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12/02/2020 06:46 CET | Actualizado 12/02/2020 06:46 CET

Nuevas rebajas para el crecimiento de la economía española

El Gobierno lo sitúa en el 1,6%, en la línea del pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pakin Songmor via Getty Images

De acuerdo con las últimas declaraciones del Gobierno, las previsiones de crecimiento para la economía española en el próximo año sufren una moderación en la tasa de crecimiento. Una moderación que se sitúa a la senda marcada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de enero. Un ajuste que está teniendo efectos negativos en la economía española, provocando -entre otros efectos- un enfriamiento en la creación de empleo.

De acuerdo con el Gobierno, se prevé que la economía española crezca el próximo año al 1,6%. un crecimiento que, de acuerdo con la estimación realizada anteriormente por el propio Ejecutivo, se aleja un 0,2% de ese 1,8% previsto anteriormente. 

Lo mismo ocurrió hace unos meses, cuando el mismo Gobierno preveía que la economía española cerraría el año con crecimientos del 2,2%. Finalmente, con esa mayor intensificación en el enfriamiento de la economía española, y pese al impulso que vivieron las exportaciones durante el último trimestre del año, 2019 acabó con un crecimiento del 2%. Un crecimiento que, incluso, llegó a preverse del 1,8%, pero que acabó remontando levemente por ese, como decíamos, mejor comportamiento de la economía durante el último trimestre.

Estos datos de crecimiento no son para nada sorprendentes. Y, matizo, no son sorprendentes por el hecho de que el Fondo Monetario Internacional, tras la publicación de las perspectivas para la economía mundial -informe WEO- publicado durante la reunión anual del Foro Económico Mundial, en Davos, ya contemplaba ese enfriamiento de la economía española. Un enfriamiento que mermaba el ritmo de crecimiento, situándonos en un nivel más cercano a la media europea. Media que, dicho sea de paso, se situará en niveles próximos al 1,2%-1,3%.

Los españoles debemos ser conscientes de que el punto de partida para nuestra economía no es el mismo punto de partida que el de otros homólogos a nivel europeo.

Como digo, el ajuste ya estaba previsto por el propio Fondo Monetario Internacional, aunque este, a diferencia del Gobierno, hizo un apunte, condicionando el cumplimiento de su pronóstico a una favorable evolución del comportamiento económico. Es decir, como ya dijo el propio organismo, la actuación política en los próximos meses condicionará -y mucho- la evolución de los crecimientos, así como el cumplimiento de las perspectivas previstas.

De hecho, también fue muy claro con el hecho de que los focos de incertidumbre comenzaban a disiparse, facilitando una lectura más positiva para los crecimientos. No obstante, sin estar exentos de riesgo, un empeoramiento en el comportamiento de estos focos de incertidumbre -donde destacan el Brexit y la guerra comercial- podría provocar nuevos reajustes a la baja a lo largo del año. La evolución de estos focos de incertidumbre, por ende, jugará un papel fundamental en el comportamiento de los pronósticos.

Por otro lado, y no menos importante, el crecimiento previsto para la economía española no es malo, ni mucho menos. No obstante, los españoles debemos ser conscientes de que el punto de partida para nuestra economía no es el mismo punto de partida que el de otros homólogos a nivel europeo. Aunque crecemos más que Alemania o Reino Unido, hablamos de economías que, de acuerdo con las variables macroeconómicas, muestran un mayor fortalecimiento que la economía española ante posibles shocks o mayores contracciones.

España, pese a los crecimientos, sigue soportando unos niveles de deuda que impiden cualquier movimiento expansivo en estos momentos. Pese a la insistencia del Gobierno, Europa está siendo muy tajante, insistiendo en la necesidad de corregir esas vulnerabilidades que no dejan de acechar a la economía española. Entre ellas, nos encontramos con los niveles de déficit, la deuda, así como los niveles de desempleo en el país, que se encuentran muy elevados y que, de acuerdo con la oficina estadística europea Eurostat, nos sitúan en una peor posición que otras economías.

Las políticas de hacer más rígido el mercado laboral, así como subidas masivas en los impuestos, podrían tener efectos negativos en la economía.

En materia de desempleo, España vuelve a ser la subcampeona de Europa, con unos niveles que siguen rozando el 14%. Pese a atravesar un largo ciclo expansivo durante los últimos años, la creación de empleo en el país ha sido muy vaga, así como deficiente en materia de calidad y solidez del empleo. Esto preocupa, pues los crecimientos se están apagando, como podemos observar en las previsiones, a la vez que el empleo, muy ligado al crecimiento a través de la Ley de Okun.

Lo mismo ocurre con la deuda y el déficit. Hemos atravesado unos años de largo y extenso crecimiento económico que, sin embargo, no han dado para reducir los niveles de deuda y déficit en el país. Esto, ante los moderados crecimientos que ya comienza a mostrar la economía española, dificulta aún más la reducción del déficit, pues cuanto más desciende el crecimiento, las políticas se van enfocando hacia los incrementos de gasto público y el incentivo a la demanda -muy visibles en las políticas del nuevo Gobierno-, lo que impide que podamos reducir el déficit de forma más acelerada.

Por último, recordemos lo que decía el Fondo Monetario Internacional respecto a la actuación política. Si atendemos a las medidas del nuevo Gobierno, especialmente en materia económica, podemos observar puntos que no animan al optimismo. Las políticas de hacer más rígido el mercado laboral, así como subidas masivas en los impuestos, podrían tener efectos negativos en la economía, provocando un mayor enfriamiento en la creación de empleo, un menor crecimiento de lo esperado y, por ende, una mayor ralentización en el crecimiento de una economía que, como vemos, precisa crecer para poder solventar sus vulnerabilidades.

 

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