POLÍTICA
26/11/2019 21:14 CET

ERC, de pedir el acuerdo entre Sánchez e Iglesias a condicionarlo

Los independentistas buscan una negociación entre el Gobierno de España y la Generalitat. Si no lo consigue, dirá 'no' al PSOE.

Emilio Naranjo / Efe
Los diputados y senadores de ERC tras presentar las credenciales en el Congreso

El futuro del posible Gobierno de Pedro Sánchez depende de un número que da yuyu: 13. Son los diputados de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que decidirán si arrancan o no el nuevo Ejecutivo de coalición. Los republicanos han pasado de pedir el acuerdo entre el líder socialista y Pablo Iglesias en julio a condicionarlo antes de sentarse a negociar.

Los 12+1 han presentado este martes en el Congreso las condiciones de la formación independentista para que Sánchez e Iglesias puedan gobernar juntos tras la pérdida de votos y diputados que, tanto el PSOE como Unidas Podemos, sufrieron el 10-N

El problema es que la cerradura está atascada por las exigencias de ERC de poner encima de la mesa la autodeterminación de Cataluña. Algo imposible no solo porque, según Naciones Unidas, la Generalitat no se puede acoger a ese derecho, sino porque el preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos delimita a la Constitución el campo para resolver el conflicto. Y la Ley Fundamental tampoco lo contempla.

La evolución de los acontecimientos preocupa en algunos miembros de Ferraz. Especialmente lo que ocurra cuando Sánchez supere su hipotética investidura. Estar “agradecido” a ERC supone estar sujeto a su “imprevisibilidad”, reflexionan a El HuffPost fuentes del PSOE con asiento en el Comité Federal del partido. Y más cuando en el horizonte se vislumbran comicios en Cataluña. “La ‘e’ del PSOE es de ’español”, inciden en el entorno de un presidente autonómico socialista, que añaden: “Sánchez no puede olvidar que el Gobierno que forme es socialdemócrata en lo territorial”.

El trabajo de los socialistas estos días se centra en desbloquear el candado para que que quede abierto de forma definitiva el día de la investidura y haya Ejecutivo “antes de Navidad”, el anhelo que ha expresado la ministra de Hacienda en funciones María Jesús Montero. Algo que su homólogo en Interior, Fernando Grande-Marlaska, ve factible “si las peticiones que plantea ERC tienen encaje constitucional”.

El portavoz de los republicanos en la Cámara Baja, Gabriel Rufián, y su colega socialista, Adriana Lastra, hablan a diario para engrasar el cerrojo. Ambos se reunirán este jueves a las 17.00 horas para negociar el apoyo independentista al primer Gobierno de coalición desde la II República.

ERC llegará a esa cita con el respaldo abrumador de la militancia (94,6%) a la estrategia de la dirección: rechazar a Sánchez si los socialistas no activan una mesa de negociación entre el Gobierno y la Generalitat —“entre iguales”, ha recalcado Rufián—, para resolver el “conflicto político en Cataluña”. El secretario de organización socialista, José Luis Ábalos, ya ha sugerido que ese requisito no va a ser un problema: “El Gobierno nacional puede interactuar con otro Gobierno autonómico”.

Los socialistas, a través de su alma catalana —el PSC—, que ha vuelto a proponer el reconocimiento de Cataluña como nación, han saludado el resultado de la consulta de ERC. “Es bueno que sus bases hayan apostado por el diálogo, porque nosotros somos los únicos que apostamos por él”, ha comentado la presidenta del Congreso, Meritxell Batet.

Un plan en dos fases

Rufián condiciona el sí de su grupo a que se cumpla el plan que su partido ha diseñado en dos fases. La primera, antes de la investidura, se centra en conseguir de los socialistas un compromiso para establecer un calendario que marque las reuniones de esa mesa de negociación; la segunda fase se abrirá después de la investidura. En caso de que la negociadora del PSOE Adriana Lastra no haga esa concesión, el voto será ‘no’.

En las conversaciones entre los independentistas y el PSOE para abrir la puerta de la investidura también se está involucrando el mayor interesado: Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo en funciones se ha cruzado “pequeños mensajes” con el vicepresidente del Govern y coordinador nacional de ERC, Pere Aragonès, según ha desvelado el dirigente catalán.

