Pablo Alborán: quién te ha visto y quién te ve

El cantante ha experimentado un cambio radical para dar el salto a nivel internacional con 'Taboo'.

Un chavea de Málaga con una guitarra, un pañuelo al cuello y canciones que cantar en la playa de La Caleta a algún ligue del acomodado barrio de El Limonar. Pablo Alborán empezó así, como otros muchos cantautores, con letras propias romanticonas que pasó en apenas meses de compartir en vídeos en acústico en YouTube a sonar en todas las emisoras de música comercial. Todo ocurrió en 2011. Ese año, con su primer disco de título homónimo, consiguió ser el más vendido. Entró en la industria musical por la puerta grande.

Pero ese “y tú, y tú, y tú, y solamente tú” que todo el mundo coreaba —tanto fans como haters— en sus inicios era solo el principio de una carrera meteórica que le ha dejado en menos de una década con cerca de 40 discos de Platino con el total de su discografía.

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Y no solo eso, ha sido el artista que más discos ha vendido entre 2011 y 2018. Solo consiguieron arrebatarle la corona en 2015 cuando Alejandro Sanz recuperó el trono perdido a principios de los 2000 con su disco Sirope y en 2016 cuando Manuel Carrasco se alzó con el título con su trabajo Bailar el viento.

Pero a pesar de que tiene el éxito prácticamente asegurado, el malagueño no se ha quedado estancado en su sonido. Y no, tampoco en su físico y su forma de vestir. Ha dado un importante cambio en sus canciones, desde Solamente tú a su último single Tabú, junto a la estadounidense Ava Max, con el que pretende lograr un gran hit internacional.

Para eso se ha trasladado a Los Ángeles, ha utilizado la fórmula eurovisiva de meter un estribillo en inglés y español, y ha lanzado una canción con la que hacer frente a los reyes de las plataformas de streaming: J Balvin, Nicky Jam e incluso recuerda un poco al ritmo de Señorita de Shawn Mendes y Camila. Pablo Moreno, como aparece en su DNI, quiere cumplir el sueño americano que en el mundo del cine ya cumplió su paisano Antonio Banderas.

De chico bueno del pop melódico a rey del reguetón

Pablo Alborán, en 2011 y Pablo Alborán, en 2018.
YouTube/Getty Images
Pablo Alborán, en 2011 y Pablo Alborán, en 2018.

La evolución de Pablo Alborán no se ha forjado de un día para otro. El cantante ha ido dando pasos de la canción melódica a los ritmos latinos poco a poco. Primero fue Éxtasis, en su segundo trabajo Tanto; y luego se fue sucediendo con varios temas en Terral y con el exitazo de Saturno, de su álbum Prometo.

Pero más allá de eso, pocos recuerdan que el que hoy sale en camiseta ceñida luciendo bíceps, iba con camisa ancha pañuelo al cuello y se sentaba tímidamente detrás del micrófono solo con su guitarra. Ni se imaginaba que iba a acabar meneando las caderas encima de un escenario. El cambio físico de Alborán ha sido bastante notable acorde a su evolución musical.

Es normal escuchar el comentario “Pablo Alborán se ha mazado” o que sus bíceps le han eclipsado en sus directos. Y es que, desgraciadamente, para ser una gran estrella internacional, el físico, tanto de ellas como de ellos, sigue siendo examinado al milímetro.

El cantante ha cambiado también su peinado: cayó en el cambio de look popular del momento, rapado por los lados y tipo mohicano por el centro. Puro marketing para que Pablo Alborán sea prácticamente un clon de otros reyes de la música en español como Luis Fonsi o Ricky Martin y se desmarque de sus hasta ahora competidores: Manuel Carrasco y Alejandro Sanz.

Una máquina de hacer dinero

El entorno familiar del malagueño ha sido siempre favorable. Es bisnieto del primer marqués de Alborán e hijo del reputado arquitecto Salvador Moreno Peralta, responsable de algunos de los centros comerciales de la ciudad y de las obras de peatonalización del centro de Torremolinos. Estudió en el Liceo Francés y se crió en el barrio de El Limonar.

Pero con su éxito, su capital ha aumentado notablemente y lo ha invertido en inmuebles en zonas lujosas de Madrid y Málaga. Lo hace a través de la empresa Sirona Investments S.L, que fundó en 2014 tras sus dos primeros trabajos y cuando se preparaba para lanzar Terral. Esta sociedad que facturó entre 300.000 y 600.000 euros el pasado 2018 y cuenta con un capital social de entre 10.000 y 50.000 euros.

La estrella de Instagram

El cambio físico del cantante también ha pasado porque sus redes sociales se conviertan también en una forma de ganar adeptos a los que él llama “familia”. El malagueño se abrió su cuenta en Instagram en 2014, cuando su carrera ya había despegado y se preparaba para sacar su tercer disco, Terral.

Desde entonces ha convertido su feed en la red social en un escaparate de sus fotos ligerito de ropa —y la consecuente locura de sus fans—, de su perro Terral, de su faceta cocinitas o de sus momentos de relax. Toda una estrategia para convertirse también en influencer y lograr el beneplácito de las masas.