INTERNACIONAL
19/09/2020 08:59 CEST | Actualizado 19/09/2020 09:03 CEST

Muere la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg, pionera en la lucha por la igualdad de sexos

El fallecimiento de la magistrada de 87 años deja vacante una plaza en el Tribunal Supremo a menos de dos meses de las elecciones de EEUU.

EFE
La jueza del Tribunal Supremo de EEUU Ruth Bader Ginsburg en octubre de 2010.

La jueza progresista del Tribunal Supremo de EEUU, Ruth Bader Ginsburg, pionera en la lucha por la igualdad de sexos, ha fallecido a los 87 años por “complicaciones” en el cáncer de páncreas que sufría, informó este viernes la corte en un comunicado.

El tribunal indicó que la magistrada “falleció esta noche rodeada de su familia en su casa de Washington, D.C., debido a complicaciones de una metástasis en el cáncer de páncreas”.

En el mismo comunicado, el jefe del Tribunal Supremo de EE.UU., John Roberts, nombrado por el expresidente republicano George W. Bush (2001-2009), rindió homenaje a la magistrada.

“Nuestra nación —dijo Roberts— ha perdido a una jurista de estatura histórica. Todos en el Tribunal Supremo hemos perdido a una compañera querida. Hoy guardamos luto, pero tenemos confianza en que las futuras generaciones recordarán a Ruth Bader Ginsburg como nosotros la conocimos, una campeona de la justicia incansable y resuelta”.

Nominada por el expresidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg era la jueza de más avanzada edad de los nueve que conforman el Supremo y en los últimos años había tenido problemas de salud que habían forzado varios ingresos hospitalarios.

La jueza llevaba años luchando contra el cáncer: en 2009 superó uno de páncreas; en 2018 tuvieron que extirparle unos nódulos malignos de su pulmón izquierdo; y en el verano de 2019 reapareció el tumor en el páncreas.

El cáncer también le arrebató al amor de su vida, su esposo, Martin Ginsburg, fallecido en 2010. 

Fue la segunda mujer en ocupar un puesto en el Tribunal Supremo de EEUU

Ginsburg llevaba casi tres décadas en el Tribunal Supremo, donde llegó en 1993 como la segunda mujer de la historia que ocupaba un puesto en esta corte, después de toda una carrera dedicada a causas feministas y a los derechos civiles.

No le fue fácil llegar hasta ahí. Cuando en 1956 empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Harvard, sólo otras ocho mujeres estudiaban junto a los 500 hombres matriculados. La representación femenina en la profesión jurídica se limitaba al 3%, escribió en su biografía My Own Words (Mis propias palabras).

Al graduarse no le contrató ningún bufete de abogados por el hecho de ser mujer y decidió entonces dar clases en la Universidad de Columbia. En 1972 se convirtió en una de las fundadoras del Proyecto de Mujeres de la Unión para las Libertades Civiles en América (ACLU, en inglés), cuyo objetivo era cambiar las leyes para garantizar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Su lucha por la igualdad adquirió una nueva dimensión en 1980 al dejar la abogacía para vestir la toga de jueza y pasar a la corte de apelaciones de la Washington. De ahí dio el salto al Tribunal Supremo, situándose primero en el centro-izquierda y pasando a una visión más progresista cuando la corte se volvió más conservadora. Uno de sus últimos logros se produjo en 2009 cuando se aprobó una ley para acabar con la discriminación salarial, fue dos años más tarde de mostrar su desacuerdo con una sentencia del Tribunal Supremo que permitía que las mujeres siguieran siendo víctimas de esta situación. 

Enfrentada con Trump

En los últimos años, la salud de la magistrada ha mantenido en vilo al país, especialmente a las filas progresistas. Temían que si Ginsburg abandonaba el Supremo, su sustituto sería elegido por el presidente, Donald Trump, para ampliar la ya existente mayoría conservadora de la corte más importante del país.

El presidente y la magistrada mantuvieron una difícil relación después de que Ginsburg lo calificara de “farsante” antes de las elecciones de 2016, un comentario del que tuvo que retractarse y que provocó que Trump pidiera su dimisión.

El Supremo está compuesto por nueve jueces con puestos vitalicios, actualmente 5 conservadores y 4 progresistas.

Trump logró en su primer año como presidente que la mayoría republicana en el Senado diera luz verde a su primer nominado para el Supremo, el juez Neil Gorsuch, y después, el 6 de octubre de 2018, consiguió lo mismo para que Brett Kavanaugh, acusado de abusos sexuales, se pusiera la toga en el alto tribunal.

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