Navidad en el hemisferio sur

Propongo -estamos a tiempo por los pelos, pero estamos a tiempo- que las Navidades de 2020 se celebren el 25 de junio de 2021.
Un grupo de amigos se hace un selfi durante las Navidades de la pandemia, en Madrid.
Sergio Perez / Reuters
Un grupo de amigos se hace un selfi durante las Navidades de la pandemia, en Madrid.

Propongo que traslademos las Navidades de este año. No que las cancelemos, sino que nos las llevemos al hemisferio sur. Movámoslas de mes, y así las moveremos de sitio. Propongo -estamos a tiempo por los pelos, pero estamos a tiempo- que las Navidades de 2020 se celebren el 25 de junio de 2021. Con toda la parafernalia. Con regalos, cenas de empresa, calles iluminadas, turrones, uvas, cotillones con alcohol garrafero a ciento cincuenta euros, mensajes del rey, maratones solidarios, bromas el día 28 de junio, cabalgatas el día 5 de julio… Y que se haga a lo grande, con todo el apoyo institucional: los días festivos del 25 de diciembre y del 1 de enero pasan a ser días laborables normales, y se decretan como festivos oficiales el 25 de junio y el 1 de julio del año que viene.

¿Quién no le ha preguntado alguna vez a un argentino, con curiosidad y simpatía, cómo es eso de vivir las Navidades en verano? Cuéntanos, ¿de verdad tomáis turrón en el chiringuito de la playa? ¿Y os metéis una comilona del carajo con cuarenta grados en el termómetro? ¿Os imagináis la Puerta del Sol petada de gente en sandalias y camiseta de tirantes? ¿Anne Igartiburu con un vestidín fresquito de lino? ¿Cristina Pedroche sin estar tiritando de frío? Podemos hacerlo, de verdad, como un proyecto colectivo ilusionante. Podemos viajar gratis a nuestro país sudamericano favorito y conocer la experiencia de vivir unas Navidades en verano. Jamás olvidaríamos aquellas Navidades que pasamos todos los españoles en el hemisferio sur.

“Podemos hacerlo, de verdad, como un proyecto colectivo ilusionante. Y, de paso, a lo mejor salvamos miles de vidas”

Además, tendría un simbolismo espectacular. Como todo el mundo sabe, la elección del 25 de diciembre como fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús no tiene el menor rigor histórico. Se eligió el solsticio de invierno, el momento en el que los días empiezan a crecer, para unir metafóricamente la llegada del mesías con el renacimiento del sol y, por extensión, el renacimiento de la vida. ¿No os parece que la difusión masiva de la vacuna y la previsible derrota del coronavirus que conseguiremos alrededor de finales de la primavera nos pondrían en bandeja la alegoría perfecta para celebrar el renacimiento de la vida, es decir, las Navidades, justo dentro de unos seis meses? ¿No os parece que este año la gradual vacunación de todos va a ser el verdadero gradual renacimiento del sol que ocurre a partir del solsticio?

Podemos hacerlo, de verdad, como un proyecto colectivo ilusionante. Y, de paso, a lo mejor salvamos miles de vidas. Quizá decenas de miles de vidas de las personas a las que más queremos. Es tarde para cancelar el Sorteo de la Lotería de pasado mañana, pero nada impide celebrar otro megasorteo el 22 de junio. Hay que darse prisa. Nunca hemos tenido más a mano la ocasión de realizar un viaje transoceánico con tooooda nuestra familia y toooodos nuestros amigos, y llegar tan lejos geográfica y biográficamente. Y colectivamente. Y sanitariamente. Unas Navidades que nunca olvidaremos, pero por su alegría, no por su tristeza. Ni siquiera es necesario hacer las maletas ni comprobar que no ha caducado el pasaporte. ¿Nos vamos todos este año a celebrar las Navidades al hemisferio sur?