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No cambié un solo pañal en las primeras semanas de mi bebé, y ninguna madre debería

He perdido la cuenta de las veces que me han dicho: “Qué suerte tienes de que tu marido se implique tanto”. ¿Acaso no deberían ser así todos los padres?

Cuando nació mi hija, yo no tenía ni idea de lo que hacía. Nunca había cogido a un recién nacido hasta que me la pusieron en brazos seis horas después de dar a luz y mucho menos había sido responsable de un bebé. ¿Y cambiar pañales? Ni idea.

Afortunadamente, mi marido es un padre muy comprometido. Tanto que no tuve que cambiarle ni un solo pañal a mi hija durante las tres primeras semanas. Estaba demasiado ocupada recuperándome del parto y manteniéndola viva dándole el pecho.

No solo fue una ayuda, sino también una cuestión de supervivencia. Casi no era capaz de moverme al principio: después de un desgarro del perineo de tercer grado, la sola idea de subir las escaleras para cambiar un pañal era inconcebible como poco. Sin embargo, así también me sentí apoyada. Me quitó presión. Estuve mucho menos sola de lo que habría estado si lo hubiera hecho todo yo sola, pero fuimos un equipo.

Cuando él tuvo que volver al trabajo, fue un duro golpe. De repente tuve que aprender a usar toallitas, cremas y esas complicadas bandas adhesivas de los pañales, por no hablar de cómo evitar que tu bebé se mee por todas partes, incluida (a saber cómo) tu cara.

“No tuve que cambiarle ni un solo pañal a mi hija durante las tres primeras semanas. Estaba demasiado ocupada recuperándome del parto y manteniéndola viva”

Así aprendí a apreciar lo bien que estuve esas primeras semanas cuidando del bebé cuando estaba mi marido en casa: sin parar de lavar, alimentar y cambiarle el pañal a mi bebé. Porque, dicho sea de paso, la baja por maternidad llega a ser tan aburrida como gratificante.

Así me enteré también de que un estudio ha descubierto que las madres tienen niveles inferiores de felicidad y mayores de estrés que los padres. Los investigadores dicen que estas diferencias se deben a cómo y cuándo se reparten entre ellos las tareas de cuidado del bebé: los padres tienden a hacer más los fines de semana, cuando hay más actividades recreativas, mientras que las madres suelen dedicarse a las tareas más estresantes de la crianza, como cambiar el pañal (y solo ellas, en algunas ocasiones).

Desde mi punto de vista, que el padre asuma esta carga es lo correcto y la mejor opción para que ambos padres estén felices. ¿Cómo invertir la tendencia y hacer más felices a las madres?

Una propuesta fue intentar modificar la clase de actividades tradicionalmente realizadas por las madres y los padres para que ningún padre pueda presumir de no haber cambiado nunca un pañal o de no ser “un hombre moderno”.

“La mayoría de los establecimientos ponen el cambiador de bebés en el baño de las mujeres, como si no fuera posible que los hombres lo hicieran”

La investigadora Cadhla McDonnell comenta que, al contrario de lo que marca la visión tradicional de que las madres consideran más importante que los padres cuidar a los hijos, en realidad no hay diferencias de sexo.

Cuando mi hija nació, la alimenté exclusivamente dándole el pecho, así que era imposible para mi marido alimentarla por la noche, una situación espinosa con la que otros padres se preocupan, como demuestran los hilos de muchos foros.

Así pues, él se encargó de los pañales y de hacer la compra y yo ‘solo’ mantenía viva a nuestra hija. A nosotros nos fue bien. Si no nos hubiéramos repartido así las tareas, no sé qué habría hecho. Menos mal que él también tuvo baja por paternidad.

Sin embargo, aún quedan muchas cosas que cambiar. Mi marido recuerda haber entrado a unos baños públicos de una galería de arte en pleno centro de Londres y no encontrar un cambiador para bebés. Ni uno. Tuvo que cambiar a nuestra hija en el suelo del baño de hombres y, por supuesto, la pequeña tenía diarrea explosiva.

En la actualidad, la mayoría de los establecimientos ponen el cambiador de bebés en el baño de las mujeres, como si no fuera posible que los hombres lo hicieran. El problema se ha propagado tanto que hasta ha motivado una campaña para ponerle solución.

En general, es la conversación la que tiene que cambiar, y las acciones. Ya he perdido la cuenta de las veces que he oído a amigos míos decir: “Qué suerte tienes de que tu marido se implique tanto”. ¿Acaso no deberían ser así todos los padres, al igual que hacen las madres? Al fin y al cabo, también son sus hijos.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.