecimiento. Con Isaac Montero en una indagación sobre la Transición, con un buen retrato de la policía de la época donde aparecen los acólitos del régimen franquista con las caretas de demócratas. ¡Que buena novela! Pájaro en una tormenta, y cuantas veces he tenido que sortear los nubarrones. Con James Ellroy me identifico poco, con el comisario Kostas Jaritos de Petros Márkaris, un poco más, pero cuando me quiero ver reflejado, escojo las novelas del tándem Wahlöö-Sjówal, que crean al inspector Martín Breck, un poli que prefiere el sentido común a la violencia. Roseanna me encantó. No es bueno seguir siendo pedante, pero lo que quiero manifestar es que con la cantidad de novela negra que ahora se publica no he visto a ningún sindicato policial hacer la más mínima crítica, ni el más mínimo comentario, ni siquiera a las de Lorenzo Silva, por espíritu de cuerpo (sus protagonistas son guardias civiles).

No sólo que sea JUPOL el sindicato más grande, sino que el que se definía como progresista (SUP) ha devenido en la plaza de Colón.

Antes de inventarse las series, veíamos a Colombo, el detective de los Ángeles que resolvía todos los casos y que interpretaba Peter Falk, el actor fetiche de Casavetttes. Debo confesar que si hay algo me incitó a ser inspector fue Brigada 21, de Willian Wyler, donde la vocación está por encima de todas las cosas en la lucha contra el crimen. A mis amigos universitarios, ante la sorpresa de mi inclinación, les tenía reservada una respuesta de guion de cine cuando preguntaban por los motivos de querer ser policía: “Me gusta subirme a los tejados”. Viví la época de Starski-Hutch, mitad poli, mitad seductores, y alguna chupa marrón se empezó a ver por las comisarías. Policías de Nueva York, Canción triste…hasta llegar a The Wire, la serie que me regalaron mis hijos el día de la jubilación. Toda una vida viendo cine negro y ni un solo sindicato a la crítica.

Ha tenido que aparecer Antidisturbios, en tiempos del ‘Gobierno ilegítimo’, para que el sindicato mayoritario JUPOL (sindicato policial apoyado por Vox) se convirtiera en la primera en criticar (mejor, poner a parir) un producto audiovisual. Ministro Marlaska, tienes un problema: no sólo que sea JUPOL el más grande, sino que el que se definía como progresista (SUP) ha devenido en la plaza de Colón. Han salido negacionistas al estilo Trump, gritando ‘¡libertad!’ con la misma intensidad que los diputados contrarios a la Ley de Educación en el Congreso, y utilizando el Youtube con un gran desparpajo.

Hay que dar una vuelta a las enseñanzas en la Escuela de Policía. Aprobar “por el morro” al chofer de Bárcenas nos puede dar una idea de los desaguisados que se han producido en tiempos de La Kitchen, con Universidad Juan Carlos incluida. En lugar de expedientarlos, que también, les pondría como castigo investigar en el Paraíso Perdido, de Milton, de qué bando estaban los ángeles custodios (los patrones de la Policía).

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