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23/06/2020 21:28 CEST | Actualizado 29/06/2020 11:46 CEST

Que haya nuevos brotes es normal; que se descontrolen sí debería preocuparnos

Cuatro comarcas de Aragón retroceden a la fase 2 mientras continúa el goteo constante de nuevos focos de coronavirus en España.

EFE
Dos sanitarios conversan a la salida del hospital de Fraga (Huesca), donde están aislados varios pacientes de coronavirus.

La semana pasada el ministro de Sanidad, Salvador Illa, comunicó que en el último mes se habían detectado en España 34 brotes de coronavirus, de los cuales había nueve activos, pero todos ellos controlados. Unos días más tarde, las palabras ‘brote’ o ‘rebrote’ llenan titulares a diario, especialmente tras el retroceso de varias comarcas de Aragón a la fase 2 de la desescalada. ¿La aparición de estos nuevos casos implica que la situación deja de estar bajo control? No necesariamente, pero sí que puede dejar de estarlo. 

“Un brote es una agrupación de casos inesperada de una enfermedad. En este caso, se pueden trazar, identificar, y su relación se puede comprobar, de modo que se sabe la fuente de infección y se acota. A partir de ahí, se van siguiendo los contactos hasta que se consiguen aislar y se corta la transmisión”, explica Ildefonso Hernández, catedrático de Salud Pública y portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). En el lado opuesto estaría “la transmisión continuada comunitaria, que se produce cuando van surgiendo casos en una comunidad pero ya no hay forma de saber cuál ha sido su origen”, añade. “Esa es la diferencia fundamental”.

La ‘trazabilidad’ de los casos, factor clave

Para Javier Padilla, médico de atención primaria y autor de Epidemiocracia (Capitán Swing), la clave es “distinguir si hay trazabilidad de los casos, contención y capacidad para frenar la cadena de transmisión”. En ese caso, puede hablarse de brote localizado y controlado; de lo contrario, habría que empezar a preocuparse. 

En los brotes más recientes de las comarcas de Huesca, surgido en un planta frutícola, y de Lleida, en una residencia de ancianos, lo positivo es que “se ha podido hacer la trazabilidad y el seguimiento de contactos, de más estrechos a más lejanos, hasta que se ve hasta dónde ha llegado la transmisión”, señala Hernández. “Como ahora hay mucha capacidad de hacer pruebas, en general se puede acotar a todos los contactos para identificar posibles casos con mucha rapidez”, apunta.

El viernes pasado, Fernando Simón informó de que Sanidad está detectando el origen de cerca del 60% de los contagios con el ‘nuevo’ sistema de vigilancia epidemiológica que se aplica desde el 11 de mayo y que está focalizado en conocer hasta el más mínimo detalle de cada nueva infección. De este modo, se están diagnosticando cada vez más casos asintomáticos y leves, todo ello en un periodo de 24 a 48 horas. Considerando la baja capacidad de detección y contención de la que partíamos, se trata de un avance notorio, si bien Simón reconoció que podría no ser suficiente. 

“Siempre va a haber casos que no se sabe de dónde han venido, sobre todo teniendo en cuenta la transmisión comunitaria que ha habido en España y que sigue habiendo. Pero aunque no sepas de dónde viene un caso, a partir de él sí puedes trazar todos sus contactos para evitar más transmisión, y eso es lo que se está haciendo”, explica Ildefonso Hernández.

Mientras sean casos que están confinados y sigan siendo noticia, querrá decir que tenemos capacidad para detectarlos, hacer el estudio de contactos, aislarlos

El hecho de que los medios informen cada día de estos brotes es, en cierto modo, positivo, defiende Javier Padilla. “Cuando la semana pasada se supo que había 400 casos en Alemania vinculados a un matadero, la gente se escandalizaba por el dato de los 400, pero en esa frase hay dos números: por un lado, los 400, pero por otro, es en un matadero. Estamos hablando de una localización concreta, identificada, con trazabilidad de casos y capacidad para la contención y el aislamiento. Hacia eso es hacia lo que hay que caminar”, explica.

Padilla advierte de que “en las próximas semanas y en los próximos meses vamos a ver un montón de noticias de ‘20 casos asociados a una reunión familiar’, ‘30 casos asociados a una empresa frutícola’, ‘80 casos asociados a una residencia de ancianos’... Mientras sean casos que están confinados y sigan siendo noticia, querrá decir que tenemos capacidad para detectarlos, hacer el estudio de contactos, aislarlos, etcétera”, sostiene. El problema, dice, es “cuando no tengamos capacidad para ello, cuando no sepamos de dónde vienen o cuáles son sus contactos. Ahí es cuando hay que preocuparse”, avisa.

