Paula, la española que acabó becada por el Gobierno chino para estudiar una ingeniería en China

Esta joven granadina estaba navegando en Twitter cuando vio un mensaje que puso su vida de al revés.
Paula Rodríguez de Viguri, como presentadora de una ceremonia de su universidad.
Paula Rodríguez de Viguri, como presentadora de una ceremonia de su universidad.
Paula Rodríguez de Viguri

Era una noche del 2018 y Paula Rodríguez de Viguri se encontraba navegando en Twitter como cualquier otra, pero ese día una de las publicaciones que aparecieron en su pantalla le llamó la atención: el Gobierno chino ofertaba una beca para estudiar una carrera universitaria en el país asiático. En ese momento, esta joven granadina no sabía que cuatro años más tarde ese rato en la red social le iba a cambiar la vida.

Rodríguez de Viguri, que estaba estudiando ingeniería industrial en Sevilla, solicitó la beca sin decirle nada a su familia y pensando que iba a poder estudiar en inglés. Lo hizo por probar, pero sin confiar en que se le iban a conceder. Sin embargo, escasos meses después, estaba haciendo las maletas para cambiar a sus 19 años su Baza (Granada) natal por Pekín para comenzar a sacarse ingeniería informática en chino.

“Había ido un año a chino de pequeña y uno de mis sueños era estudiarlo y hablarlo fluido. Por eso cuando vi la beca me pareció muy buena idea”, afirma ahora Rodríguez de Viguri, que a sus 23 años está terminando el tercer curso de la carrera.

Además, como vio que para lograr la beca primero había que sacarse un curso para certificar el nivel de chino, ella pensó en ir, progresar en el idioma y volver a España: “Me dijeron que la beca te paga la matrícula, el seguro médico, mi vida ahí, pero que había que pasar los exámenes, así que mi idea era ir un año a aprender chino con todo pagado, suspender y volverme. No quería hacer la carrera ahí ni nada”.

Paula, izquierda, con sus dos mejores amigas (de Kazajistán y Mongolia) en un centro comercial de Pekín.
Paula, izquierda, con sus dos mejores amigas (de Kazajistán y Mongolia) en un centro comercial de Pekín.
Paula Rodríguez de Viguri.

Por ello, reconoce que se fue sin mucho miedo y con la aprobación de sus padres. “Estaban asustados pero siempre me apoyaron. Como les dije que iba a ser un año, se quedaron más tranquilos. Si les llego a decir que son cinco años igual les da más miedo”, afirma.

Sin embargo, su adaptación a la cultura china fue rápida. Aunque le costó al principio, solo tardó un año en aprobar el curso de chino y sacarse el nivel. “Como casi no se habla inglés ahí, tuve que soltarme y aprender rápido”, explica Rodríguez de Viguri, que se define como una persona “muy trabajadora y aventurera”.

También le llamó la atención la mentalidad del resto de becados que comenzaron el curso con ella. “La mayoría de la gente que pide esta beca procede de países con menos recursos económicos, sobre todo de África y Asia. Ver la ilusión que ellos tenían de poder acceder a ese tipo de educación y de graduarse ahí, me ayudó a convencerme de quedarme en China”, comenta.

“Conocerlos a ellos y a mis compañeros me ha ayudado a ver otro tipo de cultura, ver que los valores no son una cosa fija y que eso es una cosa inculcada. Vivir con gente que es tan diferente a ti me ha hecho plantearme otras cosas y conocerme más”, relata Rodríguez de Viguri sobre sus aprendizajes en China. “La Paula de ahora es muy diferente a la Paula de antes de ir”, sentencia.

La pandemia trastocó todos sus planes

Paula volvió a España en enero del 2020, cuando se encontraba en primero de carrera, durante las tres semanas de vacaciones que tenía. Lo hizo cuando la pandemia empezaba a estallar en el país asiático, aunque ella no era consciente. “Cuando me vine para esas tres semanas lo hice sin usar una mascarilla. No me lo podía imaginar”.

Pero todo se torció. El coronavirus comenzó a extenderse, traspasar fronteras y cerrar países, incluido China. Desde entonces, está haciendo la carrera por internet y a distancia, aunque incluso así sigue aprobando todo. “Los profesores hacen el esfuerzo de darme clases online, pasarme los apuntes, etc”, explica.

“Este cuatrimestre hago una media de tres o cuatro horas de clase al día. La diferencia horaria hace que algunas sean a las 2 de la madrugada, a las 4, etc. A algunas me levanto y otras las grabo para verlas después porque a veces es difícil hacerlo en directo”, describe sobre su el desarrollo de sus clases.

Los apuntes de Paula, estudiando desde España.
Los apuntes de Paula, estudiando desde España.
Paula Rodríguez de Viguri

A esas horas de universidad, tiene que sumar las que necesita extra para preparar el temario, las clases extraescolares que hace en el Instituto Confucio para mantener el nivel de chino y el tiempo que dedica a leer, escuchar la radio o ver programas en chino.

“Hago todo en chino, así que no creo que llegue a olvidárseme ni mucho menos”, afirma.

Rodríguez de Viguri espera que en un futuro China permita la vuelta de estudiantes extranjeros para poder graduarse ahí en directo y no desde aquí: “Tengo ganas de terminarla ahí. Casi no he podido disfrutar de la vida universitaria y sí me gustaría”.

Incluso ya ha barajado la posibilidad de comenzar a trabajar ahí. Señala que es fácil encontrar empleo una vez terminada la carrera y que eso le permitiría coger experiencia hasta que se le homologa el título en España, aunque destaca que todo depende de si puede volver al país o no.

“Sí que me gustaría tener esa experiencia de trabajar en China, pero como no puedo volver lo más probable es que trabaje aquí”, indica.

Se gradúe desde España o en China y consiga o no esta oportunidad laboral, lo que tiene claro es que aquella remota noche en Twitter le cambió la vida de manera radical.

La tarjeta de la universidad china de Paula.
La tarjeta de la universidad china de Paula.
Paula Rodríguez de Viguri

Biblioteca Tianjin Binhai, en China