ECONOMÍA
05/06/2021 17:37 CEST

“Me harté de ser falsa autónoma”: por qué la gente se lanza ahora a opositar

La incertidumbre, la precariedad y la buena oferta de empleo público llevan a muchos jóvenes (o no tanto) a prepararse oposiciones: “Ahora es el momento”.

Carol Yepes via Getty Images

Precariedad, jubilaciones en la generación baby boom y pandemia: los astros se han alineado en los últimos tiempos para que sumergirse en el mundo de las oposiciones sea una opción cada vez más atractiva para los jóvenes y no tan jóvenes. 

Pamela, Celia, Ana, Leticia, Juanjo y Laura son sólo algunos de los que ya lo han hecho. Los seis tienen entre 25 y 30 años, los seis tienen carrera y la mayoría, también máster; sólo una de ellos sabía desde el principio que las oposiciones eran su camino, pero ni uno solo de los seis se ha arrepentido de haber decidido opositar. Llevan entre uno y tres años estudiando, tiempo en el que todos salvo Pamela se han mantenido gracias a sus padres. La historia de éxito la protagoniza Laura, que el pasado lunes, 25 de mayo, fue nombrada funcionaria de carrera, y el martes comenzó a trabajar en la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Laura, 28 años, Madrid: “Me harté de ser falsa autónoma”

Desde pequeña, Laura había oído en su casa el mantra “oposita, oposita”, porque sus padres son funcionarios, pero ella acabó estudiando Comunicación Audiovisual, y lo de las oposiciones no entraba en su cabeza por aquel entonces. “Siempre pensé que lo mejor era intentarlo un par de años en el sector privado, y ya ver si me gustaba o no”, explica. Y así hizo. Trabajó dos años en un medio digital, los suficientes como para darse cuenta de lo que no quería en su vida. “Me harté de ser falsa autónoma”, dice. 

De ahí, se fue a estudiar un Máster en Cooperación Internacional, y entonces quiso trabajar en la Agencia de Cooperación Española. “Vi que había que hacer unas oposiciones, así que me puse a estudiar”, cuenta. En noviembre de 2018 se apuntó a una academia por la que pagaba unos 200 euros al mes, y al cabo de un año pudo presentarse al primer examen de tres. La pandemia hizo que los otros dos se retrasaran, pero finalmente en octubre de 2020 hizo el último, en febrero salieron las notas, y ahora se acaba de incorporar a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Esto es calidad de vida. Sabes que nadie te va a decir que trabajes gratis, o que hagas horas extra sin compensar

Laura es consciente de que “es el momento de opositar”. “En estos años se va a jubilar la generación del baby boom, los que nacieron en los 60, por eso están saliendo muchas más plazas y la gente se está interesando más”, explica. Ella, que opositó a Gestión de la Administración Civil del Estado, ya se benefició de este aumento de oferta. “Cuando yo me presenté, salieron 680 plazas para lo mío, mientras que lo normal es que otros años salieran 100 o 200”, señala. “Ahora es el momento”, repite la joven. 

Laura se siente “supercontenta” con la decisión que tomó. “Esto es calidad de vida”, zanja. “Es una tranquilidad… y además, sabes que nadie te va a decir que trabajes gratis, o que hagas horas extra sin pagar, o que vayas a trabajar los fines de semana sin compensártelo”, enumera. “Y luego aquí tienes muchos derechos: baja por maternidad, excedencias, permisos para estudiar… te puedes mover mucho en todos los sentidos”, añade.

De momento, Laura ha empezado cobrando unos 1.600 euros netos al mes, aunque la cantidad irá subiendo con los años trabajados o si hace promoción interna. “Es un sueldo decente, y la verdad es que te renta”, resume.  

Leticia, 28 años, Ciudad Real: “Para mí era mucho peor estar buscando trabajo”

Leticia no oculta que, antes de decidir opositar, renegaba de ese mundillo y de lo que implicaba meterse en él. Su novio, Juanjo, lleva ya tres años con esto, y al verlo ella pensaba: “Esto no es para mí”. “Lo veía estudiando y me parecía horrible”, cuenta. Los dos estudiaron Traducción e Interpretación, pero ninguno de los dos ha trabajado de eso. Leticia hizo después un máster de Estudios de Género en Madrid, y de ahí pasó por becas, voluntariados y cursos… que nunca llegaron a dar resultado.   

Hasta 2019, vivían juntos en Madrid, pero ese año decidieron volverse cada uno a su casa. “Estábamos pagando un piso sin trabajo”, explica Leticia. Lo que no se imaginaban es que su vuelta a casa coincidiría prácticamente en el tiempo con la expansión de una epidemia mundial que pondría todo en standby. A ella le pilló buscando trabajo en Ciudad Real desde casa de sus padres; a él, preparándose unas oposiciones a 200 kilómetros, también en casa de los suyos.   

