¡Socorro! Mis hijos solo comen pasta, fritos y bollos

Los niños que solo se alimentan de pasta, rebozados, pan o bollos a menudo tienen deficiencia de hierro, vitamina D y B12 y calcio.
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Era el día de puertas abiertas para padres en la Universidad de mi hija y la invitamos a cenar en el comedor del campus. Llegó la camarera y mi hija pidió salmón ahumado y espinacas salteadas.

Se me resbaló la carta de las manos y me quedé boquiabierta. Pensaba que conocía a mi hija, o al menos a la hija que había sido hasta hacía dos meses, cuando empezó la carrera. Me había pasado los últimos 18 años intentando convencerla, a veces de forma amable y a veces con cierta desesperación, para que comiera algo, cualquier cosa, aparte de pasta, pan con mantequilla, un bollo con queso fresco o unos pretzels.

La idea de comer pescado siempre le había dado escalofríos. La mera mención de probar cosas verdes (como espinacas) le hacía llorar. ¿Qué bicho le había picado? Mi hija se encogió de hombros. “En el comedor sirven salmón a veces y mis amigos se lo comen. Y todos comen espinacas”.

Fingí desinterés y cambié de tema, pero dentro de mí estaba bailando y cantando victoria. Por fin había acabado con el problema de mi hija, la “blancotariana” más terca del mundo. Y todo por el módico precio de un alojamiento y una matrícula en la Universidad a solo 1600 kilómetros de casa.

Tus hijos están programados para comportarse así

Antes de seguir regodeándome del placer de ver a mi hija comer espinacas, rebobinemos a esos primeros años, cuando era una madre frustrada por una niña que se negaba a comer cualquier cosa que no fuera de color blanco o beige. ¿Qué le llevaba a actuar así?

Bueno: mamás y papás, ya sabéis que los niños son molestos en muchos sentidos: su tendencia a tener berrinches, a despertarse a horas intempestivas y, por supuesto, a ser muy quisquillosos con la comida. ¿Ayudaría si dijera que sus preferencias alimentarias están programadas en su cerebro?

El Instituto Nacional de Sanidad del Reino Unido explica que los bebés tienen una “preferencia innata por los sabores salados y dulces y tienden a rechazar los sabores amargos y ácidos”.

Pero eso no es todo, porque la cosa empeora: “Pasado el primer año de edad, las verduras empiezan a resultarles muy amargas a los niños”, asegura Alisha Grogan, psicóloga y pediatra ocupacional especializada en procesamiento sensorial y niños con manías alimentarias.

“Cuando los humanos tenían que sobrevivir de forma salvaje, las papilas gustativas de los niños evitaban que comieran cualquier cosa venenosa”, explica.

Algunos niños siguen siendo “blancotarianos” cuando se hacen mayores, a menudo a costa de otros alimentos que son mejores opciones nutricionales. Varios estudios han señalado que, a la edad de 3 años, hasta el 50% de los niños son catalogados como “comedores quisquillososos” por sus padres.

Si piensas que se comportan así solo para sacarte de quicio, en parte tienes razón, al menos en su más tierna infancia. “En edad infantil, los niños empiezan a ejercer su autonomía y poner a prueba los límites de sus padres”, expone la pediatra Dina Kulik. No solo les sirve para demostrar quién manda, sino que ellos mismos se sienten mejor al llevarse a la boca alimentos de color blanco y beige gracias al subidón de dopamina, tal y como sucede con otras drogas estimulantes”, explica.

¿Es viable alimentar a tus hijos solo con alimentos de color beige?

¿Es saludable una dieta a base de pasta y pan? Kulik señala que hay que tener cuidado. “El riesgo de deficiencia de hierro es muy alta en las dietas altas en almidón”, advierte. “Aunque muchos fabricantes suplementen sus productos, los niños que solo se alimentan de pasta, rebozados, pan o bollos a menudo tienen deficiencia de hierro, vitamina D y B12 y calcio.

A corto plazo, el panorama nutricional no es demasiado grave. Un estudio señala que aunque los comedores quisquillosos tienden a tener niveles de zinc y hierro más bajos, sus macronutrientes no se ven demasiado afectados. Además, todo el mundo conoce a algún adulto que se alimenta a base de pasta, arroz, patatas y fritos y no parece que le vaya muy mal.

Bagel con crema de queso
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Bagel con crema de queso

“Muchos niños pueden sobrevivir solamente a base de carbohidratos blancos, siempre y cuando tomen suficientes. Además, esta clase de carbohidratos suelen estar enriquecidos con vitaminas y otros nutrientes”, tranquiliza Grogan. “No obstante, dependiendo de lo limitada que sea la dieta del niño, puede tener ciertas deficiencias nutricionales”.

