Por qué 2021 es el año más negro del cine español y cómo revertirlo

Las claves, según los cineastas, de las malas recaudaciones en taquilla de las que se han salvado 'Maixabel', 'Operación Camarón' o 'A todo tren. Destino Asturias'.
Luis Tosar y Blanca Portillo en 'Maixabel'.
Kowalski Films, Feel good Media, ETB, Movistar+ y TVE
Luis Tosar y Blanca Portillo en 'Maixabel'.

Malos tiempos para el cine español. La taquilla de las producciones nacionales se ha hundido en 2021: no alcanzará los 40 millones de recaudación al cerrar el año, según los datos del Ministerio de Cultura y Deporte. Un mínimo histórico, dado que es la cifra más baja del siglo XXI, aún peor que la de 2020 (con 43 millones), que estuvo marcado por la pandemia y el confinamiento.

Apenas unas pocas películas han logrado despuntar, especialmente las que han contado con el apoyo económico de grupos como Mediaset o Atresmedia. Es el caso de Way Down (Jaume Balagueró), Operación Camarón (Carlos Therón) o, una vez más, una cinta firmada por Santiago Segura, el director más taquillero del año, como A todo tren. Destino Asturias.

'Operación Camarón'.
Mediaset
'Operación Camarón'.

El buen patrón de Fernando León de Aranoa —que ha batido el récord de nominaciones en los Goya 2022—, Maixabel, de Icíar Bollaín, y Madres Paralelas, de Pedro Almodóvar, han sido las grandes alegrías que se alejan del cine comercial y han dado algo de impulso económico. Las tres acaparan las candidaturas a los premios de la Academia y a los Feroz.

“Las películas de Santiago Segura y, en general, las de los grupos televisivos, que suelen ser comedias o thrillers, siempre han hecho grandes cifras en taquilla”, explica a El HuffPost Icíar Bollaín. Para la directora, esa ‘anécdota’ no es una novedad, aunque lo que le ha resultado “más raro” a la vez que “fantástico” es que “Maixabel también haya llegado a tanta gente con un tema así”: “La película habla de ETA, pero desde un lugar que no conocíamos tanto, y eso ha despertado mucho interés y emoción”.

El juego de las cadenas de televisión

Precisamente el papel de los grupos televisivos en la producción es uno de los problemas, según Rubén Guindo, director de cine y del reconocido cortometraje Cómplices. “Desde que las cadenas de televisión se han hecho con el control de las grandes producciones, se ha empezado a crear una decadencia en el sector, a la vista está con los títulos que han triunfado”, opina.

Algo que se evidencia con la publicidad y el “bombardeo que se ha hecho en las televisiones. Ha llegado incluso a ser incómodo el avasallamiento publicitario. En cambio, hay películas que se han hecho de las cuales la gente no conoce nada, ni su existencia, como Ama o Chavalas”, subraya. Lo cierto es que el pasado verano, la promoción que Mediaset hizo de Operación Camarón, incluyendo menciones en los partidos de la Eurocopa, fue tachada como “la técnica del martillo”. Hasta el periodista Manu Carreño bromeó con ello al recoger en noviembre el premio Ondas por la cobertura del torneo.

Está demostrado que las películas comerciales y “más banales”, en palabras del director, son las que más llegan al público. “Que las televisiones tengan el control audiovisual no es bueno para el cine”, declara, aunque hay que recordar que están obligadas a invertir en producción. “Sí, ¿pero en qué cine? No me gusta criticar el trabajo de los demás, pero igual se deberían cuidar ciertos parámetros de calidad. Son películas de mero entretenimiento”, subraya.

En esa idea de que “hay magníficas películas que descuidan la promoción” coincide Juan Manuel Cotelo, director de Tengamos la fiesta en paz, una comedia musical que, a pesar de contar solo con 121 copias en circulación, debutó a principios de diciembre colándose en el Top 10 de lo más visto.

“Se conforman con estrenar en muchas salas, pero no invierten en campañas creativas de comunicación. Nadie atrae a los espectadores por un golpe de suerte, sino por realizar cada trabajo de guión, producción, promoción y distribución con la mayor exigencia posible”, añade.

De hecho, aclara que el éxito de cualquier largometraje depende de tres factores: la historia que se cuenta, para la que cada productora debe empezar a trabajar “con valentía, porque sin ese ingrediente básico de creatividad desde el origen, no hay película que triunfe, aunque la llenes de rostros famosos o inviertas grandes sumas de dinero en la campaña”; la calidad artística y técnica de la producción, ya que “no bastan las buenas ideas, los espectadores demandan una calidad cada vez más alta”, y la campaña de promoción, “que afecta a la creatividad del tráiler, del cartel, al modo de tratar a la prensa, a la fecha de lanzamiento o a las redes sociales”.

'Way Down'.
Mediaset
'Way Down'.

El desinterés de los jóvenes

Otro de los grandes hándicaps que ha empujado a la taquilla española a estos números negros es la desconexión de la juventud con la Cultura, algo que se palpa en los institutos cuando Rubén Guindo acude a ellos para proyectar cortometrajes. “Cuesta mucho llevar a los jóvenes a una sala de cine. Cuando yo tenía 16 años, la costumbre era ir el fin de semana con los amigos al cine, eso ya no existe. Ha cambiado mucho la manera de consumir audiovisual, se ha llevado todo a un consumo muy individualista. Muchos jóvenes ven algo en Netflix y lo comentan por WhatsApp, y ya no tienen ese ocio más humano de ir acompañado a las salas”, relata.

