Pasarán años hasta que se conozcan las cifras reales de víctimas y daños por la guerra

Debido a la guerra de la información que se está librando de forma paralela a la guerra armamentística, las cifras seguirán siendo tremendamente divergentes según la fuente que se consulte.
Varias parsonas caminan entre los escombros de un centro médico bombardeado en Ucrania.
Varias parsonas caminan entre los escombros de un centro médico bombardeado en Ucrania.
Associated Press

Rusia lleva más de tres semanas invadiendo Ucrania y son muchas las ciudades que ha atacado y bombardeado. El miércoles, un teatro de la ciudad de Mariupol que albergaba a más de mil personas fue destruido por un bombardeo. Todavía no se sabe con certeza si hubo víctimas mortales.

A día de hoy, sigue siendo imposible establecer el número real de civiles y militares, ucranianos y rusos, que han muerto desde el inicio de la guerra el 24 de febrero. Y es probable que pasen años desde el final de la guerra hasta que se conozca el número real de víctimas mortales, según asegura una experta en derecho internacional humanitario que ha querido permanecer en el anonimato y Marie Struthers, directora regional de Amnistía Internacional en Europa del Este.

Las cifras son armas arrojadizas

Al menos 691 civiles, entre ellos unos 50 niños, han muerto en Ucrania, y más de 1.140 han resultado heridos (entre ellos 62 niños), según el último balance de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), pero subraya que sus cifras probablemente sean muy inferiores a las reales. “Alrededor de 1300” soldados ucranianos han muerto desde que comenzó la invasión rusa el 24 de febrero, dijo el sábado 12 el presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Ucrania asegura que el ejército ruso ha perdido “unos 12.000 hombres”. Moscú anunció el 2 de marzo un balance de víctimas de 498 soldados muertos. Por su parte, el Pentágono dio una estimación de 2000 a 4000 muertos rusos en los primeros 14 días. Según altos funcionarios de Occidente, la cifra de soldados rusos abatidos ya supera los 7000.

Estas cifras solo van a aumentar a medida que se prolongue el conflicto, pero seguirán siendo tremendamente divergentes según la fuente que se consulte. Esto se debe a la guerra de la información que se está librando de forma paralela a la guerra armamentística. Porque las cifras son un arma: pueden, por ejemplo, minar la moral del enemigo si sus bajas son elevadas o, a la inversa, insuflar moral a las tropas propias. También es una táctica para tranquilizar a la población civil, señala Marie Struther, de Amnistía Internacional.

Además, “para los ucranianos, es una forma de restablecer la verdad: como Rusia niega estar en guerra, ellos están allí para demostrar que sí hay guerra, con todas las muertes que conlleva”, explica Isabelle Davion, historiadora y profesora de la Universidad de la Sorbona, al diario La Croix. El hecho de que Rusia publique un balance es bastante novedoso y sin duda tiene que ver con los ataúdes que están siendo repatriados.

Bomberos ucranianos apagan un incendio en los escombros de un edificio bombardeado por el ejército ruso.
Bomberos ucranianos apagan un incendio en los escombros de un edificio bombardeado por el ejército ruso.
STRINGER . VIA REUTERS

“Para eso están las entidades jurisdiccionales: para investigar lo que está ocurriendo en Ucrania y establecer la cifra real de pérdidas humanas”, explica otra fuente, experta en derecho internacional humanitario. Entre ellas se encuentran la Corte Penal Internacional y el Alto Comisionado de la ONU.

“El acceso a una información objetiva y fiable ha sido una de las primeras víctimas del conflicto. En esta guerra de la información que vivimos, debemos tener mucho cuidado con lo que leemos, vemos y oímos”, advierte Marie Struthers.

La dificultad de investigar durante un conflicto armado

Dada la situación y los constantes bombardeos, es normal que las autoridades ucranianas tengan dificultades para proporcionar información precisa y actualizada sobre el número de víctimas. Incluso para las organizaciones y los observadores sobre el terreno, sigue siendo muy difícil establecer un número real de víctimas humanas.

Para hacerlo es necesario poder desplazarse, pero el conflicto no cesa y los ataques impiden cualquier movimiento. “El número de muertos aumenta día a día y no es posible hacer un balance cuando el conflicto armado no ha terminado”, afirma la experta en derecho internacional humanitario. Tampoco se sabe cuántas personas han huido, se han desplazado a otra ciudad o han desaparecido. Sin corredores humanitarios fiables, los civiles no pueden huir y los trabajadores humanitarios no pueden regresar para analizar la situación e informar.

Y aunque el servicio humanitario pudiera trabajar sobre el terreno sin poner en peligro su vida, ¿cómo se determina el número de personas que han fallecido en el interior de un edificio bombardeado con cientos de personas dentro? ¿Cómo se puede identificar a las víctimas en esas fosas comunes? Esta es la compleja misión de investigación que tienen por delante los tribunales y las organizaciones y asociaciones como Cruz Roja, Amnistía Internacional y sus médicos forenses. “La misión es encontrar a los familiares, buscar a los desaparecidos, identificar los cuerpos (a veces solo mediante objetos personales) y repatriar los restos. Y todo ese proceso, obviamente, lleva mucho tiempo”, explica la informante anónima.

Lo mismo ocurre con Amnistía Internacional. Marie Struthers explica que hay equipos especializados en la autentificación de fotos y vídeos. También hay especialistas militares investigando para contrastar la información con la mayor precisión posible. Eso mismo están haciendo los equipos de Naciones Unidas.

Pasarán años hasta que se conozca el alcance real de la guerra

Pese a todos los esfuerzos, “pasarán meses y meses” o incluso años tras el final del conflicto hasta que obtengamos una imagen precisa de los daños y el coste humano de la guerra, asegura Struthers. Por un lado, las zonas en las que se realizarán las investigaciones estarán minadas, literalmente. De hecho, durante el conflicto, se lanzarán bombas que no explotarán al caer. También habrán colocado minas que hará falta desactivar. Y, sobre todo, aún habrá bombas de racimo del ejército ruso esparcidas por el terreno.

Estas últimas, prohibidas por la Convención de Oslo —que Rusia y Ucrania no ratificaron—, son bombas grandes rellenas de bombas más pequeñas. Mientras caen, las bombas pequeñas se dispersan en un área equivalente a dos campos de fútbol. Alrededor del 25% de estas no explotan en el momento del impacto y permanecen activas, según explica la experta en derecho internacional humanitario. “Asegurar el suelo ucraniano, investigar, identificar a las víctimas, reunir a las familias... Todo esto llevará años”, afirma.

La Corte Penal Internacional ya ha comenzado a centralizar su información y a investigar a Rusia por “posibles crímenes de guerra”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido del francés por Daniel Templeman Sauco.

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