Aragonés, no obstante, ha reprochado públicamente la “irresponsabilidad” de Sánchez de ignorar al líder de la Generalitat, Quim Torra, con quien ha cortado relación desde los disturbios que asediaron Cataluña en respuesta a la sentencia del procés. “No es normal que el presidente del Gobierno de España no tenga el teléfono del presidente de la Generalitat”, se ha quejado. 

Hasta Rufián, que ha perdido el favor del ala más dura del independentismo, ha echado un capote a Torra a pesar de que ERC pelea con los postconvergentes para hacerse con la hegemonía política en Cataluña: “A mí no me gustan muchas cosas de Pedro Sánchez, pero le reconozco como presidente del Gobierno”, ha dicho en referencia a la ausencia de diálogo al máximo nivel entre Madrid y Barcelona.

El papel de ERC en la Cámara Baja

Los republicanos catalanes nacieron como partido el mismo año que la II República, en 1931. Y lo hicieron con un objetivo que mantienen 88 años y una dictadura después: “La unidad territorial y la independencia de la nación catalana”, tal y como recogen los estatutos del partido.

Los republicanos, que hasta el giro independentista en Cataluña no han tenido apenas representación en el Congreso, persiguen “una sociedad más justa y solidaria, sin desigualdades entre personas y territorios”. Se autoproclaman “una izquierda no dogmática que tiene como referente la defensa de los derechos humanos, de los pueblos y del medioambiente”.

La raíz de izquierda que comparten ERC y Unidas Podemos, que ha cedido el protagonismo de las conversaciones a los socialistas, hace que ambas formaciones hayan votado lo mismo en más del 67% de las iniciativas que se han llevado a pleno durante 2018, según EPdata. “Siempre han sido muy críticos con el PP, pero hacían la guerra por su cuenta”, cuenta a El HuffPost el catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Vallespín.

Partidos con los que ERC vota ás frecuentemente en la misma dirección

Jaque republicano al Rey

El independentismo catalán que abandera ERC no quiere al rey. Felipe VI es de facto persona non grata en Cataluña, aunque la burguesía catalana le sigue recibiendo con aplausos. Y así se lo han hecho saber cada vez que se ha dejado ver en alguna de las provincias catalanas. El Tribunal Constitucional dio la razón al Gobierno de Sánchez, que emprendió una batalla judicial en octubre de 2018 contra el Parlament catalán por reprobar al Rey en una resolución que el tribunal dejó sin efecto.

Este martes, aun así, la Cámara autonómica ha aprobado con los votos de JxCat, ERC y la CUP (68) aquella resolución que suspendió parcialmente el Constitucional por la referencia al derecho a la autodeterminación y a la reprobación a la monarquía. Ambas alusiones se han vuelto a recuperar a través de enmiendas como respuesta conjunta del independentismo a la sentencia del 1-O.

Cartel con el mensaje 'Regresa a casa' sobre la imagen de Felipe VI

A pesar de la beligerancia del independentismo con la Monarquía parlamentaria, Felipe VI no se debe preocupar si ERC facilita la investidura de Sánchez y apoya al Gobierno de coalición de izquierda. Así lo cree el politólogo de la Universidad Carlos III de Madrid Pablo Simón. “ERC ya fue socia del expresidente Zapatero y una República requiere una reforma constitucional”, cuenta el académico.

El embrollo catalán es el astro sobre el que gira la política española. El Congreso reanuda su actividad el próximo martes, día en el que se constituirán las Cortes. Y todo sigue en el aire, incluso unas terceras elecciones que, según algunos medios, comienzan a vislumbrarse cada vez con mayor intensidad en Moncloa.

A la derecha ya le gotea el colmillo. “Lo que debe responder el presidente del Gobierno es: ¿Va a aceptar el órdago de ERC para una reunión de igual a igual, como si la Generalitat fuera el Gobierno de Francia o Alemania?”, ha preguntado el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Montesinos.

A mayor acercamiento, más intensidad en las críticas de la oposición. Todo un clásico.

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