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25/09/2020 21:24 CEST

“En un sex-shop está el ser humano en todas sus dimensiones”

Entrevista con Millás y Arsuaga, que publican 'La vida contada por un sapiens a un neandertal'.

Jeosm
Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás

Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga han escrito una obra “irrepetible”. “No hay nada parecido a este libro”, dice Arsuaga, tratando de definir La vida contada por un sapiens a un neandertal (Alfaguara). “Todo es una sorpresa constante, no había nada guionizado”, corrobora Millás.

La dicotomía sapiens-neandertal parece clara. “Los neandertales follaban por amor y los sapiens por sexo”, ilustra Millás. “Evidentemente, aquí el sapiens es Arsuaga, sabio de renombre internacional, premio Príncipe de Asturias, codirector del yacimiento de Atapuerca, director de contenidos del Museo de la Evolución Humana, catedrático de la Complutense y no sé si me dejo algo. Yo no tengo ningún título que ofrecer”, dice Millás. “Ahora bien, ¿quién es mejor persona? ¿De qué te sirve todo eso si pierdes el alma?”, bromea el escritor.

“En el libro, juego con esta cosa literaria, que científicamente no se puede constatar, de que el neandertal fue una especie bondadosa, ingenua, que era la buena, la solidaria”, cuenta. “De pequeño, yo ya me sentía un extraño entre los niños sapiens, que por cierto eran muy mala gente, y una vez vi un documental en el que aparecía un grupo de neandertales que me parecieron una gente bondadosísima, así que desde el primer momento me identifiqué. Pensé: ‘Yo soy neandertal y he caído en un mundo de sapiens, crueles’. Para sobrevivir, he intentado imitar sus comportamientos y pasar inadvertido. Pero aquí me he descubierto”, explica Juan José Millás.

Definitivamente, las conversaciones entre el escritor y el paleoantropólogo —que es de lo que va el libro— son difíciles de clasificar. Los escenarios en los que se producen sus charlas, desde el Valle Secreto de los neandertales hasta un sex-shop del barrio de Lavapiés, también son muy particulares.

¿Qué hacen un paleoantropólogo y un escritor en un sex-shop de Lavapiés una tarde de fin de semana?

Arsuaga: Lo del sex-shop se lo recomiendo a todo el mundo. El erotismo es de las pocas cosas que sólo tenemos los seres humanos, porque es algo más que sexo: es el sexo con aderezos. Es el sexo cocinado, que añade a lo puramente biológico o fisiológico ese componente de morbo que caracteriza la sexualidad humana. Un sex-shop es un sitio magnífico para explicar que los seres humanos estamos construidos a base de capas, y que tenemos un núcleo biológico, pero no somos sólo eso, porque por encima tenemos un envoltorio que es cultural, y es donde entran la mayor parte de los objetos que se venden en una tienda y sirven para estimular la mente. El órgano del erotismo es la mente; no son los órganos de la reproducción. 

Además de una parte más anatómica, en un sex-shop hay una parte dedicada a la literatura erótica. Y eso es el summum, la perfección, porque se habla del sexo, pero sin ver nada, todo por escrito para que te lo imagines y lo recrees en tu mente. Es la sublimación del porno. En un sex-shop está el ser humano en todas sus dimensiones, es fabuloso. Ahí podríamos estar diez horas.

El órgano del erotismo es la mente; no son los órganos de la reproducción.

¿Se podría haber escrito este libro con medio Madrid confinado y en plena pandemia?

Millás: No, porque este libro lo hemos hecho en marcha, andando, viajando, y ahora eso está limitadísimo. El corazón del libro es justamente sitios con gente. No tendría ningún sentido haber hecho este libro aquí sentados. 

Arsuaga: No hay nada parecido a este libro. Nosotros no queríamos tener una conversación epistolar; queríamos que pasaran cosas. Queríamos ir a un sitio como un sex-shop y que ocurriera algo. Por eso es irrepetible. Si volviéramos a ir ahora, pasaría otra cosa distinta.

Millás: Es un viaje permanente hacia el exterior y hacia el interior de nosotros mismos. No había guionizado nada. Eso es lo que más frescura aporta al libro. Todo es una sorpresa constante. 

¿Vieron venir esta segunda ola epidémica?

Millás: Vamos a ver, yo estuve en Asturias todo el verano, y veía las noticias como asomado a la ventana. Ahí veía que la cosa iba creciendo y decía: ‘¿Dónde está el Estado?’. El primer día que volví a la radio, me preguntaron: ‘¿Qué tal el verano?’. Y contesté: ‘Agotado’. Tenía la misma impresión que cuando haces un viaje largo de copiloto con alguien en cuya conducción no confías, y es como si fueras conduciendo tú, pisando el freno, poniendo cuidado, y al final llegas mil veces más agotado que si hubieras conducido. Yo vine agotado de las vacaciones porque las pasé pensando que no había nadie al volante. En Asturias sí parecía que había alguien al volante, pero en el país no. Y ahora se ha confirmado: no había ningún piloto, porque mira cómo estamos.

Han sido más sensatos los individuos que los políticos. La disciplina con la que hicimos tres meses de confinamiento... ahora lo pienso y es espantoso: tres meses encerrado en tu casa, gente con niños en pisos pequeños… Lo que ha fallado aquí es la gestión política, porque la población ha sido superdisciplinada. Así que no es extraño que estemos así, porque el coche iba sin conductor, y nos hemos estrellado.

