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05/06/2021 11:31 CEST | Actualizado 05/06/2021 11:31 CEST

No son los indultos, es una cuestión económica

El debate sobre el procés impide que el resto de España avance. Entre tanta bronca, no hay hueco para hablar de los desequilibrios territoriales o de las desigualdades.

JOSEP LAGO via Getty Images
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el líder de ERC, Oriol Junqueras.

Estos días estamos viendo en los medios de comunicación multitud de declaraciones, opiniones y artículos, con diversas reflexiones sobre los indultos desde un ámbito jurídico, político o ético. Así que, para intentar no repetirme, abordaré la cuestión desde una perspectiva diferente.

Muchos de nosotros aún recordamos los acuerdos entre partidos políticos de ámbito estatal y el señor Jordi Pujol para elegir al presidente del Gobierno de España. En esos momentos, no pocos daban por hecho que, fruto de las negociaciones, Catalunya se llevaba más de lo que teóricamente le correspondía. También está en la memoria el “España nos roba” que los independentistas usaron como leitmotiv arrojadizo para justificar sus acciones.

Resulta curioso este conflicto donde ambas partes piensan que lo mejor se lo lleva la otra parte. Porque al final, no nos engañemos, este no es un conflicto jurídico, ni tan siquiera es un conflicto patriótico, sino que es un conflicto político y, fundamentalmente, económico.

Político porque se debate acerca de los espacios de autonomía en las decisiones económicas de cada parte, y económico porque al final hay que financiar las decisiones y el pueblo, ese objeto del deseo, tiene que vivir. Así las cosas, es necesario hacer algunas puntualizaciones.

Si nos situamos en una perspectiva histórica de largo plazo, y comparamos la evolución a nivel provincial, Madrid le ganó a Barcelona la carrera demográfica, pasando del 4,2% de la población española en 1900 al 13,7% en 2011, mientras que Barcelona saltó del 5,7% al 11,8% (*).

Además, Madrid también ganó la carrera de los stocks de capital público, sinónimo de inversión acumulada, pasando del 6% del total de España en 1900 al 13% en 2005, mientras que Barcelona solo avanzó del 6% al 8% (**), en el mismo periodo.

Si nos situamos en la perspectiva histórica del actual periodo democrático, quédense con estos datos. Al acabar 1978, el año que se aprobó la Constitución, Cataluña representaba el 19,2% del PIB español a precios constantes y la Comunidad de Madrid un 16,7%. Al finalizar 2019, el PIB catalán representaba el 19% del total, mientras que el madrileño era el 19,4% (***).

Dicho de otra forma, Madrid ha sido la gran ganadora de los últimos 100 años. Ya lo dijo Isabel Díaz Ayuso, “Madrid es España y España es Madrid”. Desde luego, no voy a ser yo quien le quite la razón a la señora Ayuso, pero sí me voy a permitir hacerle una precisión matemática: si Madrid es España, Cataluña es más o menos la misma cantidad de España que Madrid.

Si Madrid es España, Cataluña es más o menos la misma cantidad de España que Madrid

Sin embargo, Cataluña tampoco ha sido la gran perdedora de estos últimos 100 años. Aunque Madrid le ha pillado la vez, la comunidad catalana ha visto incrementada su participación en la riqueza nacional, ya que en 1955 “solo” representaba el 17,9%. En el lado contrario, las comunidades de Andalucía, Asturias, Aragón, Cantabria, Castilla y León, Castilla la Mancha, Extremadura o Galicia han disminuido su contribución al PIB y a la población de España a largo de estas décadas.

El presidente Ximo Puig lo clavó cuando dijo que el “efecto aspiradora” de Madrid alienta la desigualdad en España. Pero se le olvidó que la suma de Cataluña y Madrid, en 2019, representaba el 38,4% del PIB, una cifra significativamente superior al 35,9% de 1978. Hemos concentrado casi un 40% del PIB en poco más de un 30% de la población, lo que ha agudizado los desequilibrios territoriales.

Hemos concentrado casi un 40% del PIB en poco más de un 30% de la población

Tengo la sospecha que esta disputa encubierta por la hegemonía económica, no solo está en el origen del procés, sino también en el de las pasiones que alimentan el debate sobre los indultos que, lejos de tener en cuenta las verdaderas prioridades de nuestros ciudadanos, se parece cada vez más a un “a ver quién puede más o llega más lejos” entre las élites políticas de Madrid y Cataluña.

La consecuencia es que el debate sobre el procés impide que el resto de España avance. Entre tanta bronca, no hay hueco para hablar de los grandes desequilibrios territoriales que sigue acumulando este país más de 100 años después, ni de las enormes desigualdades que ha generado la crisis financiera del 2011, ni de la reconstrucción social y económica de España tras la pandemia de la covid-19.

Me atrevo a decir, incluso, que algunos de los medios de comunicación más influyentes, radicados en Madrid o Cataluña, alimentan esta agenda política y que muchos partidos políticos de ámbito nacional no son capaces o no quieren salir del bucle.

En este escenario de confrontación, cada vez más ciudadanos de esa parte de España que no es ni Madrid ni Catalunya están cansados de que no se escuche su voz, de que no se les preste la debida atención y de que sea una odisea conseguir hablar de los problemas que les preocupan de verdad.

Por tanto, si los indultos que planea el Gobierno sirven no solo para restablecer el diálogo y la convivencia, sino para que hablemos más de España y menos de Cataluña y Madrid, bienvenidos sean. Lo agradecerán los jóvenes que tienen un futuro incierto, los mayores que ven peligrar sus pensiones, las empresas que están en una situación difícil para salir de la crisis, las personas que no encuentran un puesto de trabajo, las mujeres que sufren violencia, y tantos y tantos colectivos que esperan una respuesta de sus gobiernos.

España tiene que ponerse en marcha, no podemos entretenernos más. Los debates estériles no nos llevan a ninguna parte. Tenemos que arriesgarnos y demostrar que la concordia se alcanza con los hechos. Tengo la esperanza de que a los partidos de la derecha española les ilumine, por una vez, la responsabilidad y la sensatez, porque creo que los indultos ayudarán a desbloquear la situación y los gobiernos podrán trabajar para que salgamos de esta crisis sin dejar a nadie en el camino. Los ciudadanos no van a esperarnos mucho más.

Fuentes:

* Datos de población: INE.

** Datos de stocks de capital: Fundación BBVA e IVIE.

*** Datos de PIB: FEDEA.

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