Lo único que te debe preocupar

El miedo es un factor muy importante, afirma Amanda Smith, directora de programas del Walden Behavioral Care, y es importante que tanto los niños como los padres sean conscientes de ello. “Algunos niños pueden tener miedo a probar alimentos con otras texturas o a que un alimento les haga atragantarse o vomitar”, comenta. “A veces puede ser difícil para el niño superar ese miedo y es importante que los padres lo entiendan”.

Una vez pasada la edad infantil, su patrón de alimentación es cosa suya, no tuya. “Si un niño mayor solo come alimentos de color blanco y beige, no lo hace para poner a prueba tus límites. Probar otras comidas es difícil para los niños. Algo que puede ayudar es intentar neutralizar el tema y no etiquetar las comidas como sanas y no sanas”.

Aquí tienes algunas ideas

“Mi recomendación es que no pelees ni intentes negociar”, dice Kulik, que aconseja este otro enfoque: “Esta es la comida que hay. Si la quieres, perfecto”, pero si no la quiere, no insistas ni empieces una discusión. Hay experimentos que demuestran que algunos niños necesitan probar un alimento más de doce veces hasta que descubren que les gusta. Si solo les ofreces los carbohidratos que sabes que les van a gustar, tampoco van a arriesgarse a probar otras cosas y seguirán siendo igual de quisquillosos con la comida”.

“Presionar a los niños para comer cosas que no les gustan puede prolongar la fase en la que son extremadamente selectivos con los alimentos y colores que les gustan”, añade Grogan.

Hay casos extremos en los que a un niño le diagnostican ARFID (trastorno de ingesta alimentaria evitativa o restrictiva), un trastorno que se caracteriza por unos “patrones alimentarios muy selectivos o desequilibrados”.

Grogan estima que hay un porcentaje de entre el 5% y el 22% de niños con problemas alimentarios que tienen este trastorno. “Es importante señalar que es un trastorno real, pero que la gran mayoría de los niños ‘blancotarianos’ no lo tienen”.

Los rebozados y los fritos son los primos hermanos de las comidas blancas.
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Los rebozados y los fritos son los primos hermanos de las comidas blancas.

“Si te preocupa que tu hijo lo tenga, pide cita con el médico para que evalúe su salud y para que pueda hacer un seguimiento de su crecimiento, su peso y sus constantes vitales, y pidiendo análisis de laboratorio”.

Tienes que prestar atención a sus patrones a la hora de comer. “Si los niños tienen pataletas emocionales cuando tienen alimentos nuevos en el plato, o si tienen arcadas o vomitan antes siquiera de probar algo nuevo, es posible que se trate de algo más serio”, comenta Grogan.

“Si tu hijo come menos de 20 alimentos o notas síntomas físicos relacionados con su dieta, lo recomendable es ir al médico”, recomienda Sarah Appleford, nutricionista infantil.

“Es más que una fase si se rechazan alimentos en casi todas las comidas, si muestran ansiedad o estrés o si tienen una baja tolerancia sensorial a las texturas, colores, olores, sonidos o al aspecto de alimentos que ni siquiera están en su plato. Los principales síntomas que hay que vigilar son un déficit de crecimiento, fatiga, piel excesivamente pálida, quejas por dolor de tripa y problemas gastrointestinales, como el estreñimiento”.

Ya llegará el arcoíris

Como sucede con tantas cosas horribles en la actualidad, el problema está al alza, según los expertos. “Cada vez vemos más niños con trastornos de ansiedad y hábitos alimentarios excesivamente selectivos”, señala Appleford. Pero hay una buena noticia: “La mayoría de los niños superan de forma natural este problema a medida que ganan experiencia y confianza con la comida”.

“Para los padres es muy estresante tener un hijo que solo come alimentos de color blanco y beige porque les complica la vida a la hora de organizar fiestas o incluso preparar el almuerzo”, comenta Grogan. “Pero los niños, incluso los más quisquillosos con la comida, aprenden a comer distintos alimentos de diferentes colores”, tranquiliza.

Hasta entonces, haz caso a los expertos, ármate de paciencia y ponle las cosas fáciles a tu hijo y a ti mismo. Quizás te interese empezar a ahorrar para pagarle la universidad, a ver si suena la flauta como con mi hija y empieza a consumir los demás colores del arcoíris.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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