Retornar a fase 2 (a tiempo) es una buena señal

El hecho de que cuatro comarcas de Aragón hayan vuelto a fase 2 este lunes por un brote en Zaidín es otra muestra de que el sistema, por el momento, funciona. “Lo llamativo y lo positivo es que se haya retrocedido a fase 2 en comarcas y en zonas concretas, bien delimitadas, no en toda la provincia ni en toda la comunidad autónoma”, afirma Padilla. “Esto entra dentro de lo previsto”, coincide Hernández, que recuerda que algunas comunidades autónomas contemplan en sus decretos de nueva normalidad la aplicación de las leyes especiales de salud pública en situación de crisis sanitaria. En este caso, “se puede limitar la circulación de las personas para acotar brotes que son más extensos de lo que uno espera”, apunta, algo que todavía no se ha aplicado en las comarcas de Aragón.

 

“El problema no es que haya brotes, que los va a haber. El problema es no detectarlos o acotarlos con rapidez”, insiste el epidemiólogo. No obstante, esta situación pone de manifiesto “la necesidad de reforzar los sistemas de epidemiología y de atención primaria”, sostiene. “Si no se toman eso en serio, lo demás no va a ir bien. No hay que hacer un apaño momentáneo; es una cuestión estructural. La clave es poner a gente que sea capaz de salir del centro, buscar los contactos, hacer entrevistas, reaccionar ante el menor síntoma, siendo proactivos, analizando continuamente los datos y la situación epidemiológica para saber de dónde viene cada contagio”. Es decir, se necesitan epidemiólogos. 

El problema no es que haya brotes, que los va a haber. El problema es no detectarlos o acotarlos con rapidez

“Cualquier agrupación de casos, por mínima que sea, debe tener una documentación muy extensa de qué ha ocurrido para, en cualquier momento, ver qué ha fallado: los servicios de prevención de la empresa, o si ha ocurrido en una fiesta, si se ha sobrepasado el aforo en una boda o si es que no llevaban protección”, ilustra el portavoz de SESPAS. “Como todas las medidas que estamos tomando son provisionales, en cada caso tiene que haber una especie de auditoría en la que se analice de dónde viene la infección”, afirma.

El escenario de ‘cero contagios’, una utopía

“Hay que evitar la idea de que vamos hacia un escenario de ‘contagios cero’”, insiste Javier Padilla. “Vamos hacia un escenario de transmisión controlada en la que el sistema sanitario no se sature”, abunda. Teniendo en cuenta que el país no puede permitirse vivir sin el turismo y sin la actividad comercial, la única opción es “coexistir en los próximos meses con la aparición de casos nuevos”, precisa. “Hasta que no haya solución definitiva a la pandemia, tenemos que conformarnos con tener un cúmulo de casos constante que no va a llegar a ser cero. La clave es que haya control de ellos”, expone.

Hasta que no haya solución definitiva a la pandemia, tenemos que conformarnos con tener un cúmulo de casos constante que no va a llegar a ser cero

Para que la situación esté bajo control, hay que tomar todas las precauciones posibles a nivel individual, pero no sólo eso. Ambos expertos coinciden en poner el foco en el ámbito laboral, como en el caso del brote en la empresa hortofrutícola de Huesca, donde ya llevan detectados al menos 78 contagios.

Los entornos laborales, en el punto de mira

“Los brotes en los lugares de trabajo tienen mucho que ver con la organización laboral, con las condiciones laborales, con las condiciones de transporte. Ha pasado sobre todo con personas migrantes, que tienen horarios muy extensos o contratos por horas, van apretados en los transportes, tienen poco espacio en los comedores o en las cadenas de montaje... Si se introduce una infección en ese momento, puede favorecer los contagios”, constata Ildefonso Hernández.

“Las empresas, por su cuenta, deberían tener sus propios servicios de prevención e higiene y trabajar en ello de forma muy decisiva”, sostiene. Por otro lado, opina Hernández, “probablemente haya que contratar a más inspectores de trabajo” para velar por que las condiciones laborales se ajusten a las medidas de seguridad. 

En Lleida, otro punto de la geografía donde se han registrado brotes importantes, también se han contagiado y aislado varios temporeros, aunque lo que preocupa especialmente es el brote localizado en una residencia privada, donde 13 residentes y 5 trabajadores han dado positivo en covid-19 en las últimas horas.

 Y en las residencias de ancianos, lo más “temible”

Tanto Padilla como Hernández reconocen que los brotes que se producen en una residencia son “los más temibles”. “La urgencia de control en una residencia es altísima, porque son personas en situación de gran vulnerabilidad y cualquier infección puede acarrear mucha gravedad”, explica Hernández. “Hay que trabajar con una velocidad brutal para la detección; y no sólo cuando haya un caso, sino cuando haya un mínimo síntoma”, añade. 

“Es fundamental que se ponga el foco en proteger a la población vulnerable”, incide Javier Padilla. “Aunque en una institución cerrada hay menor riesgo de expansión de la epidemia, un brote en una residencia debería alarmarnos por su gravedad clínica”, concluye.

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