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Fue entre marzo y abril de 2020, en pleno confinamiento y sin visos de mejora, cuando Leticia tomó una decisión. “Veía que esto se alargaba, que cada vez había menos ofertas de trabajo y no me llamaban para nada, así que decidí opositar”, cuenta. Eligió prepararse para entrar al Cuerpo General Administrativo de la Administración del Estado, un rango “bajito”, porque “estas son asequibles en un año”. “Yo lo que quiero es trabajar cuanto antes”, recalca la joven. “Dije: ‘Oposito, tengo un trabajo fijo y, con el horario de funcionario, ya tendré tiempo libre después para hacer lo que quiera’”, resume. 

Dije: ‘Oposito, tengo un trabajo fijo y, con el horario de funcionario, ya tendré tiempo libre después para hacer lo que quiera’

A la pregunta de si se ha cansado en este tiempo de estudiar algo que no le entusiasma, Leticia responde claramente que “no”. “Es muy aburrido, porque todos los días son iguales, pero para mí era mucho peor estar buscando trabajo”, lanza. “Echas currículums, no te llaman para entrevistas, y eso se te va haciendo una bola”, describe. “Sin embargo, desde que decidí opositar, no me he arrepentido ni un día. Está bien decidido, voy a aprobar esto y luego ya puedo hacer lo que me gusta, o incluso ir subiendo de nivel por promoción interna”, plantea. Si puede, elegirá como destino el Ministerio de Asuntos Exteriores, donde no se alejaría tanto de los cursos en Cooperación y Derechos Humanos que hizo antes de ponerse a opositar.

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La buena noticia es que justo la semana pasada se publicó en el Boletín Oficial del Estado la convocatoria a estas plazas, así que Leticia calcula que le tocará pasarse el verano estudiando, y examinarse en torno a noviembre. “A partir de ahora le tengo que dedicar mínimo 8 horas al día, seis días a la semana, porque además no estoy trabajando”, dice. Leticia tiene claro que “se va a presentar muchísima gente”. “Creemos que ahora es el momento de opositar, porque han salido muchas plazas, y si vienen recortes, dejará de haber tantas”, augura.  

Esta crisis no es como la anterior: “Hay muy buena oferta de empleo público”

José María Casado Fraile, subdirector de la academia de oposiciones SKR Preparadores, corrobora esto que dice Leticia. “Hay mucha gente en paro y, a diferencia de lo que ocurrió en otras crisis, esta vez va a acompasada con un aumento de las plazas disponibles en la Administración”, explica. “Lo que pasó en la crisis de 2008 es que las plazas de oposiciones se congelaron, así que la gente no se lanzó opositar”, razona. Ahora sucede justo lo contrario. “A la crisis y el aumento de la inestabilidad laboral se ha sumado que están saliendo muchas plazas, en parte porque se está recuperando todo lo que no se convocó en los últimos años”, argumenta Casado. 

Si entre 2010 y 2014 apenas se ofertaron más de 5.000 plazas de empleo público cada año, en 2019 se superó la cifra de 38.000, y en 2020 se llegó a 28.000 plazas. Se estima, además, que en los próximos cinco años se jubilarán 340.000 funcionarios públicos, lo cual apunta a que la oferta seguirá al alza. “Eso está animando a la gente”, asegura Casado.

En general, en su academia han notado “un aumento en la demanda” desde que comenzó la pandemia, y este interés se ha hecho incluso más patente desde la semana pasada, cuando salió la convocatoria para 10.254 plazas en la Administración General del Estado (las que afectan a Leticia y a Juanjo). “En estos días no hemos dejado de recibir llamadas y mails de gente interesada”, señala Casado.

En la crisis de 2008, las plazas de oposiciones se congelaron, pero ahora están saliendo muchas

Desde la academia, explican que el perfil de los opositores es “variopinto” y depende del nivel al que aspiren presentarse, aunque en general observan una mayoría de mujeres. “Para las oposiciones de mayor nivel, hay más cantidad de jóvenes, sobre todo recién licenciados, pero cuanto más bajamos, hay gente más mayor, de entre 35 y 45 años, que suele compatibilizarlo con trabajo”, apuntan. Los precios de SKR Preparadores también varían en función del nivel, desde cursos online de seis meses de unos 300 euros para niveles bajos hasta los 210 euros mensuales (aparte de la matrícula) para preparar las oposiciones de mayor nivel.

Ana, 26 años, Zaragoza: “Soy profesora de academia y alumna a la vez”

El aumento en el interés por opositar es tan real que Ana ha conseguido, en plena pandemia, un puesto en la academia donde ella misma se estaba preparando unas oposiciones. 

Cuando acabó la carrera de Derecho en 2016, Ana tenía claro que quería meterse a opositar, y desde hace tres años se prepara para entrar al Cuerpo Técnico de Gestión de la Diputación General de Aragón. Lo que no estaba en su mente era la pandemia, que retrasó todo el proceso aunque le trajo una alegría: “Gracias este aluvión de gente que se ha animado a opositar por la pandemia, yo trabajo ahora preparando oposiciones”.

Por las mañanas explico las leyes y por las tardes me las explican a mí

Ahora Ana es “profesora de academia y alumna a la vez”. “Por las mañanas explico las leyes y por las tardes me las explican a mí”, cuenta. La joven está convencida de que el creciente interés por opositar se debe a la “incertidumbre bestial” que ha traído consigo el coronavirus.   

