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10/10/2021 10:06 CEST | Actualizado 11/10/2021 19:13 CEST

Oficina de “lo español”

No, Ayuso no quiere una oficina del español, ella lo que quiere es ser la directora de la “oficina de lo español”.

EFE
Isabel Díaz Ayuso, presidenta madrileña.

Hace unos días la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presentó la Oficina del Español, dirigida por el camaleónico Toni Cantó.

En la presentación Ayuso dedicó más tiempo a explicar lo que no quería ser esta Oficina, que los objetivos o finalidad de la misma. No pretende, decía ella, que Madrid sea la “cuna” del español; no pretende “disputar” con la Real Academia Española ni con el Instituto Cervantes; “no nace desde la soberbia”, etc. Excusatio non petita, accusatio manifesta est, pensé de inmediato.

Pero más allá de la broma o del exabrupto de la Presidenta (uno más) de decir que “pretende disputar con Estados Unidos ser el centro de producción musical en español”, dos ideas quedaron claras en su comparecencia: que la oficina se estrenaría con el primer festival Hispanidad 2021 y que ”mientras hay gobiernos populistas, nacionalistas, identitarios que están negando al ciudadano el mejor legado cultural y el derecho a conocer y dominar el español, la Comunidad sigue sumando en beneficio de todos″.

Por fin ponía de manifiesto Ayuso la razón de ser mediata de esta oficia (la inmediata, es evidente, era solucionar el compromiso laboral adquirido por el PP con el mencionado Toni Cantó). No se trataba de hacer una oficina del Español, sino una “oficina de lo español”. Ella, como genuina representante (por encima por supuesto de Casado) de la derecha (de toda la derecha española, incluida la más extrema), se erigía en defensora de los valores nacionales españoles.

La derecha española ya nos tiene acostumbrados a su permanente intento de patrimonializar los símbolos nacionales que, siendo de todos, están o deberían de estar, por encima de partidos: himno, bandera y ahora hasta nuestro idioma.

Querer identificar estos símbolos (insisto de todos) con una ideología o una posición política conservadora, es tan irresponsable y excluyente como la que mantienen los propios independentistas a los que se pretende enfrentar.

Como pude leerle al siempre admirado Pepe Asenjo, “los nacionalismos se tocan, por mucho que se crean antagónicos: ambos nos dividen entre un nosotros y un ellos; se afanan en señalar y construir el enemigo y se apropian igualmente de lo que es de todos”

Tenemos que rebelarnos contra esa indebida apropiación de “nuestros” símbolos. Y desde luego, no caer en el juego excluyente de unos y otros. Nacionalismo español y nacionalismo independentista son el anverso y reverso de una misma estrategia 

Ayuso lo tiene claro. Siendo ella la “reina del populismo”, acusa a los demás de serlo y dice combatir el independentismo mientras sigue la misma hoja de ruta que ya marcaron aquellos, para generar en este caso, un peligroso e injustificado sentimiento de agravio entre los madrileños, similar al que ya arraigó en una parte de los catalanes.

No, Ayuso no quiere una oficina del español, ella lo que quiere es ser la directora de la “oficina de lo español”.