BLOGS
11/06/2019 15:30 CEST | Actualizado 11/06/2019 17:34 CEST

Mil asesinos

EFE

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003.

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003. Cuando se habla de “terrorismo machista” no es por cualquier cosa. ETA asesinó a sangre fría a 854 personas en 50 años. El machismo ha superado esta cifra en menos de dos décadas. Cada año, la cifra de víctimas oficiales —casos como los de Laura Luelmo o Diana Quer no entrarían en esta estadística— supera el medio centenar de mujeres. ¿Qué pasaría si más de 50 personas muriesen por algún tipo de enfermedad como el ébola cada año? ¿Se declararía emergencia nacional? ¿Y si fuesen políticos o futbolistas? 

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003. No es difícil encontrar en Google los nombres y apellidos de estas 1.000 mujeres asesinadas. Pero, ¿y el de los asesinos? Medios de comunicación —nosotros no somos una excepción—, administraciones y partidos políticos se han centrado —con razón— en las víctimas, las ausencia o carencias de las medidas de protección y la formación de los especialistas. Pero pocos se han parado a saber qué ha sido de los asesinos. Cuáles son sus nombres y por qué se difunden los datos de la víctima y no del autor del delito. 

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003. Mil hombres han quitado la vida a sus compañeras sentimentales en una quincena de años. Casi nadie discute que hay que mejorar las condiciones de las mujeres denunciantes y que aún quedan muchas políticas públicas de igualdad que mejorar pero, ¿a nadie le preocupa que más de mil señores hayan asesinado a sangre fría a sus parejas? ¿Qué estamos enseñando a los hombres? ¿Se pone el foco todo lo que se debería en los asesinos? 

Dejemos de poner toda la atención en las víctimas y cuestionemos la masculinidad tóxica que lleva a miles de hombres a matar.

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003. La educación, la formación y la concienciación son esenciales a la hora de tratar de acabar con la violencia machista. Dejemos de poner toda la atención en las víctimas y cuestionemos la masculinidad tóxica que lleva a miles de hombres a matar. Porque estos asesinos son sólo la punta del iceberg de un problema mucho más grande: la violencia física y psicológica que sufren millares de mujeres a la sombra de la alcoba y que aún no se ha visibilizado lo suficiente. 

Mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003.  Sí, pero la doble lectura es que el machismo ha formado a más de mil asesinos en ese tiempo.  Igual de importante es protegerlas a ellas que educarlos a ellos. 

 

Para leer más sobre mujeres y feminismo síguenos en Tarjeta Morada. 

PULEVA PARA EL HUFFPOST