Vale, le has mentido a tu pareja. Ahora, ¿cómo se lo cuentas?

Están las 'mentirijillas' y luego, las faltas de lealtad.

La terapeuta de parejas Becky Whetstone distingue dos tipos de mentiras en un matrimonio: mentiras piadosas, como decir que te encanta pasar las vacaciones con tus suegros (aunque luego pases todo el tiempo a disgusto en su casa) u omitir el dato de que has agregado a tu expareja a tus redes sociales. No es nada digno de elogio, pero tampoco es un crimen.

Y luego están las faltas de lealtad.

“Las faltas de lealtad son actos completamente inaceptables que ocultas o niegas y que con toda certeza dañan la relación, como las infidelidades, el abuso verbal o emocional y las adicciones”, explica la terapeuta.

La gravedad de las mentiras varía, pero el razonamiento subyacente tiende a ser el mismo.

“En ambos casos, es un intento por mantener la reputación de persona buena y honesta, o la clase de reputación que quieres tener a ojos de los demás, o una forma de protegerte de la reacción negativa de las otras personas”, expone.

Todo el mundo sabe que es dañino para las relaciones íntimas, pero es muy habitual que suceda en algún momento. Una vez que has dicho una mentira piadosa ―o una mentira potencialmente destructiva―, ¿cómo se lo dices a tu pareja? Esto es lo que aconsejan los terapeutas:

Cómo admitir que le has contado una mentirijilla

Escoge un buen momento.

Elegir el momento adecuado lo es todo. Si sabes que tu pareja tiene que hacer una presentación importante al día siguiente, aplaza la conversación. Si está haciendo la cena, espera también. Tiene que ser un momento relajado de desconexión, recomienda Whetstone.

“Lo mejor es no tener que sacar el tema de la nada, sino esperar a que salga de forma natural”, propone. “Por ejemplo, si tu pareja dice que hay que comprar ruedas nuevas para su nuevo descapotable, es un buen momento para confesar que ya cambiaste una de las ruedas hace poco cuando pinchaste la vieja contra un bordillo. Ups”.

Las formas son importantes: no lo sueltes de golpe ni dramatices.

Una vez que has decidido contarlo, es posible que tengas ganas de quitártelo de encima cuanto antes, pero maneja la información con cuidado. Soltar la verdad sin tacto es un error infantil, señala el terapeuta Kurt Smith.

“Tómate unos minutos para pensar qué palabras vas a emplear para que se lo tome de la mejor manera”, aconseja Smith. “Conociendo a tu pareja, ¿cómo crees que se tomará esa noticia? En función de eso, ajusta el mensaje y el momento”.

Tampoco añadas dramatismo si de verdad es una mentira pequeña.

“Decirle a tu pareja que tienes que contarle algo con una frase como ‘Tenemos que hablar’ crea una expectación muy negativa. Se tomará mejor lo que tengas que decir si lo haces con naturalidad. Cuéntale la verdad como parte de una conversación normal, no como una conversación importante”, propone Smith.

Discúlpate de verdad.

Parece una obviedad, pero muchas personas se saltan este paso.

“Si has mentido o traicionado a tu pareja, deberías decir ‘lo siento’ y explicar por qué lo sientes. La humildad y la fortaleza que requiere pronunciar esas palabras te serán de gran ayuda para que tu pareja te escuche y acepte tu confesión”, recomienda.

Cómo admitir que le has contado una mentira grave

Trata el tema con la gravedad que merece.

Una mentira grande exige que lo asumas con una gran humildad. Así como con las mentiras pequeñas el objetivo es admitirlas sin dramatizar, cuando admites una mentira de este tipo no debes minimizar su importancia. Trátala como el gran problema que es y prepárate para una reacción acorde de tu pareja, advierte Whetstone.

“Debes asumir la responsabilidad con humildad, ya que si intentas minimizar el asunto, es probable que agraves la reacción de tu pareja y empeores el problema”, avisa. “Trata el tema con seriedad y después sé transparente, cambia y libérate”.

Utiliza el “método Oreo”.

A la hora de confesar una mentira, independientemente de la gravedad, la terapeuta familiar y matrimonial Sheri Meyers cree firmemente en el “método Oreo”: empiezas con una galleta de chocolate (algo para suavizar el golpe) —“te quiero y te tengo que contar esto porque quiero que tengamos una relación fuerte, cariñosa y honesta. Odio los secretos y las mentiras”, por ejemplo— y, seguidamente, metes la crema (la admisión de tu mentira, tu error, tu culpa o tu conducta).

“Dile a tu pareja qué ha ocurrido y por qué”, sugiere Meyers. “A estas alturas, no le cuentes los detalles más duros. Primero habrá reacciones y preguntas que afrontar”.

Cierra con otra galleta de chocolate (una acción o puntualización positiva). “Empieza con amor. Asume la responsabilidad de lo que sabes que has hecho mal. Expresa tu arrepentimiento y luego tu deseo de hacer lo correcto. Termina con amor. Di: ‘Mi comportamiento no tiene excusas. Es culpa mía. Quiero que nuestra relación sea más fuerte y sana que nunca’”, propone.

No repartas culpas ni escurras el bulto.

Cuando estás arrinconado, aunque sea por culpa de algo que has hecho tú, la reacción natural es intentar justificarte. Sin embargo, al hacerlo, te estás quitando culpas: “Te puse los cuernos porque emocionalmente no he podido contar contigo desde que tuvimos al bebé”, por ejemplo. Eso es lo que no debes decir, aclara Smith.

“Siempre es útil dar explicaciones para ayudar a tu pareja a comprender lo que le estás contando, pero asegúrate de no echarle la culpa por lo que tú has hecho, aunque haya influido. Asume toda la responsabilidad de tu conducta y tu pareja no se tomará tan mal tu error”, asegura.

Ten pensado cómo actuar tras revelarle la verdad.

La reacción de tu pareja quizás te pille por sorpresa. Visualiza el mejor y el peor escenario para después de la conversación, aconseja Liz Higgins, terapeuta personal y de parejas.

“Ten pensadas acciones concretas que puedas emprender en cuanto termines para mostrarle a tu pareja que vas en serio en lo de buscar soluciones sanas. Y acepta que, hagas lo que hagas, tu pareja tiene derecho a sentirse como quiera y a tomar las decisiones que necesite”, recalca Higgins. Pero tampoco pienses que debéis hacerlo solos: considerad la posibilidad de buscar algún psicólogo para que os ayude después de la revelación.

“Necesitas analizar qué te llevó a mentir en vez de decir la verdad y darte cuenta de que quizás tenga más que ver contigo que con algo que falta en tu relación. La terapia puede ayudarte con eso”, señala Higgins.

Recuerda que es posible que las cosas vayan a mejor.

Tal vez te parezca un momento crítico de la relación, pero si ambos os comprometéis para solucionar el problema, solo puede ir a mejor. Cuando ocultas algo o mientes, inevitablemente afecta a tu humor, tu comportamiento y tu forma de hablar, justifica Smith.

Cuando te quitas la carga de una mentira, te liberas, puedes ser transparente, volver a ser tú, y eso es positivo para tu relación y tu pareja. Además, la sinceridad refuerza la intimidad.

“Cuando somos sinceros con nuestra pareja, se refuerza nuestra conexión. Nuestra relación se vuelve más fuerte y profunda al ser sinceros y admitir que cometemos errores y no somos perfectos”, concluye.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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