Por qué nos obsesionamos tanto con la cifra de muertes

Ahora mismo, nalizar las gráficas es como echarle un vistazo a una bola de cristal turbia.

Las cifras son adictivas: imponen un orden en unos acontecimientos que desde el aislamiento resultan caóticos. Cuando los ordenamos en un gráfico, nos gusta su inherente precisión, especialmente durante esta pandemia global, que ha hecho que nuestra vida se vuelva mucho más estresante e inestable.

El principal motivo por el que lo hacemos es para predecir el futuro. ¿Cómo estamos en comparación con Italia, donde ha afectado tanto el coronavirus que tienen colapsado el sistema sanitario? Analizar las gráficas es como echarle un vistazo a una bola de cristal turbia. Por terrorífico que parezca el futuro, preferimos conocerlo antes que permanecer en la oscuridad.

Como las cifras varían según la fuente que miremos, la bola de cristal se vuelve aún más turbia. Teniendo en cuenta la confianza que hemos depositado en la curva para conocer el estado actual de la pandemia y asegurarnos de que disponemos de la infraestructura adecuada en el momento adecuado, me desconcierta que se dude de las estadísticas. En el Reino Unido hemos visto recientemente discrepancias entre las estadísticas del Gobierno y las de la ONS, nuestra agencia nacional de estadística.

“Solo cuando la curva se muestre plana durante varios días seguidos podremos decir con mayor seguridad que estamos venciendo al virus”

Esa discrepancia de cifras se debe a que cada organismo utiliza un criterio distinto. La ONS se basa en la información de los certificados de defunción (que lleva un retraso de casi una semana), de modo que sus datos no están al día porque no representan a los que han muerto hoy. Por otro lado, el Gobierno suma las cifras de los hospitales, que ya de por sí tienen criterios independientes. Si un paciente de COVID-19 muere en su casa, no aparece en sus estadísticas.

¿Importa en realidad esta discrepancia de datos? A grandes rasgos, no mucho. Como científica, estoy acostumbrada a mirar las estadísticas de forma holística. No es bueno obsesionarse con datos individuales. Lo que a un científico le interesa es la perspectiva entera o, al menos, una perspectiva suficientemente amplia: la forma de la curva, no un punto concreto de esta.

Por eso mismo, muchos nutricionistas recomiendan que no te obsesiones con pesarte todas las mañanas, sino que compares tu peso de forma semanal y bases tu percepción del éxito o del fracaso según esas cifras, que son más fiables. Ha habido múltiples intentos de predecir la curva de contagios en todo el mundo y todas han acabado errando. Solo cuando la curva se muestre plana durante varios días seguidos podremos decir con mayor seguridad que estamos venciendo al virus.

No obstante, es de gran importancia que no pensemos que ya está hecho cuando lleguemos a ese punto, porque si abandonamos las medidas de distanciamiento social demasiado pronto, la curva simplemente volverá a dispararse. Va a ser necesario seguir alerta para mantener el virus bajo control, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras con los turistas.

“Si abandonamos las medidas de distanciamiento social demasiado pronto, la curva simplemente volverá a dispararse”

Sigue habiendo muchas incógnitas: seguimos sin saber si la llegada del verano frenará su expansión, como es el caso con otros virus respiratorios, como la gripe. No sabemos si la exposición al virus confiere una inmunidad permanente. No sabemos si las tan esperadas vacunas, que no estarán listas hasta dentro de 18 meses, funcionarán de verdad, y no sabemos cómo de efectivos serán los medicamentos experimentales que están desarrollando.

No es un disparate que vayamos a pasar cuarentenas intermitentes durante un tiempo hasta que alcancemos una especie de tregua biológica con este nuevo patógeno. Lo peor que podemos hacer ahora mismo es subestimarlo.

Nos encontramos en esta terrible situación porque, como comunidad global, pese a la insistencia de los expertos, no hemos sabido prepararnos para la pandemia. Cuando por fin pensemos que tenemos el virus bajo control, no habrá mucho tiempo para relajarse. Y tendremos que reconsiderar seriamente las prioridades de gasto público. La duda no es si volverá a ocurrir una pandemia, sino cuándo, y no hay cifra diaria de muertes que pueda decirnos eso.

La doctora Jennifer Rohn es bióloga celular en la Universidad de Londres y estudia cómo interactúan los patógenos con sus huéspedes humanos. Ha publicado la novela Cat Zero, sobre una epidemia viral entre gatos.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.