POLÍTICA
05/06/2020 21:39 CEST | Actualizado 05/06/2020 22:30 CEST

Morir matando: las dos guerras en la Comunidad de Madrid

La crisis de gobierno está a punto de estallar y dar paso al plan de Ayuso de integrar a Vox en su Ejecutivo.

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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP). 

La crisis de gobierno en la Comunidad de Madrid está a punto de estallar y dar paso al plan de Ayuso de integrar a Vox en su Ejecutivo en el consistorio. Una estrategia que busca demostrar que la alianza de las tres derechas es la única opción para derrocar a Pedro Sánchez, la famosa ‘papeleta única’ que enarbola Álvarez de Toledo desde la moción de censura que sacó a Rajoy de Moncloa y que ahora ha derivado en un abrazo lleno de pasión a Vox. El experimento en Madrid será la prueba piloto para España —ahondando en la alianza que ya funciona en Andalucía—, sospechan las fuerzas del PP que observan espantadas al Pablo Casado telonero de Santiago Abascal.

La posibilidad de integrar a Vox en el Ejecutivo se la ha puesto en bandeja su consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero (Ciudadanos), que ha decidido morir matando ante la inminencia de su destitución. 

Miguel Ángel Rodríguez dijo que la crisis tendría que tener un culpable y un cese

La filtración de los correos en los que advertía al consejero de Sanidad, del PP de la ilegalidad de no atender a los ancianos de las residencias es la puntilla a la tensión que durante la pandemia se ha desatado entre los dos socios de Gobierno en Madrid. En la Asamblea se extiende la idea de que Reyero no será el único despedido por Ayuso: se cree que le acompañará también el consejero de Sanidad, Enrique Ruíz Escudero. Su suerte va unida. 

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Alberto Reyero (Ciudadanos), en una imagen de archivo. 

No habrá foto de otro ‘trifachito’

“Ayuso está empeñada en meter a Vox en el Gobierno, dándole al menos cargos intermedios. Quiere a toda costa una foto de PP, Vox y Ciudadanos. Pero no le vamos a dar esa foto otra vez. Esta ciudad necesita otra cosa, más allá de agitar banderas”, explica un dirigente estatal de Ciudadanos.

La nueva estrategia de Arrimadas, centrada en asentarse en el centro ideológico ahora que el PP le está dejando tan despejado el terreno, no admite una nueva foto de Colón. Ciudadanos pretende que se le visualice como el lubricante del consenso entre los distintos partidos, liderando un acuerdo para recomponer Madrid ante la crisis social y económica provocada por el covid-19. Quiere que, frente a la crispación de PP y Vox, la marca de la casa de Ciudadanos sea el entendimiento en pos del bien común. Venderse otra vez como la nueva UCD.

La posibilidad de que la tensión entre los socios desemboque en una moción de censura nadie la descarta en privado

“Aquí se están librando dos guerras distintas. Por un lado está la de Reyero de tratar de esquivar la cárcel y mantener el prestigio personal. Le ha importado mucho quedar bien ante el tejido social, de las ONGs. Seguramente porque se creía su cometido, aunque igual no calibraba que en el Gobierno de Madrid lo social nunca será una prioridad. Por otro lado, está la guerra política entre PP y Ciudadanos”, apunta un diputado de Más Madrid.

En la primera quincena de marzo se celebró una reunión de jefes de gabinete de los consejeros de la comunidad con Miguel Ángel Rodríguez (MAR), jefe de gabinete de la presidenta, y según uno de los presentes éste dijo que la crisis tendría que tener un culpable y un cese. “Evidentemente pensaban en Reyero, porque también les interesaba acabar con alguien más comprometido y progresista en Asuntos Sociales para hacer un guiño a Vox. Pero cuando decidieron que Sanidad asumiera todas las competencias se echaron la soga al cuello ellos mismos. Es la vieja forma de hacer política de MAR”, explica una fuente de Ciudadanos. Así que ahora parece lógico que Reyero no quiera cargar con la culpa, cuando le puentearon y no le dieron medios.

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Rocío Monasterio (Vox) e Isabel Díaz Ayuso (PP). 

Desde el famoso pleno de las pizzas, al que acudió Abascal y se hizo una foto en el pasillo de la Asamblea con Ayuso, se está escenificando un acercamiento entre PP y Vox. Rocío Monasterio ha pasado de quejarse a diputados de otros partidos de que Ayuso no le dirigía la palabra y de que hablaba más con Gabilondo que con la presidenta a comentarles que Ayuso está pesadísima con ella.

La posibilidad de que la tensión entre los socios desemboque en una moción de censura es un supuesto que niegan todos los partidos públicamente, pero no en privado. “Es normal que haya un silencio sepulcral y todos lo nieguen. Si Ayuso atisba la posibilidad de una moción, antes convocará elecciones. Es cierto que Gabilondo siempre transmite la sensación de no querer ser presidente. Pero nunca se sabe”, admiten en Más Madrid. 

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Santiago Abascal, líder de Vox, y Pablo Casado, líder del PP, en el Congreso. 

La capital, cobaya para toda España

El caso es que todo lo que sucede en Madrid es observado con lupa por los barones del PP, desde Galicia a Andalucía, por el Gobierno de coalición y Ciudadanos —en ese orden—, tan sabedores como temerosos de que las disputas en la comunidad y la entrega de Ayuso a los brazos de Monasterio no es nada más que la concreción de la entrega de Pablo Casado a Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros. El Gobierno de Ayuso es la cobaya en el laboratorio que es la capital.

No son ya las inclinaciones conocidas de Álvarez de Toledo y FAES hacía la colaboración con Vox y las gentes de Abascal, es que el sanedrín de Génova que asesora a Pablo Casado y Teodoro García Egea busca la manera de aliarse con Vox, cada vez más activo y admirado por una parte del electorado del PP, nunca satisfecho con la escalada de la crispación.

Necesitan más. La pesadilla inmediata se presenta en cada sesión de control, en cada actuación de Casado en el Congreso. Como líder de la oposición, se ve obligado a intervenir tras Pedro Sánchez. Y sus brutales descalificaciones e insultos siempre son superadas por Abascal, que sube a la tribuna a continuación y se come a Casado con barbaridades aún mayores. El síndrome del telonero de Vox persigue a la cúpula del PP...

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