INTERNACIONAL
05/05/2019 09:03 CEST

Pete Buttigieg o cómo convertirse en el primer presidente gay de EEUU

Cuando uno hace una primera búsqueda en Google con el nombre de “Pete Buttigieg” los resultados que se le sugieren son bastante significativos: husband (marido), languajes e idiomas. Sí, Buttigieg es gay. Y sí, es políglota. La suma de ambos factores, junto a su edad -37 años- hacen de él un candidato que supera con éxito el difícil reto de destacar sobre los otros 20 demócratas que aspiran a pelearle la presidencia de EEUU a Donald Trump. Por superar, hasta supera al que con más fuerza sonaba como estrella emergente en el partido: Beto O’rourke.

A estas alturas del juego, el actual alcalde de South Bend, una ciudad de 100.000 habitantes en el conservador Estado de Indiana, ha jugado tan bien sus cartas, que se habla de sus posibilidades equiparándole a las de otros pesos pesados: Bernie Sanders o el exvicepresidente Joe Biden. En un país en el que la ola reformista está de moda, inundando sus instituciones de “primeras veces”, él también quiere formar parte de ello y convertirse en el presidente más joven de EEUU. Síntoma del buen momento por el que pasa es que puede presumir de contar entre la lista de sus donantes con personalidades de la talla de Caroline Kennedy, estrellas de Hollywood como Ryan Reynolds o Mandy Moore o tan mediáticas como Chaz Bono, el hijo transexual de Cher y activista LGTBI.

Y ojo porque en lo que a popularidad se refiere su gran oponente está en casa: su marido es tan natural como él y no deja de sumar seguidores (tiene más de 300.000 sólo en Twitter). “Si mi marido se convierte en presidente de Estados Unidos, yo seré el primer hombre que escoge la porcelana de la Casa Blanca”, afirmó a The Washington Post. Ahora los dos pueden presumir de haber sido portada de la prestigiosa revista Time:

El reportaje en esta publicación le ha servido para internacionalizar su candidatura, para dar a conocer a los estadounidenses y el resto del mundo su perfil, muy acorde con el sueño americano de hombre hecho a sí mismo. Sí, como presumía Donald Trump, pero en su caso no en el campo de los negocios, sino en el de la política y respetándose, por encima de todo, a sí mismo. Porque Buttigieg comenzó con una fallida campaña para ser tesorero del estado de Indiana en 2010. Siguió peleando para hacerse más tarde con la victoria en las elecciones locales. Su historia no acaba ahí: a mitad de mandato tuvo que irse seis meses a Afganistán para servir con la Marina estadounidense.

Como él mismo expone en el reportaje, de cara a su segundo mandato y consicente de que siguen existiendo políticas discriminatorias para la comunidad LGBT, decidió dar el paso y declararse públicamente gay en el periódico de su ciudad en 2015, año en el que además de ser reelegido con un 80% de los votos conoció al que a día de hoy es su marido, Chasten Glezman, en la aplicación de citas Hinge.

A Buttigieg le gusta presumir de que no tiene nada que esconder. De hecho, cuenta todo sobre él en su libro, que podría califcarse de mememorias, Shortest Way Home. De hecho describe con detalle aquel día en el que se decidió a publicar en el periódico local su condición sexual: “Ser gay no tiene nada que ver con mi capacidad para tomar decisiones importantes, manejar un fusil en el ejército o liderar un pleno del ayuntamiento”, escribió entonces. Pese a lo valiente de su decisión, relata que la noche antes de que apareciera su artículo casi no pudo dormir bien. La gente reaccionó como se espera de toda sociedad: salvo casos aislados, respetándole. E incluso más allá del respeto, creyendo en él: ganó las siguientes elecciones por mayoría absoluta.

Ser gay no tiene nada que ver con mi capacidad para tomar decisiones importantes, manejar un fusil en el ejército o liderar un pleno del ayuntamiento

En esas líneas habla también de la que para muchos es, sin duda, una de las mayores paradojas de su persona: es homosexual, pero al mismo tiempo es profundamente cristiano. Buttigieg es episcopaliano, rama del anglicanismo: “Tenemos que recuperar el cristianismo para la izquierda”, asegura en su libro. En él no pasa por alto su condición sexual y cómo es ser alcalde gay en un estado como Indiana, gobernado hasta hace poco por el actual vicepresidente, Mike Pence, en el que la ley permite despedir a las personas por su orientación sexual o no existe agravante para los crímenes de odio. “Llegará el día en el que los políticos no deban hacer una declaración pública sobre su homosexualidad y a nadie le importe. Ese día aún no ha llegado, por lo menos no en Indiana”, escribe.

De momento, a él le queda por pelear. Aunque su ascenso es imparable, las encuestas siguen dándole un mayor respaldo a Joe Biden, que  lidera con amplia ventaja con un 39% de apoyo, según una encuesta de la cadena CNN divulgada apenas unos días después del inicio de campaña del exvicepresidente de Barack obama. Biden, de 76 años, se ubica lejos del segundo en carrera por la nominación, el senador por el estado de Vermont y ubicado más a la izquierda en el partido, Bernie Sanders, a quien respalda el 15% de los demócratas y los que profesan esa inclinación, según esta encuesta realizada entre el 25 y el 28 de abril por el Instituto SSRS.

Así que a Buttigieg aún le queda camino por recorrer, pero ya ha dejado claro que gustarle, le gustan los retos. Continuará…

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