No hay Navidad sin musicales

Dos recientes estrenos y un musical que resiste en cartelera para aquellos que no puedan pasar las Navidades sin ellos.

La ausencia en la cartelera de musicales como Anastasia, Billy Elliot, El Médico y El Rey León, podrían hacer pensar que la covid ha hecho desaparecer este tipo de espectáculos. Nada más lejos de realidad. A continuación, dos recientes estrenos y un musical que resiste en cartelera para aquellos que no puedan pasar las Navidades sin ellos.

¿Quién mató a Sherlock Holmes? o ¡canta! ¿Quién lo ha hecho?

En ¿Quién mató a Sherlock Holmes? Iván Macías y Félix Amador, el equipo artístico de El Médico, vuelven a demostrar que conocen el género, el clásico, lo suficientemente bien para hacer algo más pequeño y, a la vez, mantener el espíritu de los grandes. Algo que ya se intuye con Es tan inglés el primer número de la función que bien podría estar en un musical que viniese de fuera y en convertirse en un hit de este género.

Este musical tiene una trama que a la manera de Diez Negritos de Agatha Christie reúne a unos personajes por la relación que tienen con la futura muerte de Sherlock Holmes. Detective que acabará apareciendo en escena para, como suele ser habitual, hacerse con la atención de todos y averiguar quién es el asesino con una lógica aplastante, que, en este caso, quizás haya sido lo más descuidado.

Un musical en el que los grandes elencos, los cuerpos de baile y los espectaculares cambios de escenografía no se echan en falta por una dirección escena que le ha dado un sabor cinematográfico, de movimientos de cámara. Y porque no olvida tener una estrella, Daniel Diges, en papel principal, cuyo personaje se beneficiaría de que se le revisase y alegrase el vestuario.

A él se añade un montón de experimentados intérpretes de musical, entre los que destacan Enrique R. del Portal, como Dr. Watson, y Julia Möller, como Señora Roberts amiga del anfitrión que ha organizado la reunión. La pareja madura, contraparte de la formada por Sherlock Holmes y el personaje de Elizabeth, que se lleva al público de calle porque son capaces de crear más que química entre sus personajes. Pues como en todo musical, el amor está en el aire.

También se añade la sorpresa de tener al propio Iván Macías en escena tocando el piano. Hace de personaje invitado a la reunión como observador que solo responde con carteles, parecidos a los de cine mudo, en inglés a veces castellanizado de una manera que genera risas entre el espectador. Jugado como algo propio y no como un chiste, algo más, que tendrán que mantener en futuros montajes.

Con todo eso y mucho más, y, a pesar del microfonado no muy bien ajustado a la acústica de la sala, logran hacer un musical al uso. Uno que ha encontrado su oportunidad en la pandemia, pero con las virtudes necesarias para persistir cuando todo esto pase. Pues sabe agradar al público y lo hace con estilo, mucho estilo.

La última Tourné, ¡me vuelves Lorca!

Años noventa del siglo XX. Todo el mundo quiere ser moderno y rechaza aquello que huela al pasado como era el teatro de varietés. Independientemente del mercado del show business español y de que ese teatro siguiera funcionando. Esto obliga a una compañía de revista, que ha ido aprendiendo lo que sabe en la carretera, camino a ninguna parte, a reconvertirse, y no encuentran nada mejor que hacer un Lorca de los más exigentes, Comedia sin título.

Todo esto parece muy serio, pero no hay que equivocarse. La última Tourné que se puede ver en el Teatro Calderón es una comedia musical con muchas risas hecha con el espíritu de libertad con el que se ganaron el favor del público Bibiana Fernández (Bibi, para los que ya tienen unos años), Manuel Bandera y Alaska en los años ochenta. El mismo espíritu con el que recientemente se lo ha ganado Mario Vaquerizo, que, ante a ese elenco, brilla con luz propia frente a un auditorio que a poco que se le deja se entrega a su persona.

Y sí, es cierto que las interpretaciones son muy particulares, en general alejadas del canon y la academia, pues se trata más del carisma que despliegan en escena que de otra cosa. Más cercanos al espíritu de aquellas vedettes capaces de dar intuitivamente un sentido, una gracia, a lo que decían y cantaban. Más cercano al desparpajo y la osadía con la que se hacían las cosas en los ochenta.

Consigue así Félix Sabroso, su autor y director, lo que podría llamarse una comedia musical petarda. Una comedia no muy alejada del espíritu de La Cubana, tan celebrado por la crítica, en la que no te dan pastas ni bocadillos de mortadela, porque La última Tourné es más madrileña que charnega, y porque ahora no se puede.

Una comedia de vocación popular en la que una señora de toda la vida se puede sentar al lado de un moderno y ambos disfrutarlo. Con el ánimo con el que cada uno en su casa se sienta delante del televisor a ver un mismo programa, aunque les cueste confesarlo. Y entre medias, caben todo tipo de espectador desprejuiciado que quiera salir a divertirse, pasarlo bien.

La llamada, el musical que inició el fenómeno de los Javis

La llamada fue, y sigue siendo, un fenómeno juvenil del siglo XXI, al que la crítica seria le ofreció poca atención. ¿Un musical en un campamento de monjas en el que una chica un poco pasada tiene visiones divinas? ¿Creado a partir de canciones pop españolas? Con esos presupuestos se debió pensar en una actualización del fenómeno Marisol, o poco más o menos. Actualización que posiblemente no le hubiera importado hacer a los Javis, Javier Ambrossi y Javier Calvo, los creadores de este musical, todo hay que decirlo.

El caso es que no hicieron esa actualización, sino esta comedia, en la que Presuntos Implicados alterna con Whitney Houston, la música religiosa actual tipo misa y el reguetón en el que quieren triunfar las dos jóvenes que la protagonizan. Una historia que se ha perpetuado en el Teatro Lara, en el que se estrenó. Y ahí sigue, donde van cambiando los elencos, en función de necesidades y tiempos.

Elencos procedentes en su gran mayoría de la pequeña pantalla y que han convertido este musical en un peregrinar de público para ver a los famosos televisivos del momento. A los que un golpe de suerte los ha llevado a un programa de éxito. De tal manera que hay gente que ya la ha visto varias veces por ver cómo cantan en directo aquellos que admira.

Y, aunque quien la haga condiciona el resultado, por su espíritu de fiesta, cercano al karaoke, las ganas de cantar y bailar que dan viéndola, atraen una y otra vez a un público que ha llegado a sumar 800.000 entradas vendidas. Lo que demuestra una vez más la fuerza del boca-oreja para hacer que una obra triunfe y con ella sus autores y directores.

Un musical, sencillo, con el que no ha podido, ni siquiera su versión cinematográfica. Ni aunque se programe la versión sign along. Y eso que en escena hay una esquina con las literas de las dos amigas que se alojan en el campamento, un pequeño templete para la orquesta que toca en directo y unas iluminadas escaleras por las que desciende Dios cantando, sí, Dios, encarnado en Richard Collins-Moore. Todo un hallazgo, no solo porque cante bien, sino porque da bien de Dios, es creíble.