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25/07/2019 18:14 CEST | Actualizado 25/07/2019 18:16 CEST

Michael Morkov, el carpintero de la 'pista', el último en la etapa del Tour

A más de 42 minutos de Nairo Quintana.

DECEUNICK-QUICK STEP

Llegaron los Alpes, con el Izoard y el Galibier, pero todo sigue por decidir. Quedan dos etapas de alta montaña y el Tour continúa en el aire. Hoy ha tocado alegría para Movistar con la victoria de Nairo Quintana y sufrimiento bien gestionado para el equipo del líder Julian Alaphilippe. El que más y el que menos, a todos los del Deceunick-Quick Step les está tocando un curro que no se esperaban a estas alturas. Bendito problema, pensarán.

El último de este decimoctavo capítulo de la ronda francesa ha sido Michael Mørkøv , el lanzador del particular ‘treno’ de la formación en los sprints y compañero del maillot amarillo. El danés -son cada vez más sus compatriotas- es un consumado especialista en pista, donde acumula medallas olímpicas, mundiales y europeas. En ruta, de vez en cuando, también se ha dado alguna alegría, como en la Vuelta a España 2013 o varios campeonatos de su país.

A sus 34 años y tras muchos kilómetros de profesional en los mejores equipos Saxo-Bank, Kathusa..., Mørkøv es un ciclista bastante ‘mainstream’ en sus gustos: Juego de Tronos, rock clásico, jugar a la Play, las películas de James Bond... No tiene demasiado misterio en sus pocos ratos libres. Eso sí, su profesión previa sí resulta curiosa para un ciclista: carpintero. A este oficio le dedicó muchas horas de joven; la bici no siempre le ha dado de comer.

Ahora sí. Aparte de sus éxitos en la pista, su hueco en carretera viene por su habilidad lanzando a sus particulares jefes de filas. Un corredor de equipo del que varios velocistas han llegado a reclamar su fichaje.

Desde luego, la montaña no es su hábitat natural, aunque a veces haya ido ‘contra natura’ y se haya permitido el lujo de lucir el maillot de líder de la montaña en el Tour hace unos años. Eran tiempos de mayor libertad para este combativo danés que ahora se ve ‘frenado’ hasta los últimos metros. Ahí sí se luce.

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