Paloma Cuevas y Enrique Ponce: la pareja ideal de los 90 que no ha resistido al loco siglo XXI

Mientras los rumores de infidelidad por parte de él crecen, ella ha declarado a 'Hola' sentirse serena.
Enrique Ponce y Paloma Cuevas en un acto con motivo de la Feria de San Isidro en 2014.
Enrique Ponce y Paloma Cuevas en un acto con motivo de la Feria de San Isidro en 2014.

Dice Paloma Cuevas que su fe en Dios, la felicidad de sus dos hijas y el cariño de su familia le dan fuerzas para afrontar la situación. “Es un momento muy difícil”, ha confesado a Hola.

Estas han sido las primeras declaraciones de Cuevas desde que el pasado miércoles la revista Semana anunciase que ella y el torero Enrique Ponce se separaban después de 24 años de idílico matrimonio. A pesar de todo, y como ayer aclaraba su amiga Belén Esteban en Sálvame después de haber hablado con ella, dice estar serena y tranquila.

Los rumores y especulaciones sobre la causa de la ruptura comenzaron a circular minutos después de conocerse la noticia. Todos los medios y cronistas del mundo del corazón apuntan a una tercera persona como detonante. Una joven almeriense de la que Enrique Ponce se ha enamorado y con la que lleva meses compartiendo su tiempo.

Sea lo que sea, lo cierto es que la noticia del fin de este matrimonio fue toda una sorpresa pues, desde que se conocieron en 1992 han sido considerada una pareja perfecta...

Una romántica boda con la flor y nata de la sociedad

La boda de Enrique Ponce y Paloma Cuevas el 25 de octubre de 1996 en la catedral de Valencia, después de cuatro años de noviazgo, fue un acontecimiento social. Él, con tan sólo 25 años, se había convertido en uno de las figuras más importantes del toreo. Ella, con 24, era la elegante y ejemplar hija de uno de los empresarios taurinos más importantes de España.

La boda de Paloma Cuevas y Enrique Ponce en la portada de<i> Hola</i>.
La boda de Paloma Cuevas y Enrique Ponce en la portada de Hola.

Mil invitados fueron testigos de ese romántico enlace al que no faltó la flor y nata de la sociedad española del momento: toreros como Fran Rivera o Espartaco, artistas como Norma Duval o José Manuel Soto, y hasta aristócratas como Eugenia Martínez de Irujo o el príncipe Kubrat de Bulgaria.

A partir de entonces, la joven pareja se convirtió en asidua de todas las fiestas y eventos sociales más importantes, y de las portadas de las revistas del corazón. Cada una de sus apariciones públicas, así como cada una de sus entrevistas, era una tierna demostración de amor entre ambos.

Enrique y Paloma pronto se consolidaron como una modélica y tradicional pareja: atractivos, exitosos, con un importante círculo de amigos, con una vida acomodada, discretos, dos niñas preciosas... Lo tenían todo.

El matrimonio posa para <i>Hola</i> durante unas vacaciones en M&eacute;xico.
El matrimonio posa para Hola durante unas vacaciones en México.

En los últimos años el matrimonio ha ido reduciendo sus apariciones públicas -por voluntad propia o porque los tiempos han cambiado-. Ella ha estado volcada en la educación de sus dos hijas, Paloma y Bianca -de 12 y 8 años- y en el cuidado de sus padres. Él ha vivido entre su casa de la urbanización de La Finca de Madrid y su finca de Jaén. Ha seguido entregado al mundo del toro y a otras actividades empresariales, razones que le llevan a viajar con frecuencia a América.

Casi un cuarto de siglo después de su boda, Enrique y Paloma se separan. Uno de los matrimonios más estables y sólidos ha decidido tomar distancia y la decisión ha pillado por sorpresa. Los motivos sólo ellos los conocen de verdad pero ya lo dice el refrán: “Cuando el río suena, agua lleva”.

Pero la de Ponce y Cuevas no es la única pareja que se creía eterna y que acaba por romper. Aquí, otros ejemplos:

Las parejas eternas también acaban