'Mil novecientos setenta sombreros', multiplicar por circo

'Mil novecientos setenta sombreros', multiplicar por circo

Un payaso anuncia que lo deja. Abandona. Como quería Mafalda, para el mundo, su mundo, al que no encuentra ya sentido, para bajarse.

.Circo Price (Estudio Perplejo)

Desde hace ya muchos años el circo está renovándose. El circo español, también. Y el Circo Price de Madrid ha estado apostando por dicha renovación con producciones propias y con su programación regular. Mil novecientos setenta sombreros es uno de esos espectáculos renovadores. Una obra que acerca al público español a su historia circense y literaria. Además, lo hace con belleza, poesía, música (¡qué bien suena!), humor y Pepe Viyuela. Bien mezclado en un espectáculo para todos aquellos adultos que se atrevan a disfrutar como niños.

La idea conductora es simple. Un payaso anuncia que lo deja. Abandona. Como quería Mafalda, para el mundo, su mundo, al que no encuentra ya sentido, para bajarse. Posiblemente, el sueño adulto de muchos de sus espectadores que viven cada día en un mundo sin sentido, o con el único sentido de cobrar a fin de mes para comprar en la cadena de supermercados más barata los productos que este mismo periódico dice que son tendencia y que se agotan.

Esto hace que los todavía recordados artistas y los ya olvidados empresarios del antiguo Circo Price, el que estaba en la Plaza del Rey, que cayó bajo la piqueta de la especulación inmobiliaria en 1970, se revuelvan en sus tumbas y vuelvan a este mundo para tratar de convencerle de que siga, de que continúe. 

Así irán pasando por la pista Charlie Rivel (fantástica recreación y homenaje los que hace Pepe Viyuela). El empresario de circo Arturo Castilla excusándose por haber dejado la pista y haberse dedicado a hacer equilibrios y malabares con los números. Artista él también y creador de un tipo de chistes, esos que empiezan con “Qué le dijo…” La trapecista Pinito del Oro, a la que todavía sigue recordándose, llena de glamur. El faquir Daja Tarto comiendo cristales y sufriendo dolor que en definitiva es lo que más le gustaba. Hasta ese modelo de mujer empoderada y libre que fue Matilde de Fassi en la pista en pleno siglo XIX.

  Pepe Viyuela. Circo Price (Estudio Perplejo)

Artistas que son recreados a su vez por buenos artistas de circo actuales. Que no recurren al más difícil todavía. Es decir, a hacerlo cada vez desde más arriba, grande o espectacular. A hacer un quíntuple o séxtuple salto mortal. Sino a hacer muy bien y con poesía lo que tienen que hacer. Pequeños números circenses montados como si fueran representados en un circo que acompañase a una hermosa y bonita casa de muñecas. Más basado en los detalles, en cuidar lo pequeño, lo mínimo, como esa equilibrista que se pone de puntillas sobre la cuerda floja como si fuera a hacer un jeté.

Artistas que pueblan los sueños del payaso que protagoniza este cuento. Al que tratan de convencer de que the show must go on y que sin payasos no puede hacerlo. Una historia que tiene un cronista de excepción, un mirador impenitente de circos y gran aficionado a los mismos. ¡Con todos ustedes Don Ramón Gómez de la Serna y sus piruetas y malabares verbales, las greguerías! Y un extraño jefe de pista que interpreta Hernán Gené, otro gran payaso y formador de payasos, que aquí ejerce, además, de director de escena.

Obra escrita al alimón por Aranzazú Riosalido, que tuvo la idea original, y Pepe Viyuela que acaba de forma algo brusca. Y lo hace tras ese buen y divertido número de ventriloquía de Jaime Figueroa. El sueño que recrea el funeral del payaso protagonista al que asisten los artistas antes ciados sentados en un trapecio, un diálogo surrealista, de comedia clásica cinematográfica, casi en blanco y negro, que bien podría haber sido escrito por Gómez de la Serna.

  Hernán Gené. Circo Price (Estudio Perplejo)

Todo puesto sobre un fondo sonoro que ¡por fin! se interpreta a un volumen que permite apreciar la composición. Que acompaña la propuesta sin estridencias, sin distraer, sin reclamar el protagonismo absoluto ni distorsionando lo que pasa en la pista. Sino formando equipo con el conjunto. Un acierto de Alberto Brenes, Raúl Márquez y David Sancho. Y que el público reconoce como se merece al final del espectáculo, agradeciéndoles que no les hayan seducido los oídos.

Todos estos elementos, mezclados, que no agitados, que diría James Bond al pedir un Martini, hacen que esta obra no sea una simple sucesión de números circenses, escenas y datos. Sino la historia de resistencia de un espectáculo fascinante, como es el circo.

Un mundo de titiriteros yendo de un lado para otro, a los que gusta mucho ver, pero cuya vida no parece un modelo a seguir. Porque aparte de en la familia Aragón o los Tonetti, ¿qué cara pondrían unos padres a los que su hijo les dijera que quería ser payaso? ¿Y si les dijera que quisiera hacer un circo poético como el de esta propuesta (y el de otras muchas que han pasado por el actual Circo Price, como Gran Reserva de Rhum y Cía)?

Y es que el humor y la poesía no están bien vistos en un mundo tan serio como el que vivimos. Un mundo serio que, por otro lado, no se toma a sí mismo en serio. Un mundo que, como el payaso protagonista de esta obra, debería acudir a clase de matemáticas y aprender a multiplicarse por circo.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.