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20/06/2021 11:00 CEST | Actualizado 20/06/2021 11:00 CEST

Mr. Biden

Los que nos llaman fachas se escoran al leninismo.

EFE
Pedro Sánchez en su encuentro con Joe Bide durante la cumbre de la OTAN - EFE

Convocó la concentración de Colón la plataforma Unión 78, de la que forma parte, entre otros, el maestro Sabater. Así que acudí. No había ni una sola bandera preconstitucional, en román paladino, franquista. Fue un acto lúdico, lúcido, pacífico, cívico. El escritor Trapiello aclaró que allí se encontraban gentes de izquierdas y derechas, lo que arrancó el primer aplauso. En efecto, muchos pertenecíamos al centro de progreso. A los que asistimos o ponemos a caldo a nuestros popes del PSOE, nos llaman fachas. Los que no llaman fachas se escoran al leninismo.

Solo un pero mayúsculo al éxito de la concentración, que intentaba impedir los indultos de los delincuentes independentistas. Un interviniente cuyo nombre no recuerdo gritó Basta Ya, que coreó el respetable, antigua consigna contra los terroristas. Es injusto igualar a Sánchez con los asesinos. Igual que es injusto y una vergüenza que el PP utilicé la figura de D. Felipe VI con fines electorales.

Concederle la razón a la vicepresidenta Calvo cuesta. La merece cuando le preguntó al PP si tenía un plan para Cataluña. El PP lo habrá ideado, y prosigue negándose a explicarlo. Nos hace un flaco favor. Será un mal plan, igual que el del Gobierno.

La estrategia de Sánchez, Illa e Iceta pasa por un estatuto nuevo. No nos aclaran en qué consiste. Seguro que en el estatuto aparecerán más transferencias. Están la mayoría otorgadas, menos las fiscales. De concederlas en menor o mayor medida, nos encontraremos con un Concierto similar al vasco y al navarro, fueros que datan del S. XIII. Sánchez, rompe patria, se saltaría a la brava la Constitución. Todo lo que es anticonstitucional apesta a dictablanda.

En el monotema obligado, Sánchez, después de haberse comprometido en los estatutos del PSOE a preguntar a los militantes, con el problema catalán se niega, problema que han originado los independentistas. En un conflicto las dos partes actúan al mismo tiempo, de ordinario de mala fe, así que me niego a denominar conflicto a un enredo fomentado por un territorio de los 17. El fatuo jefe de cálculos, el señorito Redondo, habrá tirado de calculadora. Acaso ganaría un no en la militancia. Con la sospecha de ese no, no nos han consultado. Si el secretario general se salta los estatutos, qué leches nos puede recriminar a los que criticamos sus inacciones de Gobierno. Basta comprobar lo que tarda en solucionar la factura de la luz, que machaca a las clases medias y trabajadoras. No he visto al secretario general de mi partido mezclarse y hablar con las clases trabajadoras. Los trabajadores de a pie le causarán urticaria, la exacta que produce a aquellos que aman el poder por el poder, que aman las ínfulas de sus prebendas, que tuercen la espalda ante la Comisión Europea sin demostrar fortaleza, que son campeones de velocidad entablando un soliloquio con el boss del planeta, Mr. Biden.

No nos equivoquemos con Mr. Biden; el American First ocupa su agenda. Ya lo ha demostrado pidiendo como Trump que los países europeos aporten más fondos a la OTAN. Está en su derecho, lo mismo que Europa en el suyo de salirse de la OTAN y formar su propio ejército. A tal fin, nos sobran recurso y nos faltan bemoles. Aún estando de acuerdo con lo que se ha venido a llamar el sueño americano, en mi calidad de español no me bajo los calzones ante nadie. 

El bochorno no radica en la nula respuesta de Mr. Biden durante el paseo, sumado el desplante de despedir a Sánchez con una palmadita. Lo que me enerva es que Pedro Sánchez, nada más regresar a España, no hubiera declarado que a un español no se le trata con semejante falta de decoro, y menos al presidente del Gobierno, aunque se trate del mismísimo líder del mundo libre. Se hubiera ocasionado un quebradero con USA, claro, de mínimos a la larga.

Abascal, que se las promete de español de bandera, no ha criticado el gesto de pésimo gusto de Mr. Biden. Lo que asusta es que Casado, el próximo presidente, tampoco lo ha censurado. Acaso nos insinúa que su actividad diplomática se reducirá a agachar la testa. Mal vamos con estos dirigentes carentes de capacidad de respuesta y de inteligencia política. Imaginen ustedes, en pareja situación, la reacción de Merkel.

En eso falló Sánchez, en no mostrar su orgullo y ambición de España a sus compatriotas, en no criticar a Biden por su lamentable conducta. Ni Aznar ni González, atlantistas confesos, ni siquiera Zapatero, hubieran admitido el desaire de Mr. Biden. También es una cuestión de educación, donde los españoles destacamos. Nuestra policía nacional, sin ir más lejos, está considerada la segunda más educada del planeta.

Sánchez, al cabo, le sobó el lomo a Biden.

Y hablando de soba lomos la patronal se ha decantado por los indultos a los corruptos catalanes. La explicación es tan sencilla que ruboriza. La patronal hará lo que Sánchez ordene a la espera de los fondos comunitarios. En realidad, muy pocos son los que no se cuadran delante del todo poderoso Sánchez. En nuestra España vivaz y corajuda en su historia, en pocas ocasiones hay periodos donde bajemos el mentón, solo en las dictaduras.

Lo que viene, sin embargo, con el PSOE en caída libre, son tres legislaturas seguidas de PP/Vox. A ver quién aguanta los recortes de las libertades publicas y privadas de la derechona, en 2014, finalizada la singladura de Sánchez y formado el Gobierno de Casado.

No hay remedio, en principio. Sánchez es un extremista y Casado otro en condicional, en su alianza con Vox. Los anhelos del poder por el poder son pérfidos compañeros de viaje. Para Sánchez y Casado el todo vale no resulta el último recurso, es el único recurso. 

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