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04/05/2020 14:17 CEST | Actualizado 04/05/2020 17:33 CEST

“No nos adelantamos a lo que iba a pasar, así que ahora tenemos que ser humildes”

A José María Eiros, jefe de Microbiología en un hospital de Valladolid, el coronavirus le ha hecho replantearse su labor: "Tendremos que reparar a la humanidad con algo".

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José María Eiros

“Humildad”. Esta es la palabra que más repite José María Eiros, jefe de Microbiología en el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, durante su entrevista con El HuffPost. Como catedrático de Medicina y referente en el estudio de virus, especialmente el de la gripe, Eiros fue nombrado portavoz del grupo de expertos para el coronavirus en Castilla y Léon en el punto álgido de la epidemia. Pero, por ironías de la vida, lo que más le ha hecho aprender de este virus no han sido sus conocimientos académicos, sino su paso por el hospital, esta vez como paciente, por culpa del mismo coronavirus que estudiaba.

“Ya no me atrevo a hablar”, contesta Eiros cuando se le pregunta por las posibilidades de una segunda onda epidémica. “Hemos metido tanto la pata que este virus ha servido como llamada a la humildad”, afirma.

“Ya se sabía de antes que un coronavirus podía causar una pandemia; pero cuando las autoridades chinas avisaron el 31 de diciembre a la OMS de que tenían casos de una neumonía desconocida, pocos nos imaginamos la dimensión que iba a tener esto”, explica el microbiólogo. “Cuando vimos aquello de que construyeron un hospital en 10 días y demás, no alcanzamos a ver que eso mismo nos podía ocurrir”, insiste. “No nos adelantamos a lo que iba a pasar, así que ahora tenemos que ser humildes”, recalca.

El virus no me ha llevado por delante de milagro

A sus 61 años, José María Eiros todavía se emociona cuando recuerda su ingreso por Covid-19 en el mismo hospital en el que trabaja. El virus le provocó una neumonía bilateral que lo mantuvo dos semanas en cama. “No me ha llevado por delante de milagro”, dice.

En esos días de aislamiento, Eiros no ha dejado de pensar en lo bueno y lo malo de esta crisis, sobre todo en lo segundo, y en cómo subsanar los errores cometidos y la falta de previsión. “A mí me toca entonar el mea culpa; metí la pata como todos, como humanos que somos”, recuerda Eiros. “Luego estuve ingresado y enfermo, y eso me dio tiempo a estar aislado, a pensar. He visto con mucho dolor cómo se morían compañeros de la planta y cómo el virus ha hecho tanto daño. Esto me entristece mucho”, lamenta. “Tengo la sensación de que tendremos que reparar a la humanidad con algo. Tenemos que revisar lo que hemos hecho mal y diseñar estrategias que nos permitan ayudar de verdad”, sostiene este médico.

De su paso por el hospital, siempre le acompañarán el recuerdo de “las muertes, la letalidad, los compañeros ingresados y la soledad tremenda”; pero, también, “lo heroico de muchas personas anónimas”, dice. Eiros habla del “cariño y la dedicación” con los que ha sido tratado por unas personas anónimas, principalmente enfermeras, que no sabían que él era jefe del hospital o médico siquiera.

Tengo la sensación de que tendremos que reparar a la humanidad con algo. Ojalá las nuevas generaciones tengan un mejor conocimiento

Su recuperación es lenta, pero la afronta con ánimo y nuevas perspectivas. Con todas las cosas malas que ha traído esta epidemia, a Eiros le queda la esperanza de que la próxima nos pille más y mejor preparados. “Ojalá las nuevas generaciones tengan un mejor conocimiento”, pide. “Que haya una formación para los niños y niñas de secundaria y de bachillerato; que estudien los grandes temas importantes en salud pública: las vacunas, los antibióticos, las mismas epidemias”, enumera. “Esto es muy importante”.

Ahora el afán de este médico es que que la crisis sirva de algo. “Hemos visto que esto puede ocurrir. Como seres humanos, no creíamos que nos íbamos a ver así, y nos vemos. Y es muy duro”, describe Eiros.

El microbiólogo no deja de repetirse, y de preguntarse, cómo es posible que el virus haya pillado al mundo tan desprevenido. “Sinceramente, no lo vimos venir”, reitera. “Pero así es la vida. Tengo compañeros que dicen que ellos sí, pero yo, humildemente, no”, se resigna Eiros. “Para mí, sin duda, esto ha sido una llamada a la humildad”.

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