Life

Ni tijeras, ni penes de plástico: las lesbianas no follan como en el porno

Cinco mitos eróticos que no debes creerte.

“Lesbianas” es el término más buscado en todas las páginas porno a nivel mundial. Y no, no son precisamente las mujeres que mantienen relaciones con otras mujeres las que consumen este tipo de contenido, sino que son en su mayoría hombres y mujeres heterosexuales.

Esto contribuye a que se tenga una visión distorsionada de la realidad. Si pensabas que las parejas de mujeres follan siempre con penes de plástico, arneses, dildos y hacen la ‘tijera’, estás totalmente equivocado.

“Es un error pensar que las relaciones lésbicas son iguales que las gais o que las heterosexuales. Cada una tiene unas características. Es una visión sesgada”, indica Marta Pascual, sexóloga y consultora del COGAM.

El porno no es el único responsable, también hay una base machista. “Vivimos en una sociedad en la que las relaciones eróticas normativas son coitocéntricas y falocéntricas. Todo cortejo gira en torno a conseguir llegar a la penetración como pico o culminación del encuentro, otorgándole el valor máximo a ese acto”, apunta la sexóloga Elena Requena.

Esta suma de factores hace que, según Requena, “para gran parte de la población no se vean como relaciones ‘reales’, sino algo más parecido a un juego estético”. “Esto es gravísimo, porque quita valor a lo que esas dos personas pueden experimentar y sentir, generando sentimientos de devaluación e irrealidad”, añade.

1. “Todas hacen la tijera”

Para muchas personas ajenas a las relaciones entre mujeres, el “frote entre vulvas”, llamado técnicamente tribadismo, es la práctica sexual más común, e incluso hay quien piensa que es la única. Nada parecido a la realidad: ni el placer se centra ahí, ni es la forma más frecuente de hacerlo.

“Si le preguntas a mujeres que tienen sexo con mujeres lo más probable es que te digan que no es una práctica muy común”, señala Requena, quien matiza que “es una más” y que “habrá parejas que lo practiquen con más asiduidad que otras”.

Pascual señala que el sexo en las relaciones entre mujeres no solo tiene su base en los genitales. “Eso no pasa en las relaciones heterosexuales, en las que todo se centra más en el pene, la penetración y el placer del hombre”, apunta la experta, y enfatiza que “el encuentro entre dos mujeres es más grande: tiene más posibilidades a la hora de jugar con el cuerpo”.

2. “No tienen pene, así que usan uno de plástico”

El que una mujer busque un pene en una relación con otra mujer solo puede entrar en la cabeza de un hombre, en la que el falo es la base de la relación sexual. Sin embargo, la estimulación llega de otra forma en el sexo lésbico.

“Esa concepción coitocéntrica hace pensar que cuando dos mujeres tienen encuentros eróticos ‘les falta algo’, y que irremediablemente tienen que hacer uso de estos objetos”, señala Requena.

“Puedes ser mujer homosexual y que te guste ser penetrada, aunque en la mayoría de estos casos se usan mucho más los dedos, lo cual es una sensación diferente a un pene y da muchas posibilidades”, indica Pascual, quien apunta que la estimulación con juguetes sexuales tampoco se basa en dildos.

“No solo se limitan a la penetración, pueden estimular la vagina o el clítoris, o los dos a la vez”, detalla.

Por otro lado, Requena indica que las parejas heterosexuales son menos propensas al uso de juguetes sexuales y esto lleva a la fetichización de su empleo en las parejas de mujeres. “En las relaciones no normativas se tiende a tener menos reticencia a usar juguetes genitales por una cuestión de falta de prejuicio”, señala. Aunque la especialista tampoco generaliza con respecto a su uso: “Hay parejas de mujeres que no tienen necesidad de usarlos y otras a las que les encantará”.

3. “Siempre hay una machorra que hace de activa y una pasiva, más femenina”

La relación entre roles y una “determinada masculinidad” también sienta su base en las relaciones sexuales. Desde el punto de vista del hombre, según Pascual, “su rol siempre tiene que estar presente”, ya sea a través del pene o mediante una figura más ‘masculinizada’. “Se trata de exportar un modelo heterosexual que se impone sobre el resto. Es una idea falsa que tenga que haber una mujer ‘que haga de chico’ y otra ’que haga de chica”, añade la experta.

