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27/04/2019 11:24 CEST | Actualizado 27/04/2019 11:24 CEST

¿Para qué sirven los sentimientos nacionalistas?

Albert Gea / Reuters

Como decía Juan Diego Martín en el espectáculo Cómico Bueno Cómico Muerto:

“Los franceses son gilipollas, no, no son gilipollas, son... gilipollas gilipollas. Es que nos tratan como… nos tratan como… como si fuéramos portugueses”.

Y así es la hegemonía impuesta por los nacionalismos y las fronteras. Igual que para los franceses España no es más que una parte gris entre dos mares al sur del mapa de Francia, nosotros hemos sido inculcados con la idea de que Portugal es algo que no tiene ciudades, como en cualquier mapa geográfico del colegio, ni clima, como en cualquier noticiario.

Pero Internet no entiende de nacionalismos, Google Maps te enseña las ciudades más allá de Badajoz aunque no quieras. Internet se convierte en un reto a esa hegemonía y a la legislación. La tecnología de la red va más rápido que cualquier intento de legislación nacionalista.

Pero no sólo Internet, el libre mercado ya está globalizado y los problemas más importantes a los que nos enfrentamos, como el cambio climático, dejan en ridículo a cualquier idea como “America first” o el “Take back control” del Brexit.

Por eso, a estas alturas, no puedo entender los movimientos nacionalistas. Da igual si se es de derechas o de izquierdas. Mucha gente dice que la derecha se ha apropiado del sentimiento patriótico y desde la izquierda hay gente que lo reivindica.

Hemos avanzado en un mundo en el que cada vez estamos más unidos. Las ficciones en las que todos creemos cada vez son más amplias. Como bien explica Yuval Noah Harari en sus libros, antes de las primeras civilizaciones sólo creíamos en nuestra familia o en nuestro pueblo y eso nos enfrentaba a los pueblos de alrededor. Poco a poco se fueron creando relatos más amplios para asumir problemas más complicados. Se hacía sentir a gente que no se conocía entre sí como parte de una gran familia que se llamaba nación para poder afrontar guerras más grandes contra “enemigos” poderosos. Ahora y desde la Segunda Guerra Mundial, hemos creado instituciones, todavía muy mejorables, que nos intentan unir a todos. Las nuevas creencias ateístas o que ponen al ser humano en el centro han logrado parar, por ahora, una guerra atómica que parecía inevitable. 

A estas alturas, no puedo entender los movimientos nacionalistas. Da igual si se es de derechas o de izquierdas.

La Unión Europea se suele medir en términos económicos, pero nunca se mide la paz que ha creado entre países que durante muchos siglos peleaban en incesables guerras.

En el mundo, las Naciones Unidas y su Declaración de los Derechos Humanos han ayudado a que los países se escuchen. Eso no implica que se entiendan, pero por lo menos va en la dirección adecuada.

Para afrontar esta nueva globalidad y hacer del mundo un lugar más justo los esfuerzos tienen que ir en reforzar esas ficciones supranacionales.

¿De qué sirve alentar un sentimiento de que tu nación tiene algo de especial cuando todas las naciones pueden perecer de una misma manera ante una catástrofe ecológica o nuclear?

¿De qué sirve meter miedo con que hay grupos de personas que se están beneficiando de lo que tiene tu tierra o de tu esfuerzo cuando la Inteligencia Artificial está probada a acabar con un grandísimo porcentaje de puestos de trabajo en todo el mundo? Pongo un ejemplo: si en los países occidentales proteccionistas decidieran legislar para limitar la cantidad de automatización con Inteligencia Artificial de los puestos de trabajo, las empresas acabarían automatizando esos puestos de trabajo en otros países sin legislación en ese campo, provocando paro en ambos países. Internet y la economía ya son globales, por mucho que la política siga siendo nacional. No puede haber soluciones unilaterales y mononacionalistas a problemas tan complejos. 

Cualquier paso atrás para dividir en lugar de unir es un esfuerzo gastado en una dirección que no ayuda a los grandes retos que nos asaltan.

¿Merece la pena seguir fomentando las ficciones nacionalistas ante problemas que por su concepción influyen en todo el planeta? No sólo en los humanos, sino en los demás animales y en la Tierra en su conjunto.

Y ya sé que hay muchísimas cosas que mejorar en esas instituciones internacionales. Pero precisamente por ello, cualquier paso atrás para dividir en lugar de unir es un esfuerzo gastado en una dirección que no ayuda a los grandes retos que nos asaltan. El Brexit, los movimientos nacionalistas al alza por toda Europa y sus homólogos internacionales no ayudan a solucionar ninguno de estos problemas y, queramos o no, ya están aquí.

 

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