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22/02/2021 11:40 CET | Actualizado 22/02/2021 11:49 CET

Más ruido de la memoria

Nunca pude ir al Real Colegio de España a hacer el doctorado, que realicé en la Facultad de Derecho de Sevilla, por ser mujer.

Real Colegio de España
Una imagen del Real Colegio de España en Bolonia.

El psiquiatra Luis Rojas-Marcos escribió: “Estoy convencido de que el olvido es un regalo de la memoria. Sin olvido, gozar de una conciencia tranquila sería difícil y perdonar casi. Os confieso que no pasa mucho tiempo sin que me diga en voz alta. Luis, ¡bendita sea tu mala memoria!”. Estoy de acuerdo con él, pero yo tengo mucho ruido en la memoria, señal de que he vivido mucho y bien. Gabriel García Márquez dijo: “A partir de cierta edad, cualquier cosa que uno escribe ya forma parte de sus memorias“.

Lo que voy a contar puede parecer menor, en esta época de furibundos debates, pero es absolutamente simbólico de la desigualdad sufrida por las mujeres desde hace siglos.

Titular de El País: Un centro solo para varones católicos de padres casados y, así, en principio, solo reparan en la noticia algunas minorías interesadas. Soy una de ellas y enseguida supe de qué se trataba el llamado oficialmente Real Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia (Italia), “la única institución medieval que aún pervive”.

Fue fundado en 1394 por el cardenal Gil de Albornoz, que lo hizo heredero universal de sus bienes. La Casa Real, Exteriores y la Iglesia, además de algunos representantes más, se sientan en su Patronato. “650 años después de su fundación, el colegio sigue concediendo una docena de becas para los estudiantes que quieran cursar el doctorado europeo de investigación en la Universidad de Bolonia. Las ayudas se conceden en función del expediente académico pero, según sus Estatutos solo pueden acceder a ella los varones españoles católicos e hijos legítimos”.

Yo tuve buen expediente académico, pero no pude aspirar a ser “bolonia” porque era mujer

Cuando estudié Derecho solo los muy buenos eran “bolonios”, así se les conocía. La “aristocracia” de la Facultad. Yo tuve buen expediente académico, pero no pude aspirar a ser “bolonia” porque era mujer. Siempre me extrañó, como tantas cosas que viví en aquellos años, y, sin embargo, a todos les parecía algo normal. Siempre había sido así, me decían: una institución medieval, privada y podían hacer de su capa un sayo.

Nunca me terminó de convencer que yo no pudiera ir a Bolonia a hacer el doctorado, que realicé en la Facultad de Derecho de Sevilla, por ser mujer. Tampoco me convencía eso de la “privacidad” de la institución, porque el título que se obtenía era reconocido por la universidad pública española. Ellos obtenían una excelencia que yo, con un buen expediente académico como ellos, no podía alcanzar. Esa meritocracia me fue vedada solo por ser mujer y, por tanto, estaba discriminada con respecto a los varones.

Aprobada la Constitución, siendo diputada, quise presentar una iniciativa suprimiendo el veto a la presencia de mujeres en el Colegio de España en Bolonia, porque iba claramente contra el principio de igualdad consagrado en la Carta Magna. Pues bien, no conseguí ni que me la admitieran a trámite. ¿Cómo nos íbamos a meter con esta secular institución de origen medieval?

Sobre muchas de estas cosas he conversado con Octavio Salazar en un libro que, editado por Renacimiento, muy pronto estará publicado. En él reflexionamos sobre “el género del Derecho”. Aunque ya no sé si tendría que decir “el sexo del Derecho”, visto como se está poniendo el debate en el seno de algún sector del feminismo. Sobre esto solo quiero dejar clara dos cosas: una, que las personas nunca son ilegales. Tampoco por su identidad sexual. Todas tienen derechos. Y, otra, que a mí no me borran. A las mujeres nos quiere borrar el patriarcado, pero desde el feminismo pelearemos, hasta que haya igualdad real.

Vuelvo a Bolonia. “Hace años —continua El País— que Exteriores quiere cambiar por decreto estos requisitos abiertamente inconstitucionales”. Pero no es fácil. Siguen con la matraca de que se trata de una institución privada, que no recibe ayudas públicas y que no está sujeta al Derecho español, ni a ningún Derecho. Añado, son alégales. Para suavizar la discriminación que suponen los estatutos ya no se exige a los becarios ser hijos “legítimos” (sic), y, desde el año pasado se anunciaron, por primera vez, becas para mujeres. Ellas estudiarán fuera del colegio, manteniendo la exigencia de “ser católicas practicantes”, además tendrán que presentar una declaración jurada de “observar buena conducta social y moral”, tal cual, como en la Edad Media.

Si el Gobierno lo consigue habrá sido más difícil que sacar a Franco del Valle de los Caídos

Parece que, al fin, puede haber una solución, aunque no me la creo mucho. Hay un dictamen del Consejo de Estado, que no es más que un órgano consultivo, que ha dicho, a requerimiento de Exteriores, que “el Gobierno tiene competencias para aprobar unos nuevos Estatutos que se acomoden a las exigencias constitucionales respetando las singularidades del colegio”. Se trata de resolver con las normas del siglo XXI una discriminación inaceptable contra las mujeres según las normas del siglo XIV. Si el Gobierno lo consigue habrá sido más difícil que sacar a Franco del Valle de los Caídos y, sin duda, infinitamente más largo.      

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