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27/12/2020 08:50 CET | Actualizado 27/12/2020 08:50 CET

Pandemia: gestión pésima

Lo humano, no el chanchulleo político, hubiera sido aprobar una ley que devolviera al Gobierno las transferencias sanitarias.

PABLO BLAZQUEZ via Getty Images
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso. 

Aplaudo la iniciativa de Isabel Díaz Ayuso, la creación de un hospital dedicado en exclusiva a las pandemias. Los malo es que no se lo hayan copiado en el resto de las comunidades autónomas (CCAA). Sin embargo, el manejo de la covid de la presidenta ha sido una calamidad. Resultó absurdo el confinamiento por zonas. La distancia de la capitalina calle Alcalá desde la plaza de toros de las Ventas hasta la plaza antiguamente denominada Ciudad Lineal es de 2,5 kilómetros, una distancia mínima. A la derecha de la calle se estaba confinado y a la izquierda no. Con cruzar de acera, lo normal, cualquiera se contagiaba. Excéntrica y bochornosa la punga del PP y del PSOE en Madrid. Medida política más que sanitaria el pretérito estado de alarma decretado solo para Madrid. Produce repugnancia que nuestras formaciones endogámicas, mientras sufren y fallecen miles de personas, en vez de llegar a un acuerdo nacional con el que minar la pandemia, se dediquen a las patrañas, el ruido y la pugna. Y todo por un maldito puñado de votos. Menos politiqueo y mayor servicio público.

Las CCAA reportan números falsos de fenecidos a causa de la covid, debido a las papeletas electorales que perderían con los verídicos. El dato real, el del INE; llevamos 50.000 muertos por la pandemia. El Gobierno no lo ha desdicho. Ya explicaba Unamuno que la aquiescencia es afirmación. Todos mienten en el carrusel de la incompetencia, el PP, el que siempre lo ha hecho, y el PSOE, el que ha empezado a hacerlo con Sánchez.

El único que se libra de la quema es Ciudadanos, un partido capaz de conjuntar frente al PP al electorado del centro reformista. El problema es que Arrimadas no ha dado con la clave. Y la tiene a tiro. A lo mejor sería bueno que empezará a realizar pedagogía sobre las leyes que aprobaron los gobiernos del PP. En vez de ser reformistas nos robaron parte de nuestras libertades colectivas e individuales.

Los socialistas nos declaramos feministas y defendemos el derecho a la vida, lo que no choca con la decisión de la mujer sobre la interrupción del embarazo, un derecho fundamental. En la actual coyuntura había que priorizar un principio sobre el otro. Al comienzo de la pandemia, durante la manifestación de la celebración de las mujeres, contabilizábamos 365 casos del virus. Fue una indecencia del Gobierno Sánchez permitirla. Aumentaron geométricamente las infecciones, hasta que la cosa se desmandó mientras el presidente no actuaba, atemorizado por los independentistas y hermanado con los podemitas. Aquí, la cuestión de fondo, entonces y ahora, se basa en quién lidera la extrema izquierda, Sánchez o Iglesias.

Lo humano, no el chanchulleo político, hubiera sido aprobar una ley que devolviera al Gobierno las transferencias sanitarias

Al cabo, Sánchez entró en razón y decretó un largo estado de alarma, la única buena acción que ha emprendido respecto a la pandemia. El resto de la gestión ha sido y es pésima, a lo que ha ayudado el PP intolerante de Casado. Ejemplo de intolerancia: La ley Celaá hace aguas por demasiados boquetes y nos aleja de la justicia social. Pese a ello, al ser ley una ley orgánica, es de obligado cumplimiento por las CCAA. Casado, al utilizar las CCAA para dinamitarla, demuestra el mismo talante antidemocrático que Sánchez e Iglesias. No me trago su cara de ángel putín.

Casado faltó a la verdad cuando declaró que las medidas con las que atajar la pandemia les correspondían al Gobierno, mencionando que había que aplicar la ley de salud pública de 1986, la que dio cobertura sanitaria universal con la tutela de Felipe González. Casado, tras leerse la ley, mintió a conciencia, con luz y taquígrafos. La ley dicta que la aplicación de las medidas sanitarias las realizan las CCAA y la dirección del Gobierno (no bajo la dirección del Gobierno). En 1986 cabría la interpretación del articulado y se podría haber hecho cargo la dirección del Gobierno. Pero a día de hoy es imposible. En la época de ZP las CCAA, las del PP también, crearon nuevos estatutos, y las competencias sanitarias fueron finiquitadas en la centralidad y transferidas a las CCAA.

Pareciera que la solución pasaba por la cogobernanza, lo que se ha implementado. Ha sido y es, inmersos en la tercera ola, un autentico desastre impulsado por Sánchez/Iglesias. En las CCAA, las normas cambian cada semana, confundiendo a la ciudadanía. Los ingresos hospitalarios, pese a los estados de alarma territoriales, han repuntado considerablemente. Lo contagios y los fallecidos se multiplican. Y más pasadas las Navidades.

Sánchez/Iglesias tenían la solución al alcance. Lo humano, no el chanchulleo político, hubiera sido aprobar una ley que devolviera al Gobierno las transferencias sanitarias necesarias para que el Gobierno dirigiera en solitario la batalla contra la covid. Con la suma de los votos del PNV, Ciudadanos y pocos partidos más, salvo los independentistas, se hubiera conseguido. El pago al PNV hubiera sido alto aunque imprescindible, y Ciudadanos hubiera concedido el voto gratis. Casado hubiera votado en contra, pensando antes en su partido que en España, su hábito.

Le importó más su poltrona y la de su amiguete del alma Iglesias que la dignidad de los españoles

Sánchez rechazó aprobar la mencionada ley (seguro que se le ocurrió), lo que habría salvado miles de vidas. En su cabeza y en la de Iglesias estaba el cambalache con los independentistas exacerbados, que les hubieran reprendido. Sánchez no realizó a propósito la ejecutoria de la ley planteada. Le importó más su poltrona y la de su amiguete del alma Iglesias que la dignidad de los españoles. Afirmaba Napoleón que un ejército que no cuida de sus enfermos es un mal ejercito. Un Gobierno que no cuida de sus enfermos es un Gobierno infumable. 

De transparencia, además requerida por el órgano gubernamental correspondiente, nada de nada. No sabemos aún los nombres de los expertos ni qué diantres hacen.

Sánchez, Redondo, su mano derecha, e Iglesias carecen de una idea sobre lo que es España. Así gobiernan, inmersos en una partida de mus inacabable donde se dedican a los órdagos continuos, signo de mal jugador de mus. Y los muertos siguen cayendo. Todavía se espera que las banderas de los edificios públicos estén a media asta, el mínimo homenaje a los fallecidos de la pandemia. A Sánchez/Iglesias ni siquiera les interesa el merecido homenaje a nuestros compatriotas.

Un partido socialdemócrata, el que forjaremos de continuar el PSOE enrumbado hacia la nada, desde el primer minuto hubiese homenajeado a las víctimas.