VIRALES
07/04/2020 15:12 CEST | Actualizado 08/04/2020 10:02 CEST

Cómo este médico de pueblo ha logrado que en su localidad haya cero casos de coronavirus: "No hay milagros"

Eduardo Comas alertó pronto a sus vecinos del peligro que se venía con el COVID-19.

Eduardo Comas
Eduardo Comas, en la puerta del centro de salud de Cedrillas.

Cedrillas, un pequeño municipio de Teruel de poco menos de 700 personas, ha dejado de golpe el anonimato para convertirse en uno de los pueblos más envidiados de España.

Gracias al personal sanitario del ambulatorio, esta pequeña localidad puso en marcha un plan de prevención ante la inminente llegada del coronavirus que hasta el momento ha salido a la perfección. Tras más de un mes de pandemia, Cedrillas registra cero contagiados y solo un caso sospechoso. 

Al frente del equipo de coordinación está Eduardo Comas, un médico de 61 años nacido en Barcelona pero que lleva tres décadas en el ambulatorio de Cedrillas. “Empezamos a ver que la epidemia de China se acercaba. Pasó por Irán, Corea, Italia y pensamos que los siguientes íbamos a ser nosotros. Algunos no lo vieron, pero otra mucha gente sí”, cuenta a El HuffPost este doctor, que si ya tenía ganados a sus pacientes antes, ahora el cariño va a ser todavía mayor. 

Tres días antes de que en Madrid se celebrará la manifestación por el 8M, el mitín de Vox, se disputaran las correspondientes competiciones deportivas o Isabel Pantoja llenara el Wizink Center, Comas estaba celebrando una reunión con la residencia del municipio para empezar a tomar medidas de seguridad.

Ese cinco de marzo, se informó que en España únicamente había 237 contagiados y tres muertos, mientras que el Gobierno de Aragón aún ni diferenciaba por provincias, ya que solo se habían registrado tres casos y ningún fallecido. Pero en cambio, Italia sí que empezaba a preocupar, con casi 4.000 contagiados y 148 muertos. Había que evitarlo, ese fue su pensamiento.

“Nos reunimos con los trabajadores de la residencia y les dijimos que tomaran las medidas apropiadas. Eso nos ha ayudado mucho”, narra. Desde entonces, solo han dejado entrar a un par de personas por causa mayor: “Por ejemplo una lo hizo por la puerta de servicio, previa desinfección y lavado de manos y pies, llevando una mascarillas y yendo directamente a la habitación de su padre, de la que no salió”.

A los proveedores de suministros, por ejemplo, también les obligaban a dejar la mercancía fuera para reducir al mínimo las opciones de contagio. 

En colaboración con el Ayuntamiento, explica, fueron informando tanto él como los otros dos médicos y enfermeras que hay en el ambulatorio a los ocho pueblos que atienden diciéndoles que tenían que lavarse las manos con frecuencia y separarse. “No hay más misterio. Ni milagros ni nada, hay que ser lógicos”, señala.

Asimismo, como no tenía las competencias para cerrar bares, pidieron que ahí también respetaran las medidas de higiene adecuadas. Todos les hicieron caso y el resultado salta a la vista: cero contagiados, solo un sospechoso que, por supuesto, está en cuarentena en su domicilio.

Comas comenta que otro de los factores que ha ayudado a la contención del virus en la zona es la despoblación en la que se encuentra Teruel, aunque en Soria esta falta de recursos ha puesto en una situación crítica a la provincia: “Si hubiéramos tenido metro, autobús, Corte Inglés o cines pues no habría sido lo mismo y habríamos hecho muy poco. Además, de toda la gente que viene a pasar el verano solo ha venido una persona”.

Eduardo Comas
El resto del personal médico de Cedrillas en la consulta del ambulatorio.

En el municipio nadie le tachó de alarmista, solo tuvo alguna queja puntual de vecinos que se quedaron sin ir a ver su familiar a la residencia. Este hecho lo justifica describiendo a la población del mundo rural: “Tienen mucha fe en su médico de cabecera, sobre todo, si es un poco humano. Si les hablas de tú a tú, lo entienden. Al principio hubo alguno que protestó un poco por no poder entrar, pero luego todos lo entendieron muy bien. Tienen fe en el sistema sanitario”. 

Ese contacto tan directo con sus pacientes también le está facilitando las cosas durante esta cuarentena. Según narra, cuando él llega al centro de salud llama a las personas que han contactado. Si es para solucionar algún trámite, lo hace por teléfono, mientras que si lo tiene que citar lo hace con normalidad. Solo hay una excepción: los que presentan un cuadro respiratorio. Entonces entra en juego el hecho de conocer los antecedentes clínicos del paciente.

Así lo describe Comas: “Si me llama un paciente que sabemos que tiene un cuadro bronquial varias veces al año, tengo que ir con mucha precaución porque no sé si es coronavirus. Me envían fotos, las miro y le doy el tratamiento adecuado como si fuera esa bronquitis que tiene siempre. Si se le pasa sé que no es COVID-19. Pero como lo sé unos días después, hasta saber su evolución lo tengo aislado”.

Esto es lo que le ha pasado con ese paciente sospechosos de haberlo cogido. Como tiene síntomas que podrían ser a causa de este virus, le dijo que se quedará en casa. El resto de pacientes a los que se le han hecho la prueba han dado negativo. 

Crítico con la gestión de la atención primaria 

Si hay una cosa que le achaca Eduardo Comas al Gobierno es la gestión que ha habido con la Atención Primaria, a la que considera que se le ha dejado vendida contra el virus. 

“Es como si fuera una guerra contra el coronavirus, nosotros tenemos un ejercito que se llama sanidad y la primera línea defensiva es la Atención Primaria, que es la mejor del mundo con la noruega, pero nos la hemos saltado a la torera”, relata. Entre los errores, describe que se le ha dejado sin equipos de protección, test o tratamientos con los que poder disminuir la carga viral. 

Esto ha hecho, continúa, que la primera línea que se haya enfrentado al virus sea la de los hospitales, la que tendría que haber sido teóricamente la segunda: “Si no nos la hubiéramos saltado no habrían colapsado tanto los hospitales y no habría muerto tanta gente”.

Comas también cree que habría que haber tomado las medidas oportunas diez días antes, para haber contenido la propagación.

Además, y aunque califica de “bastante” el peso que ha tenido la economía en esta decisión, el hecho de haber empezado antes habría mitigado algo la crisis económica posterior porque ahora va a venir una “bofetada muy importante”.

“Pero ahora es el momento de ir todos juntos contra la enfermedad, ya pediremos responsabilidades después”, concluye.

Hasta entonces, Cedrillas luchará unido por ser uno de esos sitios que se han convertido en la verdadera resistencia contra el coronavirus.  

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