POLÍTICA
03/10/2019 07:51 CEST

Por qué el Brexit afecta a tu bolsillo y también a tu voto

Si no hay divorcio blando, las consecuencias económicas pueden ser notables para España. Toca ponerse al lado del europeísmo y tener planes para torear lo que viene

Getty / El HuffPost
Urna electoral con las banderas de Reino Unido y la Unión Europea.

“Somos, amigos y amigas, la garantía de estabilidad ante retos urgentes que tenemos por delante como un Brexit sin acuerdo”. Palabra de Pedro Sánchez, pero no en una rueda de prensa en Bruselas o durante una intervención en el Consejo Europeo. Una frase pronunciada en la misma presentación este lunes del lema de precampaña para el 10-N: “Ahora Gobierno, ahora España”.

El Brexit parece un tema allende los Pirineos, un monumental lío con las caras de Theresa May o Boris Johnson. Pero si no hay acuerdo y se va a una ruptura dura, las consecuencias serán muy negras también para España. Y el tema ya ha sido incorporado en los discursos electorales, especialmente del PSOE y del PP. Es imposible abstraerse de un debate especialmente candente en estas horas, cuando Londres ha presentado un texto alternativo que ahora estudia Bruselas, sin cerrar la puerta pero sin mucho entusiasmo. 

Nada en esta vida en política es casual. Este mensaje se introduce en una precampaña de repetición electoral, tras cuatro elecciones en cuatro años. Y los dos principales partidos van a basar su estrategia en presentarse como los únicos garantes de la estabilidad tras la imposibilidad de acuerdos con Ciudadanos y Unidas Podemos. Una campaña que arrancará precisamente la noche del 31 de octubre -el día que el Brexit se hará realidad.

La campaña en España arrancará la noche en la que el Brexit se hará realidad

Se busca volver al bipartidismo imperfecto. La palabra de moda es “estabilidad” y en el PSOE y en el PP esperan que los ciudadanos respondan ante el bloqueo político con un voto a favor de los grandes partidos para desencallar la situación. Es decir, que viendo situaciones como la del Brexit, se quiera una cosa contraria para España y un Gobierno fuerte sin complicaciones ni riesgos.

El presidente del Gobierno se presenta como ese garante durante estos días, apelando al sufragio de la mayoría cautelosa -como dicen sus gurús en Moncloa-. Y se ofrece como ese seguro ante tres factores de este otoño: Brexit, los indicios preocupantes de la economía y la situación que se va a vivir en Cataluña especialmente por la publicación de la sentencia del 1-O.

El impacto del Brexit duro en España: 9.800 millones

La preocupación es real por ese Brexit duro en el Gobierno, que lleva meses estudiándolo y cuantificándolo. El propio Sánchez recordaba este martes en una entrevista en la Cadena SER que en los informes del Banco de España se señala que el impacto de un salida dura del Reino Unido sería del 0,8% en nuestro PIB en cinco años (en torno a 9.800 millones de euros). Y más datos: las exportaciones caerían un 2,6% y las importaciones un 1,78%.

Eso dejará tocada nuestra industria textil, al sector automovilístico y agroalimentario, porque, por ejemplo, los británicos nos compran cerca de 4.000 millones de euros en aceite, fruta y vino. En uno de los sectores donde más se notaría es en el del turismo, ya que sólo el año pasado los visitantes británicos dejaron en España más de 18.000 millones de euros.

Los 200.000 españoles que viven ahora mismo en Reino Unido también se verían afectados, pero esta crisis no preocupa únicamente a los españoles, sino también a los británicos que viven en nuestro país, que doblan esa cifra. Con el Brexit dirán adiós a la libre circulación por Europa y necesitarán un visado o pasaporte para venir a nuestro país. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntan a que podría producirse un colapso financiero y la libra quedaría superada por el euro y el dólar, lo que supondría la restricción de salarios. Por fuerza, se notará en cómo viven en nuestro país, en lo que gastan y en lo que invierten, y el Gobierno que salga de las urnas tendrá que afrontarlo, también.  

Asimismo, el socialismo también está remarcando cada vez que habla del Brexit su espíritu europeísta, con lo que busca diferenciarse de otras opciones políticas. La comunicación con Bruselas fue siempre vital para Sánchez desde la moción de censura y se siente muy orgulloso de que Josep Borrell haya sido designado Alto Representante de la UE.

Un dique de contención

La estrategia de Sánchez mirando a Europa es similar a la que han empleado en las elecciones europeas las mayores formaciones de gigantes como Alemania o Francia. El auge de la ultraderecha, que rechaza profundamente más unión entre los socios, que propugna la independencia de las decisiones de los estados y que, incluso, ha cuajado en nuevas propuestas de “exit” (los ultras de Alternativa para Alemania quieren que su país deje el club comunitario, un Dexit), provocó que se levantara un dique de contención contra estas ideas, demasiado proteccionistas, con demasiados ecos de Johnson (salvando las distancias). 

