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27/05/2020 09:30 CEST | Actualizado 27/05/2020 09:30 CEST

No hay responsabilidad social sin bienestar animal

En los años venideros prosperarán aquellas empresas con visión, alineadas con las tendencias y los deseos de los consumidores.

Jo-Anne McArthur / Igualdad Animal

“Un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” decía Gandhi. Cada día, solo en España, 1,9 millones de pollos son sacrificados, 695 millones al año. La mayoría llega al matadero a los 42 días de vida, siendo aún crías y sólo habiendo conocido el sufrimiento. La responsabilidad social de las empresas juega un papel fundamental en esta problemática y tiene, hoy más que nunca, la capacidad y la obligación de construir un futuro del que nos sintamos todos orgullosos

La industria avícola ha convertido al pollo en una mera materia prima cuya vida se rige por dos condicionantes: el hacinamiento y el engorde. Con respecto al primero, la legislación vigente permite densidades de animales tan altas que hace que cuenten con menos espacio incluso que si estuviesen en una jaula. Hay tantos animales en las naves en las que viven que les es imposible andar, correr o desarrollar cualquiera de sus comportamientos naturales. Además, los pollos criados para carne han sido seleccionados genéticamente para crecer lo más rápido posible en el menor tiempo. Como consecuencia de esa selección genética, sus cuerpos crecen de forma desproporcionada y sus patas muchas veces no pueden aguantar su propio peso. Esta inmovilidad favorece su engorde. Es así como sus propios cuerpos acaban convirtiéndose en sus jaulas

Son las empresas las que tiene el deber de dar pasos alineados con los deseos de la ciudadanía y no basarse únicamente en lo establecido por ley.

Con el fin de terminar con los peores abusos que se cometen contra estos animales, las treinta principales organizaciones de protección animal de Europa, entre ellas Igualdad Animal, hemos acordado un compromiso de mínimos para reducir el sufrimiento extremo al que estos animales son sometidos. Este acuerdo se denomina European Chicken Commitment, (Compromiso Europeo del Pollo) y las empresas socialmente responsables deberán comprometerse y cumplirlo antes de 2026. Los seis criterios básicos a los que se refiere este compromiso son: cumplir con la regulación vigente de la UE en materia de bienestar animal; implementar una densidad máxima de 30kg/m²; adoptar razas de crecimiento lento que demuestren mejores resultados de bienestar; cumplir con varios estándares medioambientales como que las aves tengan luz natural o perchas para posarse; que se utilice el aturdimiento atmosférico controlado antes del sacrificio para evitar sufrimiento añadido y, por último, que se demuestre el progreso del compromiso a través de auditorías e informes anuales. 

El bienestar animal pasa de ser tendencia a ser un cambio de paradigma del que las empresas comienzan a querer formar parte.

No hay duda de que los consumidores tienen su parte de responsabilidad en esta problemática, pero son las empresas las que tiene el deber de dar pasos alineados con los deseos de la ciudadanía y no basarse únicamente en lo establecido por ley. Pese a la opacidad de la industria avícola española, la sociedad es cada vez más consciente y está mejor informada de lo que conlleva hacinar y engordar a tantos millones de pollos, tal y como refleja una reciente encuesta de Eurogroup for Animals. Nos encontramos en un punto de inflexión en el que el bienestar animal pasa de ser tendencia a ser un cambio de paradigma del que las empresas comienzan a querer formar parte. Por eso, son cada vez más las que se adhieren al European Chicken Commitment, comprometiéndose a trabajar por un mundo más sostenible para todos.

En los años venideros prosperarán aquellas empresas con visión, alineadas con las tendencias y los deseos de los consumidores. Las que decidan quedarse quietas mientras el mundo avanza se estarán deslizando irremediablemente hacia el pasado.