En verano parecía que no había nadie al volante, y ahora se ha confirmado. Mira cómo estamos

Habla del Estado, no sé si con eso se refiere también a los Gobiernos autonómicos.

Millás: También son Estado. Pero hablo también del Gobierno central, que una vez que delega en las comunidades tiene que estar pendiente.

Arsuaga: Respondiendo a la pregunta anterior, yo no me lo esperaba. Yo suponía que subirían los contagios, pero, sinceramente, no como ahora.

Millás: Es que ahora ves las escenas de Vallecas y parece el Chile de Pinochet, con soldados y policías. Ayer hubo una carga policial y la gente no estaba haciendo nada, se estaban manifestando. Resulta que necesitamos sanitarios y los están cubriendo con policías. Ahora vas a Vallecas y parece un Estado policial. Eso es consecuencia del desastre: ‘Como no tengo médicos, voy y pongo policías’. Pues muy bien, eso es lo que se hace en los Estados totalitarios: se sustituye con policías todas las carencias.   

Comentan lo terrible que fue el confinamiento, pero ¿qué se les pasa por la cabeza ahora que parece que viene otro?

Millás: A mí me ha ocurrido una cosa curiosísima. Llevé el confinamiento con entereza, pero ahora tengo terror retrospectivo. Cuando ahora lo pienso, digo: ‘Dios mío, ¿cómo soportamos esto?’. Se me ponen los pelos de punta. 

Arsuaga: Es como quien está en la cárcel y sobrelleva bien el día a día, hasta que sale y se da cuenta de lo que ha aguantado.

Millás: Ya tenemos perspectiva suficiente para decir que la gestión política ha sido muy mejorable.

Necesitamos sanitarios y los están cubriendo con policías. Eso es lo que se hace en los Estados totalitarios

¿Creen en ese lema que se dijo al principio de que todos íbamos a ‘salir mejores de esta crisis’?

Millás: Eso es una tontería. Son retóricas vacías. Vamos a salir más pobres y con un paro estructural brutal. Vamos a salir sin soluciones. Los políticos están pensando que cuando pase la pandemia volveremos a la vida anterior, pero no vamos a volver, porque la vida será distinta. Pero nosotros hemos venido a hablar de nuestro libro (risas).

Jeosm
Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás

Es verdad que ahora todo está relacionado con la pandemia, pero quizás puesta en el contexto de la historia de la humanidad, parece insignificante. ¿Nos convendría relativizar, aunque fuera a modo de consuelo?

Arsuaga: Lo que importa en realidad es el presente. Y saber que la peste negra, por ejemplo, mató a la mitad de la población de Londres o de Sevilla no me consuela. O que la tuberculosis hasta la época de la Guerra Civil mataba a muchísima gente a la que había que confinar en centros hospitalarios. La gran diferencia es que en la historia de la humanidad por lo general se morían los niños, de difteria, sarampión, viruela, desnutrición, raquitismo… todas las enfermedades se cebaban con ellos. Ahora tenemos una enfermedad que…

Millás: Que ataca a los viejos.

Arsuaga: Esa es la gran novedad. Tampoco sus dimensiones son comparables a otras epidemias grandísimas que ha habido, pero tampoco es cuestión de quitarle importancia a la actual, porque afecta a mucha gente, ha muerto mucha gente, da igual la edad que tenga, y trae ruina, paro, etcétera. Pero no es, ni mucho menos, la primera vez que la humanidad se enfrenta a esto. Si tenemos sistema inmunitario es porque hemos estado expuestos a patógenos; si tenemos epidemiólogos es porque ha habido epidemias. Esto siempre ha existido, pero eso no le quita importancia a la situación actual. 

Las epidemias siempre han existido, pero eso no le quita importancia a la situación actual

Dicen que la normalidad no va a ser lo que era antes de la pandemia. ¿Creen que también va a cambiar la forma de relacionarnos, ya sea al saludarnos, o en el plano sexoafectivo?

Millás: Lo decía más en el sentido de que el virus ha acelerado procesos como el paso de lo analógico a lo tecnológico. Por ejemplo, si los periódicos en papel iban a durar diez años, ahora quizás duran cinco. Arsuaga dice que esto nos ha hecho tocar zonas del futuro con la yema de los dedos. Hemos conocido cómo va a ser parte del futuro, como el teletrabajo. No vamos a volver al mundo de antes porque el virus ha dado un empujón hacia el mundo digital y a un cambio de paradigma único, y me refiero al paso de lo analógico a lo digital. Creo que no hay nada comparable a ello en la historia de la humanidad, ni la imprenta, ni la revolución industrial; si acaso habría que irse a la invención de la rueda o a la invención del fuego para encontrar algo semejante. Justo estamos en ese momento en el que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. 

Van a cambiar las relaciones laborales, y habrá mucha gente en el paro porque su trabajo habrá sido sustituido por las máquinas; van a cambiar las relaciones económicas. El mundo va a ser distinto. Pero nos volveremos a besar, porque además lo estamos deseando.

Arsuaga: La naturaleza humana sigue estando ahí y, al final, siempre acabamos volviendo a las relaciones, a lo humano. 

NUEVOS TIEMPOS