POLÍTICA
21/05/2019 20:43 CEST | Actualizado 21/05/2019 20:52 CEST

Entre el esperpento y la liturgia, la realidad

EFE

Por España, por la Constitución, por la democracia, por los derechos sociales, por el compromiso republicano, por imperativo legal y hasta por el planeta. Acatar, prometer o jurar el cargo de parlamentario en estos tiempos da para todo eso y mucho más. La XIII Legislatura arranca bronca, pero no más de lo que lo hizo la anterior cuando los protagonistas indiscutibles fueron los diputados de Podemos y sus variopintas fórmulas para cumplir con la Carta Magna también dieron para mofas y abucheos. Lo de la cortesía parlamentaria nunca pasó de merta retórica. Y siempre hay alguien que llega dispuesto a hacer bueno al anterior o a callar lo que antaño criticó con desmesura.

Qué lejos queda ya la indignación que provocó que los de Iglesias colgaran los abrigos en el respaldo del escaño y qué silencio tan revelador el de quienes callan hoy ante la provocación de los de VOX al usurpar el espacio habitual de los socialistas el primer día de Legislatura. “Si nos trollean, yo les trolleo”, ironizó José Zaragoza, el socialista que se hizo fuerte en el escaño, sentado entre Abascal y Espinosa de los Monteros para defender el territorio de los suyos, y acabó en conversación animada con ellos y perplejo por algunos de sus comentarios.

 

“Que se besen, que se besen”, jaleaba el que será portavoz de los del logo verde cuando los socialistas Felipe Sicilia y Arnau Ramírez posaban sonrientes con sendas camisetas del “gaysper” frente a los creadores del famoso fantasma LGTB. La política hoy es tan distinta e irreverente con la liturgia parlamentaria que hasta los socialistas se han olvidado de que ellos mismos sostenían no hace tanto que la calle, y no la Cámara, era el lugar para la protesta y la reivindicación. Al final, la retina acaba por acostumbrarse a todo, también en un Parlamento donde hemos visto y oído de todo y por su orden.

Lo que separa aquella imagen del bebé de Carolina Bescansa y la de los diputados presos llegando al hemiciclo entre los aplausos de los grupos catalanes son casi cuatro años de distancia, un partido de ultraderecha que ha entrado por primera vez en la Cámara y una España que probablemente nada tiene que ver ya con aquella, y no solo porque los de Iglesias se hayan imbuido de institucionalidad y estén a punto de formar parte del próximo Gobierno. En la política de ahora, lo grotesco y lo absurdo sirven como reflejo de una realidad que roza la caricatura y el esperpento.

En la política de ahora, lo grotesco y lo absurdo sirven como reflejo de una realidad que roza la caricatura y el esperpento


Y que Valle-Inclán apareciera en la Carrera de San Jerónimo encarnado en el presidente de la Mesa de Edad, el socialista Agustín Javier Zamarrón, no debió ser casualidad, sino una forma de recordar que lo grotesco de algunas de las imágenes que sus señorías dejaron para la posteridad no es más que eso, una deformación de la realidad proyectada a través de un espejo cóncavo. La hipérbole y la exageración dando como resultado lo triste y lo cómico. Por algo la fusión de la historia y la ficción siempre fueron un elemento clave del esperpento.

En la sesión constitutiva de esta XIII Legislatura se mezclaron lo uno y lo otro: la desorbitada crítica de Albert Rivera por la fórmula con que los diputados presos acataron la Constitución y el abatimiento de los líderes del proces por tener que volver a la celda, tras unas horas de “recreo”; la pena de Casado por haber rebajado el suelo del PP hasta los 66 escaños y la exagerada algarabía de los de VOX por estrenarse en el Parlamento; el pesar de los diputados de Podemos porque Echenique fuera relegado al gallinero ante la ausencia de barreras para la accesibilidad en una institución que ha gastado cientos de millones de euros en reformas y la euforia de los socialistas por ser el primer grupo de la Cámara… Es la condición humana de sus señorías que, como en los personajes de Valle-Inclán, también se mueven en el fino hilo que separa la tragedia y la comedia.


Todo formó parte de la distorsión de una realidad que nos devolverá mañana mismo a una política obligada a enfrentarse a los hechos: a un Parlamento fragmentado donde o el acuerdo y la palabra, y no la confrontación y el pataleo, se abren paso o España seguirá hecha unos zorros. Esto es con la mitad de Cataluña queriendo irse, con los mayores desatendidos, con las pensiones en peligro, con los salarios entre los más bajos de Europa, con los jóvenes sin emanciparse hasta los 30 y con el precio de la vivienda por las nubes.

Al final, la retina acaba por acostumbrarse a todo, también en un Parlamento donde hemos visto y oído de todo y por su orden.

 

El resto forma parte de la liturgia de una democracia, de los usos y costumbres, de la normalidad y hasta de las contradicciones de una democracia que permite que alguien que ha intentado alterar el orden constitucional pueda ser elegido diputado y al día siguiente -o después del domingo 26, no vaya a ser que la decisión beneficie electoralmente a unos u otros- y sin sentencia condenatoria sea suspendido de sus funciones de parlamentario.

Por lo demás, ya que hemos vuelto a Valle-Inclán, “nada será que no haya sido antes” porque “eternidad son todos los instantes que mide el grano que el reloj desgrana”. El que marca el tiempo del nuevo mandato legislativo ya ha echado a andar y, más allá de episodios ocurrentes, selfies o gestos exagerados, arranca con un PP disminuido, con VOX tomando el relevo del “gamberrismo”, con Cs marcando territorio en la oposición, con un Podemos moderado y contenido en los gestos y con Pedro Sánchez, con perdón, de “puto amo” del campo de juego. Sólo había que mirar su cara de displicencia ante según que gestos de Rivera para saber lo que ronda por su cabeza. Arrancamos…

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