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04/01/2022 17:59 CET | Actualizado 04/01/2022 18:11 CET

Los pajes que ayudan a los Reyes Magos a que ningún niño se quede sin juguete

“Cuando ves todo esto así, dices: “No vamos a llegar”. Pero siempre llegamos”.

Paquetes de todos los colores esparcidos por el suelo bajo el árbol de Navidad, enormes cajas vestidas de blanco con lunares azules, rojos y amarillos. Es la imagen de la ilusión. La escena de perfecta felicidad que venden las películas y que probablemente estés plasmando en tu memoria en este momento. Es fácil que hayas vivido algo similar, un día con sabor agridulce porque marca el fin de las fiestas, pero cargado de emoción. 

“¿Me habrán traído la muñeca con orinal que pedí? ¿Y la pista de scalextric con coches que saltaban por los aires en el anuncio? ¿Y la heladera con la que hacer helados “facilísimo es”?”

Aunque muchos niños ven cómo su carta se convierte en realidad un seis de enero, el 26,4% de la población española se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social en 2020, según los últimos datos disponibles de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (julio 2021). Además, con el precio de la luz batiendo cifras récord y el IPC disparado en diciembre al 6,7%, el mayor nivel en casi tres décadas, hay familias que no se pueden permitir rodear su abeto de regalos cada Navidad. 

Por ese motivo, algunas asociaciones se encargan de llevar juguetes a todos los hogares donde los Reyes Magos no pueden llegar. Ningún Niño Sin Sonrisa es una de ellas. Nació en 2009 de la mano de Mónica Martínez, la actual presidenta, cuando ejercía como catequista en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario: “Se me ocurrió la idea porque quería donar algunos juguetes y no tenía dónde llevarlos”. 

Un trabajo de todo un año

Mari Carmen Núñez es la coordinadora y encargada de la logística. Recorre los pasillos de los dos edificios que hacen de almacén provisional en el colegio madrileño Amador de los Ríos, supervisando todas las etapas del juguete, desde que lo reciben hasta que está listo para ser entregado. Además del esfuerzo de todos los voluntarios y donantes, la organización parece la clave del éxito del trabajo de todo un año. 

“Cuando ves todo esto así, dices: “No vamos a llegar”. Pero siempre llegamos. No se sabe cómo, pero llegamos”, dice orgullosa la vocal Maribel Morante. 

Eva Villasante
La voluntaria Maribel Morante repasa la lista de los juguetes solicitados.

 Lo que comenzó como una iniciativa para repartir ilusión entre unos diez niños ha ido creciendo a lo largo de los años y se ha convertido en un proyecto mucho más ambicioso. Solo este año, han recibido cerca de mil cartas de forma directa, pero además, también entregan regalos a distintas asociaciones de otras provincias. En total, el número de menores a los que ayudan supera los 2.000, pero han notado un menor volumen de peticiones este año, a su juicio, a consecuencia del virus: “Hay gente que tiene miedo hasta de venir a por juguetes”, explica la Morante. 

La pandemia ha afectado también, y de forma muy notable, a la cantidad de voluntarios que colaboran en estas fechas: “Somos la tercera parte menos para hacer lo mismo de siempre. Además, no nos ayuda nadie. No recibimos ninguna subvención”. En total, unas cuatro o cinco personas se reparten el trabajo y se encargan de todo el proceso, aunque cuando llega la Navidad, el número de manos aumenta.

Los juguetes que vosotros les daríais a vuestros hijos son los que queremos.Maribel Morante, voluntaria de Ningún Niño Sin Sonrisa

El trabajo de estos pajes comienza en febrero, cuando empiezan a recibir un flujo continuo de cajas con juguetes de particulares y empresas. Desde ese momento, revisan cada donación, pieza por pieza, y limpian o arreglan todo lo que cumpla con las condiciones necesarias: “No todos son aprovechables. Casi la mitad. Y eso que siempre lo decimos: “Los juguetes que vosotros les daríais a vuestros hijos son los que queremos, porque los que son para la basura no nos sirven””, subraya la voluntaria. 

Cuando se acercan las fiestas, reciben las cartas de los niños, les asignan un número y apuntan los regalos que han pedido para buscar el más parecido posible. Cada uno recibe de forma obligada un par de libros, un puzzle y un peluche, además de cinco o seis juguetes más. 

Las familias que participan deben acreditar que se encuentran en situación de pobreza o exclusión social, ya sea con un papel del paro, demostrando que reciben ayudas de Cáritas, que son beneficiarias del salario mínimo… 

Una vez adjudicado cada juguete, lo envuelven y guardan en una bolsa con el número de su futuro dueño o dueña, que lo recibe el día 4 o 5 de enero de la mano de los pajes de los Reyes Magos en el mismo colegio que ha servido de almacén. 

Maribel, que lleva 10 años ayudando a dibujar una sonrisa en la cara de los más pequeños, reconoce que cuando llega ese día “estás agotada”, pero “es lo más bonito” y hace que todo el esfuerzo merezca la pena.