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21/08/2019 07:05 CEST | Actualizado 21/08/2019 07:05 CEST

Nuevas "liturgias"

El dinero debe ponerse al servicio de la democracia y no al revés.

Europa Press News via Getty Images

Sí, “liturgias” entrecomillas, por obra y gracia del dios Casado y de su profeta en la tierra, Isabel Díaz-Ayuso. Ahora que amenazan con regalarnos una bajada de impuestos, y que están entusiasmados con su idea de convertir Madrid en reserva espiritual de España, me viene a la cabeza algo que leí hace tiempo y que sería mucho más lógico que ese impreciso café para todos que anuncian.

El sistema a que me refiero funcionó durante siglos, aunque fue cayendo en desuso.  En la Grecia clásica existía lo que se llamaba la “liturgia”, que nada tiene que ver con oficios religiosos, y que podría traducirse como “servicio público”. Los “liturgos”, siempre hombres ricos y poderosos, estaban obligados por ley a financiar una obra pública, a cooperar con la construcción de naves para una guerra o a pagar la música o el teatro en un festival público. No podían decir que no, aunque tenían la posibilidad de denunciar a otro rico que tuviera más patrimonio y que no hubiera sido designado como pagador. Entre ellos se entendían, aunque también encontraban las fórmulas para escaquearse, que supongo que tendrían, como ahora, una legión de abogados y expertos para sacarlos del apuro.

Y entonces aparecieron los “evergetas”, los notables, que, para granjearse el favor de sus vecinos, para sentirse importantes, respetables y ganar prestigio, donaban a su ciudad grandes obras públicas. Su generosidad les otorgaba más autoridad y hacía que la gente se pusiera a su servicio. Lo fundamental era obtener la sumisión de los otros. El evergetismo era una mera cuestión de imagen, porque los poderosos del momento eran los gobernantes.

El dinero debe ponerse al servicio de la democracia y no al revés.

Y andando el tiempo, pasando los siglos, nos encontramos en el mismo punto. Los actuales “liturgos” guardan su fortuna en Suiza o en las Caimán para que nadie pueda obligarles a colaborar con la comunidad. Y los “evergetas”, los gobernantes, como entonces, nos echan de cuando en cuando un trozo de pan duro para engañar al hambre. Ahora, con una cacareada rebaja del IRPF , eso sí. Igual para todos, con lo que los de las cuentas en paraísos, y los más mimados por la Diosa Fortuna, seguirán con los mismos privilegios.

Y ni siquiera se harán la gracia de regalarnos un centro cultura, una biblioteca o un hospital. No hemos aprendido nada. Nos quedamos con lo peor de la historia olvidando que ya está todo inventado, que el dinero debe ponerse al servicio de la democracia y no al revés.  

Y que la aristocracia, del griego “aristós”, es el gobierno de los mejores, no de los más ricos.

 

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