A esto hay que sumar la asociación de ideas de dominación-masculinidad que, según Requena, se plasma en cualquier relación homosexual. “Nos agarramos a estos prejuicios y convencionalismos con tal fuerza, que si percibimos como masculina a una de las mujeres que tienen una relación, asumimos que va a ser la dominante de la relación”, detalla.

Las expertas coinciden en que los roles y los papeles que juegan cada miembro de la pareja en la cama no tiene por qué depender de la orientación sexual. “Que haya dominancia y sumisión forma parte de cualquier juego erótico y de cualquier orientación sexual, igual que haya más exhibicionismo o que le guste más mirar. Del mismo modo, se pueden cambiar las tornas y la que suele ser sumisa pasa a ser dominante”, apunta Pascual.

4. “Dos mujeres juntas, doble disfrute”

La gran fantasía del hombre heterosexual es un trío con dos mujeres. La base es muy sencilla: si te atraen las mujeres, dos es doble disfrute. “Es totalmente esperable que los hombres fantaseen con dos mujeres. Si una les gusta, imagínate dos, y además pensar que esté ahí para ti”, añade Pascual, y apunta que “las fantasías son geniales, siempre y cuando sean fantasías. En el caso de que se cumplan, que se hagan con respeto”. Claro que si una mujer es lesbiana (y no bisexual) no va a sentir atracción por un hombre.

“El fácil acceso del porno convierte el erotismo entre mujeres en una mera fantasía casi de ‘usar y tirar”

- Elena Requena, sexóloga.

El ya mencionado porno tiene mucho que ver en todo esto. No, los tríos tampoco son lo más común. “Estos contenidos crean todo un ideario en torno al sexo entre mujeres”, señala Requena, quien apunta que esta filia no es solo propia de los hombres. “El fácil acceso al porno convierte el erotismo entre mujeres en una mera fantasía casi de ‘usar y tirar’, un terreno desconocido que intenta representar lo que el consumidor tiene en mente y que poco tiene que ver con la realidad”, enfatiza la sexóloga.

Lo único que puede haber de cierto en todo esto es que las mujeres que mantienen relaciones con otras mujeres tienen, en su mayoría, más orgasmos que las heterosexuales. Según datos de una investigación publicada en 2017 en la revista Archives of Sexual Behavior, el 86% de las mujeres lesbianas llegaban al orgasmo en sus relaciones, frente a un 56% de las heterosexuales.

Requena encuentra un motivo más sociológico que sexual a este fenómeno. “Las parejas de mujeres, al igual que las parejas de hombres, no lo tienen fácil a nivel social, familiar o de aceptación personal para conseguir una relación sentimental plena. Cuando esto se consigue y se está a gusto, lo más probable es que nos encontremos mejor a todos los niveles”, detalla.

5. “Al no haber penetración, no hay riesgo de contagio de ETS”

“La creencia de que si no hay pene no hay ETS es totalmente falsa”, indica Pascual, quien da la voz de alarma sobre lo peligroso que es practicar cualquier práctica sexual sin protección. “Estamos en contacto con genitales y fluidos, ya sea por contacto de juguetes eróticos, sexo oral y demás”, justifica.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres no ha utilizado nunca preservativo femenino. De hecho, su uso no supera el 2%, según datos del Ministerio de Sanidad. Esto se debe a un abandono por parte de las instituciones y de la educación sexual, donde los hombres siguen manteniendo un papel central. “La sexualidad de las mujeres nunca ha importado, por lo que menos aún lo han hecho las relaciones entre mujeres”, enfatiza Pascual.

“Si nos fijamos en los protocolos, el lenguaje y la formación de los profesionales, todo se encamina a las relaciones heterosexuales”, señala Requena y recalca que la poca valoración y visibilización de este tipo de relaciones hace que se crea que “no se producen contagios”.

11 cosas que siempre quiso saber sobre el sexo lésbico pero nunca se atrevió a preguntar