La extrema derecha subió en el Parlamento Europeo, como era esperado, pero ni por asomo con la fuerza anticipada ni con posibilidad de obligar a la aprobación de leyes, de tumbar propuestas. Sin poder de decisión. Tanto la canciller alemana Angela Merkel (conservadora) como el presidente francés Emmanuel Macron (liberal) asumen, como el mandatario español, que el de la unidad y el europeísmo son los estandartes correctos en este siglo. 

En las elecciones más recientes, las del pasado domingo en Austria, el Partido Popular local basó parte de su discurso en el miedo a que los ultras -con los que acababa de romper coalición- apostasen por irse de un grupo “que garantiza el futuro justo de los ciudadanos”, en palabras del canciller, Sebastian Kurz. Europa, que hace cinco años era apenas una pata de demonio de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional), también se ha colado en la campaña de Portugal, que vota este domingo. El Brexit, reconocen las principales fuerzas, sólo resta poder a la unión, y es una idea “rechazable”, dice el presidente Antonio Costa. 

“Cuando la Eurocámara llamó al voto en mayo con el lema “Elige tu futuro” se refería en gran parte a esto, a situaciones como la del Brexit. En los próximos cinco años, la cuestión de cómo acomodar al Reino Unido, dentro y fuera de Europa, va a ocupar mucho tiempo para los líderes de la Comisión Europea y, al final, la CE somos todos los estados. Es normal que el tema entre en campaña”, reconoce el analista belga Matthias Poelmans.

“La incertidumbre es mucha por el desgaste que genera, por las dudas y porque aviva los fantasmas de los no europeístas. No creo que eso pase en España, donde la ultraderecha no es muy fuerte y donde la izquierda es marcadamente pro-Europa. El debate urgente en España va a ser el de la gestión de este problema”, añade. “Si hace cuatro años nadie pensaba en la UE en unas elecciones nacionales, ahora todos vemos el elefante en la habitación. Reino Unido nos lo ha puesto delante, cuando parecía impensable”, constata.

De qué hablamos cuando hablamos de Brexit duro

Pero ¿qué es el Brexit duro y por qué debe generarte tanta inquietud, hasta el punto de afectar a tu voto? Pues es el divorcio del Reino Unido respecto de la UE sin acuerdo, a las bravas, por las malas. La dimitida primera ministra Theresa May pactó un acuerdo con Bruselas, el llamado Brexit blando, pero por más que intentó aprobarlo en el Parlamento, el texto fue tumbado una vez tras otra. Hasta en tres ocasiones. 

A diferencia de May, a su sucesor, Boris Johnson -que, carisma aparte, se ha hecho con el poder precisamente subido a la ola pro-Brexit- no deja de repetir que le da igual irse sin un acuerdo-marco con Europa, dando un portazo. “Reino Unido abandonará la Unión Europea este 31 de octubre, con acuerdo o sin él”, repite, insistente. Esa es la fecha clave: ese día acaba la última prórroga concedida por la Comisión Europea (la ruptura debería haberse consumado el 29 de marzo) y Johnson no se despeina afirmando que se va, como sea, ese día. 

Según el acuerdo para un Brexit ordenado que suscribieron la UE y May, a partir del 31 de octubre el país entraría en un periodo de transición de 21 meses. Este colchón temporal serviría para darle oxígeno a las partes, para ajustarse y negociar los términos de la separación. En la práctica, la relación entre Bruselas y Londres no debería alterarse demasiado en ese tiempo. 

El punto de la polémica, sin embargo, es la “salvaguarda” para evitar la instalación de una frontera física en Irlanda, con Irlanda del Norte. Irlanda, una república independiente que forma parte de la UE, e Irlanda del Norte, el territorio que junto a Escocia, Gales e Inglaterra conforma Reino Unido, tendrían que atrasar el reloj de la historia, instalar de nuevo una frontera con controles y aduanas, lo que además de anacrónico iría contra unos tratados de paz de hace más de dos décadas. 

Este miércoles, Johnson ha planteado una salida intermedia: quiere que Irlanda del Norte cumpla con parte de las normas del mercado único comunitario tras el Brexit, pero que abandone la unión aduanera comunitaria, lo que a priori permitiría a la región participar en futuros acuerdos comerciales que firme el Reino Unido con terceros países. Bruselas está analizando la idea. Ve positivo que al menos plantee una solución, aunque sea con evidentes “problemas”, en palabras de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Si Johnson dice que se va y se va, sin red, su país dejaría la UE de un día para otro. El 1 de noviembre estaría fuera del Mercado Único y de la Unión Aduanera, dos de los principales instrumentos de política comercial del bloque, y las dos partes se tendrían que relacionar según las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El Brexit duro también significa la salida inmediata de Londres de la órbita de varias instituciones como la Corte Europea de Justicia y la Europol.

Además, terminaría la afiliación a docenas de cuerpos gubernamentales que regulan gran parte de los asuntos generales, como las medicinas o las marcas registradas. Hay informes profesionales que avisan del desabastecimiento en el país si se llega a un Brexit por las malas, pero el Gobierno se niega a aportar cifras oficiales, sabedor de la alarma ciudadana que pueden generar.