Además, apunta que hace unas semanas se celebró en San Sebastián de los Reyes (Madrid) una muestra de Cine y Derechos Humanos en la que se preestrenaron de manera gratuita “películas increíbles que pueden arrasar en los Goya”, y “la media de edad era de 60 años”.

Esa es una de las quejas que manifestó Fernando Riera, responsable de producción de A Contracorriente Films, en este medio. Respecto al público joven, indicó que “se está generando una demanda en un target que, en el caso de que se gaste el dinero del bono cultural anunciado por el Gobierno en cine, verá las producciones de las majors, las que llegan con la fuerza de toda la vida y están concebidas para la explotación de un mercado global”.

Cómo atraerlos

Por su parte, Icíar Bollaín no tiene nada claro cómo se podría atraer a los jóvenes a las salas, aunque aporta alguna idea que funcionó en el pasado. “Es algo que está pasando en toda Europa, no solo en España. Hay cosas con las que los cines no pueden competir, como el precio, si se compara con lo que cuesta el abono en las plataformas”, aclara la cineasta, aunque “tampoco las plataformas pueden competir con la fuerza de ver una película en una pantalla grande y en compañía”. Por eso cree que “quizás haya que volver a las pantallas más pequeñas, como fueron en su momento los cineclubs, para que los jóvenes elijan lo que quieren ver y redescubran la magia de la sala oscura, como se ha recuperado el microteatro de sala más pequeña o los conciertos más reducidos”.

Icíar Bollaín en el Festival de Cine de San Sebastián.
Juan Naharro Gimenez via Getty Images
Icíar Bollaín en el Festival de Cine de San Sebastián.

Con la intención de captar su atención, la de los jóvenes, el equipo de Tengamos la fiesta en paz se ha “autoimpuesto tres reglas exigentes” que hasta el momento les “han funcionado muy bien”. “Prohibido aburrir, prohibido repetir o copiar lo que alguien hizo antes y, finalmente, dirigirse a todos los públicos, sin clasificaciones artificiales que excluyan a una sola persona como potencial espectadora”, explica Juan Manuel Cotelo.

La fórmula les ha dado resultado. “Tengamos la fiesta en paz está desde el primer día entre las 10 películas más vistas de la cartelera, compitiendo con otras cuyos presupuestos son veinte veces superiores”, detalla. Han logrado producirla gracias a miles de personas que se sumaron a una campaña de crowdfunding.

El daño de la pandemia

Tampoco hay que olvidar que en 2021 siguen existiendo las restricciones sanitarias por la pandemia, que han sido especialmente severas los primeros meses del año. La directora de Maixabel destaca que “la tendencia a la baja en las salas afecta a todas las películas, y que la pandemia ha reforzado algo que ya venía ocurriendo. Las taquillas no son las mismas para nadie que hace unos años”.

A ello se suma la voz de Cotelo, que apoya que en este contexto “no es extraño que el número de espectadores haya disminuido a nivel mundial”. Sin embargo, no cree que pueda estudiarse la relación del público con el cine sin tener en cuenta el consumo en plataformas. “El consumo de películas ha crecido de forma asombrosa durante la pandemia a través de ellas. Ese dato es realmente positivo, también para el cine español. Además, todos los años nos vamos a encontrar con taquillazos españoles en sala junto a propuestas que no han convencido a los espectadores, que aprueban o desaprueban cada película, una a una, no en función de su procedencia geográfica”, sentencia.

La falta de apoyo al cortometraje y el cierre de salas

Tampoco ayuda, según Rubén Guindo, que los cortometrajes no entren en el circuito: “Tenemos que acabar con eso. El único corto que se ha estrenado en cines en los últimos años ha sido el de Almodóvar (La voz humana), y ojalá hubiese supuesto un impulso para el resto de proyectos. Estamos condenados a los festivales pequeños, y es una pena porque sería un gran impulso que el cortometraje entrara en salas. Buscar un corto de calidad que fuera un poco con la temática de una película y proyectarlo antes”.

A fecha de 2019, en los últimos 15 años han desaparecido 37.000 salas en todo el mundo y solo en Estados Unidos el 40% del tráfico de Internet se utiliza para ver Netflix. Como detalla Michael Haneke (Funny Games) en el documental Endless Cinema de Lucía Tello, las salas, más allá de los estrenos de grandes taquillazos como los de Marvel, se han quedado reservadas para “frikis del cine”, porque la escuela audiovisual de los ciudadanos, en general, ha sido la tele. “Se han acostumbrado a lo fácil y no hay educación estética”, subraya el director de Amor.

Soluciones

“Es un hecho objetivo que hay menos espectadores, pero también una alarma sanitaria. Hay que pedir paciencia, aunque no siempre se pueda tener por los problemas económicos”, ha insistido a Europa Press Mariela Besuievski, productora de Tornasol, al conocerse los datos de 2021.

¿Posibles soluciones o empujones? Para Bollaín, explorar fórmulas como los cineclubs, para redescubrir esa magia de la sala oscura de la que hablaba; para Guindo, bajar los precios del cine, que los medios de comunicación den más cobertura a las películas más pequeñas y educar a los jóvenes para establecer un vínculo mucho más fuerte con la Cultura.

Cotelo es más descriptivo: “Aún queda mucha Navidad por delante y la competencia por ocupar las salas es muy grande. Cada día nos jugamos el 100%”.

El viaje a ninguna parte (1986)

Películas con Goya