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03/02/2020 11:28 CET | Actualizado 03/02/2020 11:28 CET

Marxistas deseos y apetitos sexuales

Vox crea las realidades que denuncia en el acto de denunciarlas.

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Pedro Fernández, durante su intervención.

Fue escuchar a Pedro Fernández, concejal por Vox del Ayuntamiento de Madrid, decir “aparte sus marxistas deseos y apetitos sexuales de mi hijo” y me abalancé como una fiera sobre mi biblioteca para descubrir en qué podría consistir esa terrible parafilia.

Mi condición de psicólogo clínico me obliga a estar actualizado sobre toda suerte de conductas, pero no tenía ni idea de la existencia de la subclase a la que se refería Fernández. Compréndanlo: hay más tipos de comportamientos sexuales que variedades de escarabajos. Quizá falté a clase ese día.

El caso es que mi manual académico de variantes sexuales no incluye el marxismo. Me aseguré bien: de “latronudia” —excitación al desnudarse ante personal médico— salta a “mecanofilia” —-deseo sexual por los motores de los automóviles—. Quizá no fuera un término de la sexología, y su uso se restringiera a contextos menos académicos y más profesionales.

Me di una vuelta por páginas menos científicas, esperando encontrar frases del estilo “especialidad en fetichismo, marxismo y bondage” o “recibimos en lencería marxista”. Tampoco.

¿A qué podría estar refiriéndose Fernández? En ocasiones, la derecha más ultraconservadora —especialmente, la estadounidense— ha agrupado a movimientos feministas, LGBT+, de igualdad racial…, bajo la estrambótica ocurrencia de “marxismo cultural”, un marxismo no centrado en la lucha de clases económicas sino en la lucha de grupos sociales identitarios. Un marxismo no economicista. Por decirlo en dos palabras, un marxismo antimarxista. Fracasado en su intento de destruir la humanidad mediante la economía, el marxismo intentaría ahora su plan B: destruir la humanidad mediante la lucha identitaria, aunque ya no quede de Carlos Marx en ese plan ni la barba. Sólo Trump podrá parar la invasión de los ladrones de cuerpos. 

Fracasado en su intento de destruir la humanidad mediante la economía, el marxismo intentaría ahora su plan B

Para mí que Fernández oyó este tipo de campanas, se vino arriba, le dijo a algún compañero concejal que le sostuviera el cubata y soltó lo de los deseos sexuales marxistas, él mismo autoasustado por el nivelazo de su análisis.

Pero va a ser que, en cuanto al deseo sexual, el análisis adecuado es exactamente el contrario. Es cierto que en las sociedades ricas actuales, —furiosamente individualistas, sentimentalistas, narcisistas—, la orientación sexual y la identidad de género desempeñan cada vez más un papel principal en la autorrepresentación de los individuos. La consigna “lo privado es político”, —que sí tendría un sabor marxista al apuntar al origen público, social, económico incluso, de nuestra vida psíquica—, se malinterpreta como “lo político es privado”, —que termina dando a entender que existe una autenticidad personal natural y previa, de cuya manifestación y desarrollo deberá ocuparse la política—. La constitución del deseo sexual como la clave de la identidad política no es ideológicamente inocente, y, desde luego, se encuentra mucho más lejos del marxismo (del marxismo de verdad, el de Marx) que del liberalismo político, mucho más cerca de California que de Cuba. 

Mi manual académico de variantes sexuales no incluye el marxismo

El insuperable éxito del capitalismo actual consiste en haber conseguido que los deseos dejen de ser algo que se tiene y pasen a ser algo que se es, requisito necesario para que los centros comerciales estén llenos y la peña duerma a las puertas de las tiendas de Apple la víspera de la salida al mercado de un nuevo iPhone.

No es el marxismo el que ha conseguido convertir al deseo en el DNI del individuo moderno, sino el bombardeo publicitario en el que vivimos sumergidos 24/7, desde que hace cien años Edward Bernays dejara claro que el marketing centrado en las necesidades será siempre más limitado que el marketing centrado en los deseos, especialmente si apunta a los deseos de vanidad e identidad, que son insaciables por definición y hasta por etimología. Hay una línea que une a Bernays con los deseos sexuales de los concejales de Más Madrid, sí, pero, estimado señor Fernández, le puedo asegurar que esa línea no pasa por el marxismo. 

Epílogo: Al final sí encontré referencias a los deseos sexuales marxistas. Fue en Google. Tecleé “deseos sexuales marxistas” y aparecieron decenas, seguramente cientos, de vínculos relacionados con Pedro Fernández. Como la mano de Escher que se dibuja a sí misma o las profecías autocumplidas, Vox crea las realidades que denuncia en el acto de denunciarlas, lo cual está casi al nivel de flotar en el aire tirando hacia arriba de sus propios zapatos.