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16/07/2019 07:15 CEST | Actualizado 16/07/2019 12:46 CEST

Medio siglo del viaje a la Luna en 28 hermosos pasajes literarios de todas las épocas

Hace medio siglo el ser humano llegó a la Luna, uno de los lugares que a través de los tiempos ha tenido como más misterioso y con el que ha soñado y dado rienda suelta a su imaginación. Fue el 20 de julio de 1969 cuando la nave Apolo 11 alunizó. WMagazín celebra este hito con una antología de algunos de los 28 pasajes literarios más hermosos de todas las épocas donde la Luna aparece en sus diferentes formas y significados.

Veintiocho textos, el mismo número de días que tarda la Luna en dar la vuelta a la Tierra. Este especial será una antología en construcción que empezamos este 15 de julio con siete pasajes y continuaremos el martes con otros siete, luego el jueves y luego el viernes los últimos siete hasta completar los 28 pasajes literarios con la Luna como protagonista. Así, el 20 de julio, día del cincuentenario, la imaginación de los escritores brillará lo más completa posible. Los pasajes aparecerán en el orden cronológico en que fueron conocidos o publicados, y cada entrega incorporará nuevos textos para darle dinamismo a la antología.

La Luna siempre ha sido más misteriosa que el Sol. Los primeros seres humanos tenían claro que el sol era el mismo siempre en sus formas y gracias a él tenían luz y alimentos. En cambio la luna dominaba las tinieblas y cambiaba su forma constantemente. Muchas preguntas ha suscitado. La Luna ha estado presente en la mitología de todas las culturas y reflejada en los libros desde sus inicios.

Bienvenidos a un viaje a la Luna a través de 28 bellos pasajes literarios:

Medio siglo del viaje a la Luna en 28 hermosos pasajes literarios de todas las

 

La Luna en 28 pasajes literarios

La epopeya de Gilgamesh (3.500 a. C.)

Aunque en el Gilgamesh, el texto más antiguo conocido de hace 35 siglos, la Luna no aparece al comienzo con su nombre su presencia indirecta ilumina parte del final de la primera tablilla:

“Antes (incluso) de que desde el desierto,
hayas llegado hasta él,
En Uruk,
él ha soñado contigo.
Y en cuanto se levantó
le habló a su madre
y le contó sus sueños.
’(He aquí), madre, el sueño.
(Que) he tenido esta noche:
(Mientras) me rodeaban
las Estrellas celestes,
una especie de bloque (venido) del Cielo
cayó pesadamente junto a mí”.

Safo: Se ha ocultado la Luna (580 a.C)

Se ha ocultado la luna
También las Pléyades
Es la media noche y las horas se van deslizando,
y yo duermo sola.

William Shakespeare: Romeo y Julieta (1599)

Romeo- Te juro, amada mía, por los rayos de la luna que platean las copas de los árboles.

Julieta- No jures por la luna, que en su rápido movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su constancia.

Cyrano de Bergerac: Viaje a la Luna (1657)

“En la Luna sólo los animales andan sobre dos patas, por eso confunden al viajero protagonista con un avestruz. Al utilizar las cuatro extremidades, los lunáticosmiran al suelo con orgullo, pues así contemplan los bienes de los que son señores; lacabeza erguida de las bestias muestra, en cambio, su actitud suplicante ante el Cielo por depender de los cuadrúpedos. ¿Y su lenguaje? Existen dos idiomas: el que habla el pueblo y el de la grandeza. Éste último es melódico y, en caso de afonía, la entonación puede suplirse con instrumentos musicales. Una aburrida conversación filosófica en la Tierra sonaría en la Luna como un armonioso concierto. El pueblo no da para tanto y se expresamediante gestos y convulsiones. Unos y otros se alimentan del olor y, para que el cuerpo pueda absorber mejor los nutritivos vapores, es habitual desnudarse antes de comer”.

Mary Shelley: Frankenstein (1823)

Cuando desembarcamos acababan de dar las ocho. Paseamos unos instantes por la orilla, gozando de la quietud del crepúsculo, y nos dirigimos de inmediato a la posada en donde, cuando hubo anochecido, contemplamos desde el balcón el maravilloso paisaje del agua, selvas y montañas que las tinieblas llenaban ahora de misterio. El viento del sur, que había cesado casi por completo, cambió al oeste y se puso a soplar con violencia. La luna, tras haber alcanzado su cénit, comenzaba a declinar; las nubes corrían ante ella, más veloces que una banda de buitres, haciéndola desaparecer en algunos momentos. Las aguas del lago comenzaban a ser agitadas por las olas.

Herman Melville: Moby Dick (1851)

Días pasaron, semanas, y bajo plácida vela el marfileño Pequod había lentamente surcado cuatro distintos caladeros; el de las Azores; el de las Cabo Verde; el de la Plata (así llamado), al estar en aguas de la desembocadura del  Río de la Plata; y el caladero Carrol, una zona acuática no delimitaba al sur de Santa Elena.

Fue mientras se deslizaba por estas últimas aguas que una serena noche de claro de luna, cuando todas las olas ondeaban como rodillos de plata; y con su suave, envolvente borbotear, creaban lo que parecía un argénteo silencio, que no soledad: en tan silenciosa noche, un surtidor plateado fue visto muy por delante de las blancas burbujas de la proa. Iluminado por la luna, parecía celestial; semejaba algún dios emplumado y refulgente que surgiera del mar.

“¡Allí resopla! ¡Allí resopla! ¡Una joroba como un monte nevado! ¡Es Moby Dick!

Inflamados por el grito que pareció ser coreado simultáneamente por los tres vigías, los hombres de cubierta se precipitaron a la jarcia para observar a la famosa ballena que tanto tiempo habían estado persiguiendo. Ajab ya había alcanzado su pértiga de destino, unos pies por encima de los otros vigías. (…) A los crédulos marineros les parecía el mismo silencioso chorrear que hacía tanto tiempo habían observado en los océanos iluminados de luna del Atlántico y el Índico. (…) Con ondulante celeridad, directos a sotavento, Ajab encabezaba el asalto. Un pálido fulgor mortal prendía los hundidos ojos de Fedallah; una espantosa mueca roía su boca.

Federico García Lorca: Romance de la Luna (1928)

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
habrían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

 

Puedes continuar leyendo los 28 pasajes literarios sobre la luna en este enlace.

 

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