De media, calcula que sus alumnos tienen alrededor de 40 años. “Hay mucha gente con carrera, más de la que se puede esperar, pero muchos están en un ERTE, vienen por la inseguridad económica y laboral, o por el boca a boca al enterarse de que van a sacar plazas de algo”, abunda.

Pamela, 28 años, Zaragoza: “No me puedo costear una academia”

Pamela es de esos casos de personas en ERTE metidas a opositar que comentaba Ana. Ella estudió Historia del Arte, pero antes de la pandemia trabajaba de camarera en un bar que tuvo que cerrar temporalmente por el virus. Pamela entró en un ERTE que acabó en despido, y eso le hizo finalmente dar el paso. Ahora se prepara dos oposiciones, una de personal laboral de Correos y otra de Auxiliar Administrativo para la Diputación General de Aragón.

Fue en la cuarentena, durante el ERTE, cuando Pamela se dijo a sí misma: “Esto es serio, hay que sacarse una oposición”. “Me di cuenta de que el futuro laboral que podía tener habiendo estudiado Historia del Arte no era tan seguro, o tan estable, como el que tendría con una plaza fija que me da una oposición”, explica.

Carol Yepes via Getty Images

Pamela insiste en que durante mucho tiempo rechazó la idea de opositar: “Soy de las personas que más de una vez ha pronunciado el ‘yo no voy a estudiar oposiciones’”. “No me veía dedicándome meses o años a estudiar, porque ya había invertido dinero y tiempo en la universidad”, explica. Al final, la precariedad se cruzó en su camino, en noviembre de 2020 se le acabó el ERTE y no le renovaron, así que se quedó sin trabajo. Ahora tiene claro que lo que quiere es “tener una situación económica tranquila y fija”.  

No me veía dedicándome meses o años a estudiar, porque ya había invertido dinero y tiempo en la universidad

Pamela vive con su novio, que sí trabaja, pero a ella se le acaba el paro enseguida, así que decidió no apuntarse a una academia y prepararse las oposiciones por su cuenta, comprándose los temarios y con los recursos a los que puede acceder en internet.

“No me puedo costear una academia”, lamenta. Precisamente, sus mayores temores están relacionados con eso: por un lado, le da miedo llegar al examen y no estar tan preparada como quienes hayan pagado por ir a clase; por otro, está “continuamente” pensando que necesita esa plaza sí o sí. “Si no, ¿a qué me voy a dedicar? ¿Qué ingresos voy a tener? Ahora, aunque esté con esto, sigo echando currículums”, dice.

Celia, 27 años, Zaragoza: “Soy una mantenida total”

Celia estudió Filología Clásica e hizo el máster de Educación, pero estuvo un año echando currículums en colegios y academias y no encontró “nada de nada”.

En 2018, por consejo de una amiga, decidió empezar a prepararse unas oposiciones para administrativo de la Diputación General de Aragón, y desde entonces ese es su plan A. Lleva dos años y medio dedicándose a ello “a tiempo completo” con una academia, y reconoce ser “una mantenida total”.  

Muchísimos jóvenes no empezamos a cotizar hasta los 30 años, y esto parece una chorrada, pero son cosas importantes que también te planteas

Como ella, la mayoría de las entrevistadas para este reportaje ha tenido la ‘suerte’ de poder contar con techo y ayuda económica de sus padres. En casos como el de Pamela, cuando no existe ese sustento, todo se complica más, y la gente suele compaginar las oposiciones con trabajos, además de tener que descartar la opción de ir a academias. 

Quienes viven en casa de sus padres también lo pasan mal. Ana agradece el hecho de que los suyos “no se quejan” y pueden pagarle un preparador. Pero no todo es tan bonito. “Hay muchísimos jóvenes en mi situación que no empezamos a cotizar hasta los 30 años, y esto parece una chorrada, pero son cosas importantes que también te planteas”, lamenta. 

Lo más difícil, “mantener la salud mental”

Para Ana, lo más duro de este proceso es la incertidumbre y la espera. “Llevo tres años esperando un examen que no llega”, se queja. “Y son cinco plazas”, añade. “Estudiamos sin saber cuándo vamos a tener el examen, y al ver que no sale, me desalienta y pienso: ‘Se han olvidado de nosotros’”, cuenta.  

Vas viendo que la vida pasa, que te acercas a los 30, y eso agobia

Para Laura, lo más duro ha sido “mantener la salud mental”. “Estás dedicándole ocho horas al día, seis días a la semana a algo que no sabes si vas a conseguir”, admite. Ella desarrolló un insomnio por el que acabó tomando melatonina para dormir. “Eso fue lo peor, y de hecho todavía no me he recuperado”, dice.

En el caso de Leticia, lo que más le ha costado sobrellevar es la carga psicológica de tener que volver a la casa familiar diez años después de haber salido de ella. Con 27 años, le tocó retornar, adaptarse de nuevo a los horarios y a la convivencia familiar, y asumir que la relación con su novio sería a distancia. “Es muy difícil reconoce, porque además vas viendo que la vida pasa, que te acercas a los 30, y eso agobia”.

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